Pico Horcones

Escrita por Fernando Aragón del Castillo

Domingo 17 de marzo de 2019

Casi al llegar al oxxo que ponemos como punto de partida, me di cuenta que esta vez no había gente con mochilas afuera. Pensé que tal vez por el frío estarían adentro de los coches. Cuando me estacioné y me empecé a acercar a pie, empecé a dudar si tal vez un día antes había comenzado algún nuevo horario del que yo no me diera cuenta y ya se habían ido todos, pero no. Empezaron a llegar uno por uno y se iban identificando por la mochila, el calzado y la ropa de montaña. Después de esperar unos minutos por un “incidente”, comprar las provisiones que faltaban y organizar los carros, salimos en tres vehículos hacia la Huasteca.

En el camino nos dimos cuenta que la avenida constitución estaba cerrada, no me enteré por que evento la habían desviado, pero fuimos avanzando por calles pequeñas hasta llegar a un punto donde la circulación de la avenida se reanudaba. En el camino pensamos que tal vez haría calor, porque el sol se empezaba a asomar con intenciones de quedarse. Llegamos al parque sin problema y estacionamos los coches justo enfrente de la zona conocida como “La Extremita” o “La Extrema”, en donde también está la pared que usamos para la práctica de rappel del sábado pasado. Estaba haciendo más frío que en la ciudad por lo que nuestra idea del camino que tal vez haría calor, se descartó.

Comenzamos a preparar el equipo, ajustar zapatos, ponernos bloqueador y acomodar las mochilas. Recordándonos de la vegetación de la zona, Fu sacó unas polainas de su cajuela, y me quedé pensando que se veían muy delgadas como para aguantar espinas y que solo protegerían de las rozaduras de los cactus, pero cuando me dijo que estaban hechas de “kevlar” (poliamida que usan para confeccionar entre otras cosas chalecos antibalas) me convencí de que definitivamente si le servirían.

Salimos de la zona donde estacionamos los coches y cruzamos la calle. Nos encontramos por el punto donde comienza la ruta, el “árbol de la llanta” que tiene una vieja llanta de bicicleta colgada en lo alto de una de sus ramas. La vereda se aprecia a simple vista, pero a pesar de ello hay infinidad de marcas colocadas de varios colores y tipos, listones, placas de plástico con nombres de clubes, puntos de pintura de spray sobre las piedras, hasta pedazos de tela como señales. Aunque me pareció que la vereda que seguimos en realidad es la única, si alguien quiere seguir alguna de las señales le recomendaría seguir marcas de pintura de spray color azul, pues son las más constantes hasta llegar a la cumbre.

El camino es una buena inclinación hasta casi llegar a la altura de la cueva que se puede observar desde abajo. Sobrevolando la cueva pudimos ver varios zopilotes que seguramente se estaban dando un festín. Fu nos hizo la aclaración que ésos eran zopilotes comunes, que se diferencian de los Aura por la coloración de sus alas, su cabeza y su tamaño. Seguimos el camino y al dar la vuelta a la derecha, por donde continúa la vereda, dejamos de ver la cueva, con esto también termina la inclinación tan pronunciada y comenzamos a caminar en una especie de valle de donde también se ven grupos de montañas muy bonitas, éste camino está más despejado y sin tanta vegetación a la vista.

Conforme íbamos avanzando nos encontramos con un grupo de cabras sin cencerro que estaban pastando por ahí, también nos encontramos con un grupo de 3 mujeres que venían bajado despacio por la vereda. Llegamos a una pequeña peña en la que hay que realizar una especie de escalada. Son aproximadamente 10 o 12 metros de escalones muy definidos en su mayoría para los que hay que dar pasos largos. Para subir nos turnamos en grupos compactos de 3 personas, evitando así que caigan muchas piedras a los que vas dejando atrás. Hay un voladero muy padre a la izquierda por lo que hay que tener mucho cuidado al subir y de preferencia inclinarse hacia el lado derecho. Pasando esta pared, hay un pequeño camino de tierra que te lleva hacia la cumbre. Hicimos cumbre aproximadamente una hora y media después de haber comenzado.

Al estar en la cumbre nos encontramos con 5 personas del grupo “Nómadas”, y otro joven más que al parecer venía solo. Diez minutos después llegaron 3 compañeros más de “Trepacerros” con 3 perritos: Loki, Ares y Zeus. Nos dimos cuenta de la cantidad de pequeñas “Quintas” con alberca que a decir de los que estaban ahí, se rentan para eventos (¿pool party de trepas o qué?), y se escuchaba a la perfección la música de lo que al parecer era un rave, que a decir del ritmo, no tenía hora para finalizar. La cumbre es un lugar espectacular desde el que se pueden ver dos de las grandes formaciones que se ven desde la ciudad de Monterrey, Chipinque y Mitras. También se ven varios cañones y picos que identificamos por medio de WikiFu, y por supuesto más partes de la Huasteca. Estar en este punto te da la impresión de estar en una isla rodeado de un mar de montañas. Pudimos observar que las cabras que vimos en el camino son visitantes asiduas de la cumbre, por la cantidad de excremento de cabra que hay en el lugar. Firmamos la libreta de la cruz y tomamos las fotos de rigor. Me causó mucha confusión que se sentía menos viento en la cumbre que un poco antes de llegar, y por lo tanto menos sensación de frío.

Empezamos a bajar por la pared vertical, y nos dimos cuenta que también estaba subiendo una pareja con un perrito Shetland (se llamaba Tachi), terminaron de subir y los que habíamos quedado arriba comenzamos a bajar, aquí también es importante turnarse porque las piedras que caen pueden lastimar a quien va más abajo. Al terminar de bajar la pared, el camino es muy fácil, y al no haber mucha vegetación, tampoco hay mucho peligro, pero cuando comienza de nuevo la bajada inclinada (que se empieza a ver otra vez la cueva) es mejor ponerse los guantes (gruesos, pueden ser de carnaza o los “mechanix” que también son muy buenos) pues cualquier caída o rama que te encuentres a tu paso, seguramente tendrá espinas hay abundantes agaves y cactus. Es recomendable también no usar los bastones, pues te van deteniendo y poniendo un poco más peligrosa la bajada.

En un punto de la bajada, encontramos un chorreadero de piedras a un lado de la vereda y decidimos bajar por ahí. Fu nos recordó la técnica del “patinaje” para éste tipo de caminos de piedras sueltas y quienes bajamos por ahí lo pudimos hacer rápido y sin mucho esfuerzo, es bastante divertido. Aquí una de las recomendaciones más importantes es, mover los pies, no pisar piedras grandes que se vean flojas y conservar el centro de gravedad hacia atrás. Unos metros más adelante, el chorreadero se complica y se convierte en bajadas verticales, por lo que decidimos regresar a la vereda. Otros compañeros que nos siguieron por aquí no se dieron cuenta que habíamos regresado a la vereda y continuaron un poco más hasta que los caminos se volvieron a cruzar. Seguimos bajando y en unos pocos minutos ya estábamos en el “árbol de la llanta una vez más.

Llegamos a los vehículos y como era muy temprano comenzamos a deliberar si íbamos a otro punto o dábamos por terminada la sesión. Al final decidimos ir hacia la arista del pico Mortero. Después de 10 minutos de descanso aproximadamente comenzamos de nuevo a caminar. Algunos de los compañeros prefirieron terminar ahí pues tenían visitas y compromisos familiares.

Comenzamos a caminar en dirección al Este, sobre un pequeño brazo del río Santa Catarina que se formó cuando pasó el Huracán Alex. Aproximadamente a 20 minutos de caminar desde donde iniciamos, se alcanzan a ver unos postes que al parecer son de electricidad y ahí comienza el camino. Es una vereda un poco borrada, con mucha vegetación desértica, biznagas, agaves, nopales, y demás plantas espinosas, que te hacían apreciar cada vez más la utilidad de unas buenas polainas como las de Fu.

Llegamos a una antena 20 minutos después de haber comenzado el camino. Desde aquí empezamos a caminar un poco más lento porque la vegetación espinosa aumentaba. Es muy recomendable caminar lo más cercano a la arista para evitar toparte con este tipo de plantas, también abundan las plantas conocidas como “Mala Mujer” que provocan ardor y comezón si las tocas. En el camino también pudimos observar rocas manchadas por liquen amarillo (Pleopsidium Flavium) Y 10 minutos más encontramos un buen punto para tomar las fotografías. La vista es también muy buena, asomarte por la pared de la arista te hace tener esa sensación como si fueras a caer aunque en realidad estés bien posicionado, definitivamente no apta para quienes tienen vértigo.

Después de un rato ahí decidimos bajar, para lo que se aprecian los guantes más que en cualquier otro momento del camino. Después de la antena se facilita la bajada y se puede incluso correr hasta llegar al río. De vuelta ahí caminamos otra vez a los carros en donde ya había mucha gente conviviendo, escalando y tomando fotos.

Esta salida nos dio oportunidad de conocer dos puntos de la Huasteca, que a pesar de estar muy cerca, son muy diferentes. En poco tiempo y con mediano esfuerzo, valió mucho la pena poder tener este contacto con el parque rocoso. Quedan las reflexiones de la contaminación que se ve en el lugar y lo bien que le haría a la montaña que todos los visitantes conocieran los 7 puntos de “Leave no trace”. Al final, bien merecidos tuvimos los Antojitos Garza, sin duda no podía dejar de incluirlo en la reseña.

¡EEEEEEOOOOOO!
Fernando Aragón del Castillo

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