Xinantécatl e Iztaccíhuatl

Reseña escrita por Roberto Lozano

El día 18 de octubre del 2017 tuvimos en el club nuestra clase de alta montaña, por el sensei Javi Barreda. Ese día algunos comenzamos con la inquietud de ir a subir algún volcán, ya sea el Pico de Orizaba o el Izta. En mi caso sentía mucha emoción y nervio ya que tenía solo 4 meses de haber empezado a hacer montañismo. El apoyo y consejos constantes especialmente de nuestros senseis Fu y Rob nos ayudaron mucho para llevar a cabo un buen entrenamiento.
El plan en un inicio fue subir el Izta, pero como iba a ser la primera alta montaña de la mayoría de nosotros, decidimos bajar la altitud un poco para poder así disfrutar el recorrido y no pasarla mal por el mal de altura. De esta manera, nos aventuramos a hacer la circunvalación del Nevado de Toluca, una ruta algo técnica pero con una altitud no tan alta como el Izta.

Tuve la suerte de que abrieran Decathlón en Monterrey en esas fechas porque ahí compré todo, pantalón, playera, capa térmica, polar, chamarra, calcetines, tenis, botas, sleeping, lentes, mochila, manta térmica, silbato, entre otras cosas; quedé tan endeudado que casi casi me hacían accionista de Deca jajaja.
Se llegó el día jueves 14 de diciembre, salimos de Monterrey Telma, Memo, Karen y yo. ¡Memo estuvo a punto de perder el vuelo! Si llegaba 1 minuto más tarde ya no alcanzaba a abordar. Se quedó con los crampones en el equipaje de mano y no lo dejaron pasar con ellos, se tuvo que regresar a dejarlos.

Fue un vuelo tranquilo, llegamos a Toluca y ahí nos recibió Pris y Gibler; Pris fue por nosotros al aeropuerto y nos recibió con una pizza de Dominos. ¡Maravilla de personas y anfitriones!

Meli y LuisCas llegaron antes que nosotros a casa de Pris, ellos ya estaban en CDMX. Ahí dormimos y nos despertamos por ahí de las 8:00 am a preparar el desayuno y a prepararnos para ir al Nevado, Pris y Gibler nos prestaron un carro y nosotros rentamos otro.

Subimos el viernes 15 de diciembre, el camino hacia el nevado estaba genial, con árboles demasiado altos, se veían paisajes padrísimos. Llegamos al Parque los Venados a comer unas deliciosas quesadillas sin queso, compramos leña y comenzamos a subir a la base del nevado, donde armaríamos nuestro camping.

Había un refugio disponible con 2 literas que costaba solo 40 pesos más que el camping. Algunos decían que querían quedarse ahí, aunque yo insistí en armar el camping. Llegamos aproximadamente a las 4:30 pm. Le pedimos permiso al guardia de subir pero nos dijo que a las 3:30 pm se restringe el acceso, le dijimos que somos montañistas y que al siguiente día haríamos la circunvalación, le dijimos que somos de trepacerros y nos dijo… “bueno, solo esperen a que se vaya esa señora que quería subir y le negué la entrada por la hora y luego ya suben”. (Para que vean que ser trepacerros te abre muchas puertas :P)

Dimos un recorrido por las lagunas, había un poco de aire fuerte, el cielo muy despejado y entre las lagunas una gran montaña de rocas volcánicas con una cruz en su cumbre. Nos tocó ver el atardecer desde la laguna del Sol, ¡fue increíble! El pico del Fraile se veía clarísimo desde ahí. Se veía retadora la ruta. Después de unas buenas fotos que nos tomamos en la laguna y de reír todos juntos, nos regresamos y decidimos comenzar a montar el camping. Nos cobraron 20 pesos por persona y 80 por tienda de campaña.

Dejamos los carros a unos 100 metros del camping, ya que había una bajada muy empinada. Nos habían recomendado no bajar los carros porque después era muy difícil volver a subirlos.

Ya había anochecido, Meli y yo comenzamos a prender la fogata mientras Telma y Luis armaban la tienda de campaña donde nos quedaríamos los 4; Karen y Memo también armaban su tienda de campaña. Comenzó a hacer mucho viento, vientos muy fuertes que aplastaban la tienda de campaña, por lo mismo batallamos para prender la fogata. La leña que teníamos eran puros troncos grandes y un poco verdes.

Después de un rato de discutir si debíamos dormir ahí o no por el viento, decidimos quedarnos. La fogata nos calentaba bastante bien. La temperatura era de aproximadamente -2°C e iba a bajar como hasta -5°C.

Comenzamos a cenar dentro de nuestras tiendas de campaña y a platicar un poco mientras esperábamos a los Trepas Cdmx. Como a las 10 pm llegó Valentín con Edgar y armaron su tienda de campaña, estuvimos platicando un ratito con ellos y nos preparamos para dormir. Le dije a LuisCas que me iba a dormir con botas dentro del sleeping y se echó a reír, dijo que no era necesario, le creí así que me las quité, de todos modos tenía unas calcetas gruesas para el frío.

Karen comenzó a sentirse un poco mal, le dolía la cabeza por la altura y por el humo de la fogata. Nos dormimos a las 11:00 pm y como a las 2:00 am se escucharon ruidos afuera, Memo y Karen se sentían muy mal. En la noche nos golpeaban vientos muy fuertes que inclinaban toda la tienda de campaña que incluso las varillas de la tienda me llegaron a golpear la cara aun estando acostado. Tuve unos dolores de cabeza en la noche, me despertaba y respiraba profundamente por la nariz para oxigenar el cerebro y se me bajaba algo el dolor; Luis y Telma también comentaron que les había estado doliendo la cabeza y les costaba respirar. Entraba mucha tierra a la tienda cuando golpeaba el viento que en la mañana estábamos muy empolvados.

Me desperté como a las 5:30 am y me tomé un Ibuprofeno porque me seguía doliendo la cabeza, el dolor se me quitó de inmediato, fui el primero en salir de la tienda y vi la tienda de Memo y Karen volteada, sobre el lugar donde habíamos encendido la fogata. No los veía por ningún lado, me acerqué a los carros y los encontré ahí, tuvieron una mala noche por la altura.
Regresé a nuestra tienda y ya se estaban despertando los demás, nos despertamos con energía con la canción de Dik Lewis – Arriba Arriba (canción volcanera), nos sonamos la nariz y salió como lodo de tanta tierra que estuvimos respirando en la noche. Luis se quejó de que en la noche tuvo mucho frío en los pies jajaja el dormir con botas no sonaba tan descabellado ahora.
Recogimos todo y nos preparamos para subir, eran las 6:30 am, comenzaba a amanecer, un día frío y muy nublado. Había hielo en las plantas, decidimos llevarnos el piolet y los crampones por si llegábamos a necesitarlos.

En la subida a las lagunas nos golpeaba un aire muy fuerte de frente, era difícil caminar con ese aire frío e intenso. Al subir la primera parte para poder “ver” (porque no se veía nada por la neblina) las lagunas, los vientos eran increíblemente fuertes, jamás había sentido un viento tan intenso. Nos refugiamos detrás de algunas rocas para evitar que el aire nos golpeara y nos siguiera empujando; debido a que el aire era intenso, decidimos bajar a las lagunas para salirnos de ese flujo de aire. Abajo decidimos que no podíamos hacer la circunvalación con esas condiciones, era muy peligroso. Dimos un recorrido por las lagunas esperando a que el tiempo se corrigiera, si se corregía iríamos a buscar la cumbre del pico del Fraile, pero sin la circunvalación.

 

El clima no se corrigió, le dimos la vuelta a ambas lagunas. En el centro del volcán entre las 2 lagunas había un refugio abandonado, habría sido muy padre dormir ahí aislados del fuerte viento. Tomamos unas fotos con el banderín de trepas aprovechando que se movieron tantito las nubes y se alcanzaba a ver algo de la cresta.

Ahí mismo dentro del volcán había gente corriendo, como si nada. Subimos una parte del pico Humboldt, sin embargo por las condiciones del clima decidimos mejor bajar.
Ahí fue donde Valentín nos dijo que mejor nos fuéramos al Izta y buscáramos la cumbre. Todos estuvimos de acuerdo. Estábamos emocionados pero a su vez nerviosos porque no teníamos en mente subir al Izta en este viaje.
Decidimos bajar al Parque los Venados y volver a comer algo calentito.

Emprendimos el camino rumbo al Izta, íbamos: Meli, Telma, LuisCas, Memo, Karen, Valentín, Lalo, Ana y yo. Llegamos al paso de Cortés, aproximadamente como a las 7:00 pm cenamos ahí con un café de olla buenísimo para calentarnos por el frío que hacía y nos fuimos a armar el camping a La Joya. Debido a que habíamos pasado una mala noche al día anterior en el nevado algunos decidimos dormir en los carros en vez de gastar tiempo en montar y desmontar el camping y dormir más tiempo. La idea era salir a la 1:00 am, nos dijo Valentín. Después cambió a que saliéramos a las 2:00 para alcanzar a dormir un poco más y bajáramos las probabilidades de que nos diera mal de altura. Nos enseñó a ajustar y colocarnos los crampones en las botas, diciéndonos que teníamos que ponerlos rápido porque arriba se nos congelarían las manos si nos tardábamos mucho en ponérnoslos. Dejamos todo listo para solo despertarnos y ponernos en marcha rumbo a la cumbre. Era una noche con un cielo totalmente despejado y bastante estrellado, se suponía que había lluvia de estrellas pero no pudimos ver ninguna fugaz 

En el carro prendimos la calefacción 10 minutos y empezamos a dormir “calentitos” (afuera estábamos como a -5°) Meli, Karen y yo en un carro y en otro carro Memo y Telma, claro con las ventanas un poco abajo para que nos entrara oxígeno. No fue la mejor noche, no me podía estirar y tuve mucho frío… La gente empezó a subir el Izta desde las 12:30-1:00 am. En el campamento había mucha gente, le calculo fácil 70 personas.

Despertamos a las 2:00 am del día domingo 17 de diciembre (obvio de nuevo con la canción Arriba Arriba) y partimos a las 2:45 am. Independientemente en qué punto del volcán estuviéramos, a las 11:00 am teníamos que empezar a bajar, hayamos hecho cumbre o no. Recuerdo como si hubieran sido ayer las palabras de Valentín cuando íbamos a comenzar la búsqueda de la cumbre: “Le voy a dar al paso mínimo necesario para llegar a la cumbre a las 11:00 am”, el hijo de la berenjena empezó casi a correr jajajajaja aun así le seguimos el ritmo.

Comenzamos la subida, en un principio creí que iba a necesitar todas las capas de chamarras que llevaba, pero una vez que comencé a caminar, me dio mucho calor. Empecé a subir solo con la térmica y la playera de manga corta de trepacerros. Todos nos sentíamos bien, comenzábamos a pasar a la gente, había algunos que estaban detenidos porque se sentían mal.

Llegamos al 1er Portillo y en eso Lalo, que iba de reta, le avisó a Valentín que Memo y Karen se sintieron mal y que decidieron regresar al camping. Ana se empezaba a sentir mal, había intentado subir el Izta 4 veces y el mal de altura no la dejaba llegar.

Continuamos el camino de noche, se vislumbraba un cielo estrellado y despejado la ciudad de Puebla y CDMX durante el recorrido, el camino era sencillo, inclinación ligera con algunas piedras grandes, nada técnico. Así continuamos pasando por el segundo y tercer portillo, en ese punto me puse la capa polar, empezaba a hacer más frío y el camino comenzaba a ponerse un poco más empinado y técnico con unos ligeros chorreaderos, aún nada del otro mundo.

Llegamos al Refugio de los Cien como a las 5:00 am, ahí comienza la parte más dura del recorrido, nos esperaban 2 horas de chorreadero (casi arenal), nos detuvimos en el refugio para ponernos bloqueador y comer nuestra comida de marcha, aquí me puse la siguiente capa de chamarra, en este punto me empezó a doler un poco la cabeza, estaba preocupado porque obvio no quería que me diera mal de altura. Mirábamos hacia el chorradero y parecía un muro vertical altísimo en donde solo se veían las lámparas de los montañistas que iban subiendo a distintos niveles de altura. ¡Se veía impresionante!

Empezamos a subir, se me hizo difícil esta parte, es horrible caminar en este tipo de terreno, es muy técnico e incluso hubo un punto en donde simplemente NO podía subir, en cualquier lado en donde pisara, se me regresaban los pies, incluso hasta retrocedía. Me frustré mucho y el dolor de cabeza aumentó, ahí me tomé otro ibuprofeno, en esa parte me quedé con Lalo un poco atrás. Estaba tomando líquidos constantemente para aminorar el dolor, aunque no tenía sed.
El rojo amanecer nos sorprendió en el chorreadero, me dolía la cabeza y no lo pude disfrutarlo tanto, aunque fue el mejor amanecer que jamás hubiera visto, con el Popocatépetl teniendo fumarolas. ¡Era increíble!

Por fin terminamos el chorradero y comenzamos a escalar una pequeña parte para llegar a la primera rodilla que ya supera los 5000 msnm, esa escalada estuvo divertida, no fue tan técnica. En este punto me tomé otro ibuprofeno, el dolor de cabeza seguía, ya no podía tomar más si me aumentaba el dolor e iba a tener que empezar a bajar.
¡Las vistas iban mejorando cada vez más, con el sol ya puesto y la ciudad iluminada! Una vez pasando esa parte la intensidad del volcán disminuyo, ahí ya nos enfrentábamos al cambio de presión, me cansaba más rápido de lo normal. No me creía que hubiera llegado ya a sobrepasar los 5,000 msnm.
Seguimos caminando y de pronto al subir una lomita, frente a mí se asoma un planchón de hielo blanco gigante el cual tendríamos que cruzar utilizando los crampones, incluso iba grabando esa parte del camino (en donde apenas me asomo y se escucha cuando digo “woow”).

Nos pusimos los crampones, estaba emocionado, unas personas que estaban delante de nosotros empezaron a cruzar muy lentamente. Valentín nos dijo que eran novatos, que estaban caminando muy lento jajaja. Cuando empezamos a cruzar nosotros yo ponía mucha fuerza cada que enterraba los crampones (ayudaba mucho a que ya estaba pisado por dónde íbamos a cruzar) poco a poco me fui dando cuenta que no era necesario hacer tanta fuerza y le agarré confianza. No podía creer lo que estaba haciendo; hace 6 meses jamás había subido ni siquiera al cerro del chupón y ahorita estaba por encima de los 5 mil metros cruzando un glaciar. Mientras cruzábamos, de regreso venía un grupo de gente con un perro guerrero pequeño. En esta parte me di cuenta que el agua dentro de la manguera de mi camel se había congelado.
Llegamos al otro lado del glaciar, nos quitamos los crampones y seguimos subiendo, ya se alcanzaba a ver desde ahí la cumbre! Las vistas mejoraban más con ese increíble planchón de hielo.

Continuamos por la cresta, no sabía para donde voltear para cualquier lado se veía todo impresionante, mi velocidad bajó, ya no podía mantener el mismo ritmo. Meli, Ana, Lalo se adelantaron y llegaron a la cumbre como 20 minutos antes que el resto (Valen, Telma, LuisCas y yo)
Telma parecía que se iba a desmayar, no faltaba nada para llegar, LuisCas le cargó su mochila y yo iba detrás de ella por si se desbalanceaba, evitar que se nos fuera al barranco.
Nos estuvimos parando muy seguido, la última parte involucraba unas escaladitas no tan técnicas. Pasando esa parte en punto de las 10:00 am ¡llegamos a la cumbre más alta del Iztaccíhuatl! El clima estaba soleado, no corría mucho viento ni nubes. Había otro planchón de hielo gigante del otro lado. Me entro una basurita llena de sentimientos al ojo y empecé a lagrimear, no podía creer lo que estaba viviendo. ¡¡¡Llegamos carajo!!!

El dolor de cabeza desapareció, todos estábamos demasiado contentos, Ana se aisló un poco, se puso los audífonos y se sentó un buen rato contemplando el planchón de hielo y las montañas/ciudades. Me imagino como se ha de haber sentido, después de 4 intentos logró subir el Izta.
Todos nos abrazamos, Meli (que estaba súper roja, parecía que no se había puesto bloqueador), LuisCas, Telma y yo estábamos demasiado emocionados de que lo hubiéramos logrado, ya que nuestro plan original no era subir el Izta, sino el Nevado, muchísimas gracias a Valentín quien fue nuestro guía, sin él no habríamos llegado. Nos tomamos unas fotos padrísimas en la cumbre con el banderín de trepas. Desde la cumbre podíamos observar el Pico de Orizaba, la Malinche, el Popocatépetl y el Nevado de Toluca.

Ahora comenzamos el descenso, sin dolor de cabeza, feliz de haber llegado a la cumbre, apenas íbamos a la mitad de la aventura. Recuerdo la primera vez que subí el Chupón, Mandy me dijo “Una montaña no se conquista cuando se llega a la cumbre, sino cuando se baja de ella”. Para poder realmente conquistar el Izta teníamos que regresar.
De nuevo se apreciaban increíbles paisajes, un grupo de grandes nubes casi se cruzan en nuestro camino, parecía incluso que cargaban una buena lluvia. En la bajada se sentía un poco de vértigo en las partes donde teníamos que desescalar, sin embargo decidimos darle a un paso acelerado, incluso corriendo, en algunos tramos.

Cuando llegamos de nuevo al planchón de hielo, para cruzarlo, nos estábamos poniendo los crampones, tranquilos y sin prisa, riéndonos de cualquier cosa. No me podía poner el segundo crampón y me di cuenta que me los había puesto al revés jajaja, después cambié y también batallé un poco para ponerlo, estaba muy justo.
Comenzamos a cruzar el planchón de hielo, el sol había derretido una parte y había algunos charcos mientras cruzábamos, aun así seguía siendo puro hielo nada de tierra, solo que el agua lo hacía más resbaloso. Me cansé mucho al cruzar ese glaciar y al llegar al otro lado me dolió de nuevo la cabeza, ya solo quería bajar para que se me quitara el dolor, me quité rápido los crampones y continué bajando.
Había mucha roca suelta, había que bajar con cuidado. Llegamos a la rodilla y en esa parte para bajar hay unas partes más verticales que tienes que desescalar. En un punto después de haber desescalado un tramo iba junto con Meli, Telma y Lalo, se escucha que alguien grita (nada fuerte) “Piedraaa”, el grito más chafa que jamás hubiera escuchado jajajajaa, en eso me aviento contra la montaña para protegerme de la piedra (claro que me di un buen guamazo). Solo se escuchaba como rebotaba, parecía que era una roca grande. La piedra me cayó en la bota, pero en la parte de la suela, solo así no me lastimé. Nos burlábamos de la persona que dijo PIEDRA que ni lo gritó fuerte.
En seguida llegamos a la parte del chorradero que se veía divertido. Ese día había una carrera “Sky Izta” desde el Paso de Cortés hasta el Refugio Esperanza (un poco más arriba del Refugio de los Cien), había mucha gente y si de por si el chorradero es demasiado “resbaloso”, ahora con muchísimas personas pisándolo hacía que las piedras estuvieran más sueltas.

Desde lo alto veíamos a lo lejos a LuisCas que ya había llegado al chorreadero, en esa parte todo el mundo se estaba resbalando, les dije “miren, ahí está Luis, se va a resbalar”; no pasaron ni 3 segundos y azotó jajajajaja después lo vimos discutir con alguien random, solo se veía como movía y levantaba las manos, duró un buen rato su discusión, fue muy divertido (solté la carcajada ahorita que estoy escribiendo esto con solo acordarme).
Nos resbalamos muchas veces en ese chorreadero, nadie bajaba sin haberse resbalado al menos unas 5 veces. Lalo iba delante de mí, mi primer resbalón fue muy largo, mientras me iba resbalando Lalo me gritaba “aviéntate hacia atrás mientras vas bajando”, yo seguía avanzando, nada más le dije “Sí, déjame logro detenerme y luego sigo tu consejo” avancé como 15 metros así.
Nos reunimos todos en el refugio de los Cien y ya estábamos cantando victoria riéndonos bastante de todo lo que habíamos vivido, ahí les platiqué de la piedra que casi me mata, resulta que Ana fue la que la soltó (obvio no intencional) y ella misma fue la del súper grito. Fue otro momento de risas. Después nos platicó LuisCas por qué se estaba peleando, resulta que el tipo había dejado ir una piedra, no gritó nada y casi golpea a una chava, estaba bien enojado jajajajaa se prendió de nuevo cuando nos estaba contando la historia.
Continuamos nuestro descenso admirando paisajes que no habíamos visto debido a que esa parte la subimos muy de madrugada cuando aún estaba oscuro, seguían siendo geniales, el Popo seguía levantando fumarolas de buen tamaño.
El grupo de fue separando, Meli y Lalo se fueron por delante, en medio quedamos LuisCas, Telma y yo y al final Valentín y Ana, quienes después nos alcanzaron y continuamos bajando los 5 juntos.

Les decía a LuisCas y a Telma que en el camino de bajada yo le iba a ir diciendo a toda la gente que hicimos cumbre. Le dije a un señor que estaba en el primer portillo que habíamos llegado a la cumbre y me preguntó “¿llegaron a la verdadera o a la falsa?”, no quise saber la respuesta, nos reímos y continuamos.
El camino del primer portillo hacia el campamento fue eterno, veníamos ya delirando, Luis le exigía a Valentín una explicación lógica de por qué ese tramo es más largo de regreso que de ida. Incluso había veces en donde el camping se veía cada vez más lejos mientras avanzábamos.
Logramos bajar hasta el camping La Joya, nos juntamos todos de nuevo, ahí vimos a Memo y Karen. De nuevo nos abrazamos y felicitamos los unos a los otros.

Ahora sí, habíamos conquistado el Iztaccíhuatl, fue un gran día, el clima se portó de maravilla y no hubo ningún lesionado. Oficialmente un nuevo grupo de trepacerros con mucha hambre de la alta montaña logramos conquistar el Iztaccíhuatl.

Esta experiencia marcó mi vida, no sólo por la montaña, sino por los AMIG@S que me acompañaron durante la aventura: Gracias totales a Fu, Rob, Javi, Pris, Gibler, Meli, Telma, LuisCas, Memo, Karen, Valentín, Edgar, Lalo, Ana, a mi familia y amigos que siempre me apoyaron.
Si estás leyendo esto y no has subido este volcán, no sé qué estás esperando, ¡ve y conquístalo! Los recuerdos quedarán para siempre. No tengas miedo, como una vez me dijo Meli y nunca lo olvido, incluso cuando la veo se lo vuelvo a repetir: “El mayor fracaso es no intentarlo”.
¡Gracias Trepacerros por esta gran oportunidad!

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2 comentarios sobre “Xinantécatl e Iztaccíhuatl

  1. yeah !!! se escucha muy padre !!!! de leerlo me dan ganas de empezar a hacer ejercicio y subir a ver esos paisajes y vivir toda esa experiencia !!!
    todas esos detalles que describes hacen que uno se imagine toda la experiencia y pueda uno interesarse mas por esto.
    quiza deje mi obesidad y me una a ustedes.

    saludos !!!!

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