En la Cima de Zempoala – CDMX

Reseña Escrita por: Victor Cisneros
Fecha: 3 de Septiembre del 2017

El domingo 3 de septiembre nos reunimos Ale, Charlotte, Sophie, Dafne, Julieta, Ana, Jaure, Valentín, José Miguel, Lalo, y yo en el punto y hora de costumbre.

Yo me fui en el auto de Dafne, con Julieta; no las conocía y ellas ya se habían conocido en la salida al Iztaccíhuatl. En nuestro camino nombramos a nuestro auto como el auto del estrés, porque en tan poco tiempo ya habíamos hablado de la cantidad de trabajo que tenemos o de lo que nos genera conflicto, después fue como “únete a los optimistas”. Nos adentramos tanto en la plática, que perdimos de vista el auto de Jaure –a quien seguíamos fielmente, y digo fielmente porque también lo seguimos hasta entrar a un Costco por equivocación-, así que perdidos fuimos por nuestro propio camino.

Poco antes de llegar a Zempoala, no podíamos seguir la ruta porque había una feria de pueblo, así que otra vez perdidos -mientras nos dábamos reversa- vimos el auto de José Miguel y lo seguimos -también fielmente- hasta perdernos juntos, porque nunca vimos las letras gigantes que decían: “Lagunas de Zempoala”, y nos pasamos de la entrada; pero al final regresamos y llegamos a las lagunas.

Son las 10 y estamos listos para arrancar con la caminata. Ale Scalise nos da indicaciones y comenzamos la ruta. Valentín fue nuestro guía.

Es la primera vez que me detengo a escribir lo que pienso en la montaña; en las salidas anteriores he notado que siempre relaciono el hiking con la vida, y tenía ganas de plasmarlo, porque cuando voy siempre hago analogías entre lo que sucede mientras caminamos y lo que sucede en la vida; lo cual se resume en: avanzar superando obstáculos para llegar a la cima con aprendizajes. Entre mis notas más importantes de esta caminata destacan:

  1. El hiking es como meditar. Al adentrarse en la montaña es como entrar en uno mismo y escuchar nuestros pensamientos; es como estar en flor de loto, la postura de la meditación. La montaña te desconecta de todo, de la gente, la contaminación, los autos, el internet, de los problemas y te hace conectar con lo supremo: la naturaleza.20170903_102423
  2. La montaña es vida. Y no me refiero sólo a la cantidad de oxigeno que se produce ahí por la vegetación tan abundante y los árboles tan longevos, ni a los animales que ahí habitan, como la víbora que vio Valentín y que nos hizo detenernos por un momento, o como el ratón bebé muerto que hizo saltar del susto a Scalise, ni a los perros que nos ladraron a lo lejos, o los pájaros que nos acompañaron en el camino; me refiero a que al caminar por ahí conectas cuerpo y mente, reduces tus pensamientos negativos, calmas la mente, te enfocas, y con ello te das cuenta de lo que en realidad significa vivir.20170903_104055
  3. Hay que detenerse a ver la ruta y contemplar lo que hay, sin perder el objetivo. Aquí me di cuenta que no cabe duda que la felicidad es el camino. Nos deteníamos para ver por dónde continuar, siempre apreciando lo que el trayecto permitía como: el río, la gran cantidad de hongos, los árboles, las flores, todo eso fue gratificante. Casi al final del recorrido la niebla no nos dejaba ver, pero con mucho cuidado pudimos avanzar a la cima.20170903_133158
  4. Los hongos se aferran a los troncos fuertes. Al ver los troncos tirados repletos de hongos me di cuenta que una forma de subsistir es agarrarse del más fuerte. Me hizo recordar que una familia sólida (el tronco) es la base que te hace resistir a los desafíos; también podría relacionarlo con algunos amigos que con su experiencia han ayudado a fortalecerme y crecer.20170903_132049
  5. Afrontar las decisiones. Al decidir subir un cerro, es importante tomar en cuenta las consecuencias como en esta ocasión: el frío, los rayos del sol, el viento, el lodo, el cansancio o que te lastimes en el camino. Esto es algo que aprendí desde mi primera salida a Monte Tláloc cada que me detenía y pensaba: “¿por qué no estoy en mi casa viendo tv?”, y me daban ganas de sentarme a descansar; pero cuando llegué a la cumbre todo cambió y sentí mucha satisfacción.

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¡Ya se siente la cima! El frío nos indica que falta poco para llegar. Conforme íbamos caminando, la vegetación cambiaba la abundancia de mayor a menor, había más piedras y más espinas.

Por fin estamos en la cumbre, son las 13:40; hambrientos todos disfrutamos del momento de la comida y del inicio de una bonita amistad entre José Miguel y Dafne, quienes durante la plática se dieron cuenta que ambos son alérgicos al Gluten. Sophie sacó un pastel de plátano delicioso -que amé- y el cual espero vuelva a llevar a otra salida; por cierto, al final me obsequió lo que le quedó.

14:15 es la hora para regresar y todo es más rápido; nos apresuramos porque parecía que iba a llover; Valentín le prestó su bastón de montaña a Dafne porque le estaba siendo un poco difícil descender. Al fin llegamos a las lagunas de nuevo, son las 16:35 y algunos cerramos estirando con posturas de yoga.

El resumen de esta experiencia son 13 km, 3700 msnm, 3 horas 40 minutos y 2 horas 20 minutos de regreso, sol, lluvia, neblina y muchos aprendizajes, no sólo para la vida, sino para seguir practicando hiking.

Algo que no comenté es que al llegar a la cima nuestra sorpresa fue que no podíamos ver nada gracias a la neblina, ¡qué lástima! todo eso maravillo que me habían contado vería desde la cumbre no lo vi, pero este es un buen pretexto para regresar.

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