Potrero Abrego

POTRERO DE ABREGO

Escrita por : Andrea Monroy

Fotografías: Leonardo Zamora

Llegamos a Potrero de Abrego con el amanecer, preparando nuestros tantos litros de agua listos para comenzar a subir un camino desconocido. El primer segmento de la caminata fue exploratorio, reconocer la vegetación con una inclinación baja pasando por dos cabañas, una posiblemente habitada y una fantasmagórica.

El paisaje no intenta convencerte de su majestuosidad, su magnificencia es natural. El segundo segmento demandó mi cuerpo con una elevación mediana, pidió todos los músculos de mis piernas sintiéndolos en llamas. Las hojarascas te permitían subir con suavidad, requiriendo de constancia. Comienza la elevación pronunciada dónde la mente comienza a jugar un papel importante, tu cuerpo ya no esta tan convencido de la idea de seguir subiendo ¿por qué subir si desde aquí también se ve bonito? ¿venga ya te duelen las piernas? ¿para qué quieres subir?

Dos de mis compañeros se estaban atrasando y yo junto con ellos, solo quedaba convencerme mentalmente de que esto si era posible. Es cuando caí en cuenta, si mis piernas ya no quieren subir yo sé que mis brazos todavía tienen fuerza de voluntad encontrando dos palos que funcionaron como mi forma de “escalar” la montaña, ya que soy más escaladora que trepacerros.

Llego el tan deseado descanso ¡gracias! recuperar fuerzas, consumir carbohidratos, así como electrolitos para seguir. La zona semi-desértica fue la que continuaba, el sol sobre de ti, así como la vegetación con espinas, dónde la habilidad más importante es la resistencia al dolor, los agaves (maguey) te rodearán, necesitas tener una mente que te permita seguir adelante a pesar del dolor y el sangrado.

Estas viendo la meta, necesitas fuerza de voluntad ¡venga si se puede! ¡un poquito más! Escucho al guía Fu gritando de emoción de que ha llegado ¡ya casi! ¡CUMBRE! Después de comer, filosofar y descansar en la cima. Comenzamos a bajar ¡fácil! Claro que eso fue lo que yo pensé. Encontrar el camino de regreso fue complicado ¿por dónde nos vinimos?

Resbaladillas mortales, comienzan los juegos del hambre. Lo que había sido una subida de constancia, se vuelve una bajada peligrosa. Como todo principiante caí más de lo que puedo recordar, sin embargo aquí la sensación es diferente. Cuando caes en escalada siempre sabes que tienes un arnés, una protección, pero en la montaña caes al vacío y no hay vuelta atrás. Con el miedo habitándome fui bajando. Me concentré tanto en como ponía los pies, en la dirección hacia dónde iba mi centro de gravedad, en las rocas que caían, que me olvidé de lo que estaba enfrente de mi siendo sorprendida por algunas ramas perdiendo el equilibrio y casi cayendo al infinito, siendo esto evitado por uno de mis compañeros (las ventajas de bajar en grupo). Reagrupándonos en un claro, descansamos para continuar con una dificultad nueva: caídas rocosas, aquí es donde deje un pedacito de mi en la montaña.

Al final del día sentados todos juntos cenando y conversando nuestras experiencias llegué a la conclusión de que disfruté de esta experiencia, caminar 22.4 km subiendo más de 3,000 m fue dónde conocí nuevos aspectos de mi persona que jamás pensé descubrir, así como estar en una comunidad en dónde siempre me sentí aceptada ¡gracias trepacerros me la pasé increíble!

 

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