Cuartones / Puerto Gringo

Crónica escrita por: Giovana Flores
Fecha: 18 de Febrero de 2018
Me gustan los jueves, si, ese día que se anuncia a qué cerro iremos cada domingo.
La noticia llegó puntual, y con ella la sorpresa que sería un recorrido nuevo, uno que nunca se había hecho en el club, lo cual decían traería mucha aventura y diversión pues tendríamos que posiblemente ir abriendo camino, siguiendo un mapa en GPS y el buen instinto de los líderes del grupo.
Como cada sábado por la noche la diversión comienza preparando la mochila con todo lo necesario, botiquín, barritas energéticas, frutas, agua de coco y por supuesto una deliciosa pasta con atún para comer y compartir en el recorrido. De tanta emoción me cuesta dormirme temprano.
Llegó el domingo, y casi puntuales a las 7 de la mañana llegamos todos al tradicional punto de reunión, éramos en total 34 personas + 1 perro, el “Killer”, un Pastor Belga muy lindo y con mejor condición física que muchos que conozco.
Finalmente nos organizamos para repartirnos en los coches y emprender el viaje a nuestro destino del día, el cual esta ubicado a 35 Km de Monterrey, en Santiago, Nuevo León, ahí haríamos el recorrido en circuito, es decir que no regresaríamos por el mismo lugar por donde habíamos subido. (Llegar a Cuartones y bajar por Puerto Gringo).
Algunos estiraban un poco las piernas, otros giraban sus tobillos y rodillas para entrar en calor, otros abrochaban sus mochilas y revisaban que trajeran su equipo completo, los líderes probaban los radios para checar que todos tuvieran suficiente batería para el camino.
Emprendimos la marcha. Es importante comentar que soy primeriza, he subido muy pocos cerros, no se tal vez 4 o 5, mi condición física mejora cada semana, sin embargo en cada recorrido, me gusta ir a mi paso, escuchar mi respiración y sobretodo admirar lo que la naturaleza nos regala.
El camino de subida fue hermoso, era un bosque con mucha sombra, había neblina, lo cual hacía el paisaje mucho mas impresionante, parecía sacado de un cuento o alguna película, el piso estaba lleno de millones de hojas color marrón, las piedras y troncos estaban cubiertos por algo parecido al musgo navideño, es más hasta de algunos árboles caían tiras largas como si estuvieran vestidos. El clima era perfecto, aunque sí con mucha humedad, lo que hizo que terminara empapada en sudor a la primera parada. En esa primer parada todos nos detuvimos a beber agua, sentarnos por unos minutos a comer alguna barrita, y por qué no a tomar algunas fotos.
La aventura mejoró cuando muchos caímos en las trampas de la famosa ortiguilla, una planta que parece inofensiva, pero que si la rozas, no te quiero contar el ardor/picor/quemor que te da durante varias horas. ¿Y cómo no tocarla?, si muchos terminábamos cayendo encima, agarrando algún tronco para pasar y ahí estaba ella, defendiéndose de nosotros los intrusos.
La mayoría del tiempo estuvimos divididos en dos grupos, “los que llegan primero, y los que llegan minutos después” Y me siento orgullosa de decir que soy de las últimas pero del primer grupo.
Hicimos una parada justo a la mitad del recorrido, ahí dijeron que en este hiking no estaba planeado ir a la cima, pero pues ya estando ahí y con “Fugaz” por delante, cómo resistirnos a llegar a la cumbre? En ese punto hacía un frío húmedo, y como buena principiante olvidé la chamarra en el carro, pero Fu me prestó su impermeable, uno amarillo que dice “Sabritas” que me salvó del frío. (¿Cuál será la historia de ese impermeable?)
Llegamos a la cima, y entre piedras, lechuguillas, nopales y espinas, logramos tomarnos la épica foto de cumbre, claro mientras todos nos reíamos por la cámara GoPro, esa a la que le das órdenes con voz, y entonces alguien grita “GoPro toma foto” , y no faltan las voces que en broma dicen: “GoPro carga mi mochila”.
Y como bien dicen, el festejo no es solo llegar a la cumbre, sino regresar.
Entonces emprendimos el viaje de vuelta, el cual no es para nada mi especialidad, pues todavía no se bajar muy bien. En el camino de vuelta nos detuvimos a comer el “plato fuerte” que cada quien lleva preparado, de postre Fajardo sacó un melón entero de su mochila, sí un melón entero, supongo lo sube para entrenar y a hacernos felices a los que probamos una rebanadita.
La historia termina en que fui de las últimas en llegar, pero llegué, y me alegré de ver a todos ahí, esperando y dando la bienvenida con una palmada diciendo “Felicidades”.
Mi reloj marcó 23.4 km de recorrido, con un tiempo de 9:21 hrs.
Mentira, la historia no termina ahí, termina en que fuimos a cenar unos tacos y enchiladas que me supieron a Gloria!
SIN DUDA UNA EXPERIENCIA QUE NO OLVIDARÉ.
GRACIAS TREPAS.
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