Cerro Cuadrado

Escrita por: Úrsula Piña

Era una mañana fresca y nublada en Monterrey cuando salimos poco después de las 7 de la mañana del punto de reunión con dirección a García para subir el cuadrado. No sabía con certeza a dónde nos dirigimos y me sorprendió cuando casi una hora después nos encontrábamos pasando las grutas de García para estacionarnos cerca de dónde se iba a comenzar el ascenso.

Grupo en la cumbre, por David Salas

Éramos 14 los que comenzamos a subir a eso de las 9 de la mañana las faldas de la Sierra del Fraile, al inicio no había mucha pendiente y caminamos por una zona rodeada por matorrales altos o árboles que me recordaron a los Mezquites de mi natal Querétaro, conforme comenzamos a subir más el paisaje comenzó a cambiar, los matorrales se mostraron cada vez más cortos dejando apreciar la vista desde la altura y después de subir un rato llegamos a una zona más nivelada que me llamó mucho la atención por unas pequeñas flores blancas que cubrían todo el suelo y parecía te daban la bienvenida a una zona boscosa que parecía salir de la nada, hicimos la primera parada ahí, desde donde se alcanzaba a apreciar un campamento cercano que iba despertando.

Continuamos hasta llegar a un mirador, donde encontramos un pequeño campamento que había pasado ahí la noche. Desde esa zona se podía ver el cuadrado y otras cumbres, el clima era perfecto, fresco y despejado; varios nos emocionamos tomando fotos, iniciando con un “¿Me tomas una foto?” que se convirtió en algo poco diferenciable de una sesión fotográfica, finalmente, muchas fotos después proseguimos el recorrido. Esta fue una de mis partes favoritas, donde cruzamos por un bosque que si no mal recuerdo me dijeron era de encino, entré un poco en pánico porque a ratos el terreno comenzaba a bajar, y eso de bajar en una subida no deja una buena expectativa para el retorno. Después del bosque llegamos a algo que describiría como un cruce rocoso entre montañas con muchas cactáceas, debo admitir que ahí me fui bastante lento por miedo a resbalar y caer de cara en una de estas plantas espinosas, por suerte todo salió bien y llegamos a una zona donde nos encontramos ante un mar de nubes que avanzaba de manera lenta pero segura hacia nosotros, y muy a lo lejos se podía apreciar el cerro de la silla apenas logrando sobresalir de entre este océano blanco.

Para este momento ya nos encontrábamos cerca de la cumbre, subimos una zona de mayor inclinación donde a ratos me vi en la necesidad de usar las manos para apoyarme y finalmente llegar al cuadrado, ahí nos sentamos a comer en el angosto espacio que ofrecía la cumbre, apreciando el paisaje que se extendía ante nosotros, vimos como las nubes avanzaron hasta cubrir el camino por el que habíamos cruzado y me señalaron otras cumbres que teníamos ante nosotros, una de ellas el “Everest”, aún era temprano, aproximadamente las 12:30 am así que se planteó la idea de subir el Everest antes de regresar, sonaba emocionante hacer dos cumbre en un día así que de entrada acepté, nos tomamos fotos y video con el dron en la cima para comenzar el descenso del cuadrado.

Conforme bajaba comencé a replantearme la subida del Everest, no íbamos todos y los que iban a la cabeza iban bastante rápido para mi gusto así que preferí parar a esperar al resto del grupo y bajar con ellos desandando el camino original. La bajada fue diferente a la subida, cruzamos las nubes que habíamos visto desde la cima y en la parada donde de ida nos topamos con el campamento nos desviamos ligeramente para ver la zona donde antes se solían hacer los campamentos, la cual hoy día es un cementerio de árboles, infestado por bonitos durazneros de flores color rosa que al parecer son una plaga.

Esto nos retrasó un poco a los tres que fuimos a checar el campamento, incluso nos alcanzaron los que decidieron subir al Everest, que al final decidieron no hacerlo, finalmente bajamos de regreso al punto de reunión donde dejamos las camionetas, y nos movimos hasta la entrada de las ”Grutas de García” donde aprovechamos las vendimias locales para comer esquites y tacos antes de finalmente regresar a Monterrey. Esta es mi segunda salida con Trepacerros, siento que las condiciones fueron perfectas y soy consciente de que no siempre las cosas van a salir tan bien, pero sean las condiciones que sean encuentro algo especial y único que no había encontrado en ninguna otra actividad, una conexión con uno mismo, con la naturaleza y con los compañeros con los que se comparte la aventura, así que de aquí me quedo con ganas aprender más sobre montañismo y realizar cada vez más subidas, de todo tipo de paisajes y grados de complejidad.

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