Reflexiones

Escrita por: Marco Lince
Fotos: Leonardo Zamora

Es lunes por la mañana en un día normal de trabajo, y me siento como si hubiera regresado de un buen viaje, pero en realidad fue domingo de salida al Cañon de las Reflexiones con Trepacerros, para mi las salidas de trepas tienen un efecto similar a un viaje.

Ya tengo 3 semestres o menos como 4, pero nunca había ido a un cañón por el vértigo que me daba hacer rapel, pensaba que con subir las montañas era suficiente, y pues que el rapel no era para mi. Pero este semestre no me quise quedar con las ganas.

Como cada domingo nos juntamos a las 7 am en el punto de reunión 26 trepas y Mila (la perra de Moy). Se repartieron los equipos y nos dirigimos a Garcia. Después de un corto trayecto, llegamos al lugar donde se estacionaron los carros. Comenzamos el trayecto en una zona plana pero con buenas vistas a la sierra Madre (cañón de Casa Blanca), más adelante comenzó una buena pendiente y llegamos al “paso del caballero”, una parte donde se hizo una vereda entre la pared del cerro por lo que hay un acantilado profundo, en el cual me hubiera gustado quedarme sentado un buen rato por la vista, después nos fuimos acercando al río seco que le da corriente al cañón en época de lluvia. El día fue nublado pero claro, y con un clima agradable para caminar por veredas sin sombra.

Llegamos al turno del primer rapel y fue de mucha utilidad para practicar y vencer el vértigo por que es de un par de metros. Fuimos entrando al cañón de las reflexiones y llegamos a la zona de los rapeles de mayor altura, en total yo conté 7 descensos, el mas largo de aproximadamente de 30 metros, que es el cuarto rapel. Pienso que la parte mas complicada de hacer rapel es cuando comienzas a descender y buscas apoyar los dos pies a la pared del cerro, el resto del descenso ya es mas fácil, salvo por un par de paredes que estaban resbalosas.

Todos fuimos descendiendo en orden y hubo buenos momentos de descanso entre cada rapel. Mila acaparo las miradas y las cámaras cada vez que descendía. Todos los descensos fueron seguros debido a los trepas cañoneros experimentados y a las practicas de rapel que tuvimos días anteriores en la Huasteca.

La experiencia de un cañón es distinta a la de una montaña por el factor de adrenalina que dan los rapeles y por la concentración que necesitas para ir bajando o dicho en otras palabras, por el instinto de supervivencia que se siente al comenzar a descender.

Después de terminar los rapeles nos dimos tiempo para hacer la comida fuerte y tomar la clásica foto del banderín, para emprender el camino de regreso, pasando por un par de desescaladas. Fu me contó en su regreso todos los animales que vio en su último viaje a Canadá, como alces y la ballena unicornio o narval, esta ultima especie no la había escuchado o visto antes. Regresamos aproximadamente a las 7 pm al punto de reunión, después de una buena dosis de montaña.

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