Murallas Blancas, Eme Oriente

Reseña de Murallas Blancas, Eme Oriente.
Fecha: Domingo 11 de Marzo 2018
Escrita por: Luis Leonardo Zamora
Fotos: José Manuel Rodríguez

Para el domingo 11 de Marzo le pedí al increíble José Manuel Rodríguez me mostrara la ruta de “Murallas Blancas”, para ascender la Eme Oriente de forma directa por la cara norte; la cual es una ruta bastante ruda, por lo que sólo se nos unió su esposa Mónica del Carmen Flores; y es que el sendero prácticamente se borró, y ya en las escalada sólo permanecen los clavos (pitones) de seguridad. Para esto previamente José Manuel solicitó los permisos de acceso para no tener problemas con el parque.

Ruta Murallas Blancas, Eme Oriente, Chipinque

La cita fue a las 6:30 en Olinalá, donde José Manuel y Mónica ya me esperaban, preparamos las mochilas, viendo el equipo de seguridad que llevaríamos para no cargar de más. Avanzamos en grupo compacto hasta los escalones de acceso a la vereda, buscando seguir el nuevo sendero cargado a la derecha para alejarnos de la casa de los perros, pues son muy bravos y luego se salen (los sueltan). De todas formas el sendero pasa cerca en la parte superior.

Seguimos a paso tranquilo hasta llegar a “piedras grandes”, donde tomamos un descanso antes de seguir con rumbo hacia el chorreadero para el ascenso a la ruta normal de la Eme desde Chipinque; pero en un punto dado nos salimos del sendero para intentar seguir el camino hacia Murallas Blancas, sin embargo, prácticamente lo abrimos de nuevo, ya que el terreno estaba muy cerrado y nunca llegamos a encontrarlo.

Fue una etapa de incertidumbre, en buscar llegar a la cañada correcta por donde debíamos iniciar la escalada, debíamos seguir el filo de una cañada y buscar la “segunda” chimenea, fue una árdua y espinosa labor; alcanzamos el filo y vimos una primer chimenea, luego una segunda pegada a la primera con una cueva profunda, donde no alcancé a ver si topaba o acaso seguía.

Nos desviamos un poco al oriente para rodear y vimos cómo esas chimeneas no daban al a pared, pues detrás de ellas estaba la chimenea correcta, y se dibujaba nuestra ruta. Dejamos algunas marcas plásticas en la ruta y nos preparamos para escalar. Había terminado la incertidumbre en encontrar la ruta, ahora seguía la parte técnica; mejor dicho, más técnica y menos espinas.

José Manuel punteó la chimenea, la cual tiene un pitón (clavo) casi en la parte superior (8 metros), fue un momento tenso, ya arriba aseguró a Mónica quien batalló mucho y se espantó, siguieron las mochilas y yo cerré para luego ir al frente en lo que José Manuel ancló unos cables para asegurar y guiar la escalada de forma más segura.

De esta forma llegamos a la segunda trepada expuesta para acceder al pasillo que cruza transversalmente la muralla hacia la arista oriente, lo normal es ascender por el costado derecho pero puse una seguridad y preferí subir por el costado izquierdo más expuesto pero que me pareció mejor. Ya todos arriba nuevamente Dejamos un par de cables esta vez por el costado derecho para mantener seguro este paso. Ya en el pasillo subimos por otra trepada expuesta, encontrando que había otra posibilidad, por lo que no dejamos cable.

Seguimos el pasillo hasta el extremo donde nos anclamos a un pitón; para entonces el viento arreciaba, se supone yo puntearía pero había que leer bien la ruta y mejor punteó José Manuel; se desvió hacia la arista para encontrar el siguiente clavo y luego escalar para llegar a un alambre; nuevamente dejamos cables para asegurar (falto ver que el segundo llegue hasta la base).

De aquí en delante seguimos trepando las rocas, las cuales había que tener cuidado de no se movieran, de esta forma llegamos la arista cimera, para luego continuar por el sendero “normal” bajando por la cuña del “chiken pass” y ascender a la cumbre, donde está la cruz y el libro. Ya era tarde, nos quedaban 2 horas de luz solar y el viento de la tarde era constante, sin embargo no me puse mi sudadera, de hecho sólo tomamos unas fotos y firmamos, sin comer realmente, salvo sólo un poco.

Grupo en la cumbre con los banderines

Descendimos por la ruta normal por la cara sur y luego seguir la cañada y el chorreadero para luego tomar el sendero hacia “piedras grandes”, Durante ese lapso disfruté mucho de los colores del atardecer, y seguimos en penumbra, encendiendo linternas poco antes de piedras grandes. Donde comimos (7:45 PM) para luego seguir el descenso.

En el recorrido me llamó mucho la atención los encinos con troncos en forma de gota de agua, mejor adaptados para esquivar las rocas que caen, y las distintas floraciones anunciando una incipiente primavera, así como los aromas del laurel en flor que no me había dado cuenta es muy predominante en nuestra sierras.

Llegando a la casa de los perros, vimos que la dueña los soltó y de hecho dejó salir a uno de ellos, y debimos buscar piedras en la oscuridad para mantenerlo a raya, y siempre con un ojo atrás pues suele atacar en silencio en la oscuridad. Y es que con el tímido llamado de la dueña se envalentonaban. Regresó nuevamente y la dueña al ver las pedradas y que uno de los montañistas era su vecino le hizo la seña de dejarnos en paz realmente, sin decir una disculpa al menos.

Ya en la calle (9:45 PM) seguimos con piedras aún pendientes de más perros vecinos. Fueron aproximadamente 16 horas de actividad, que valieron la pena, pues ya con el conocimiento, espero podamos reabrir el acceso a la ruta.

Saludos,
Luis Leonardo Zamora “Fugaz”

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