Campamento de integración/Caminata al Salto (Ciénega de González)

Crónica escrita por: Nizaro Badillo (Artemio)
Fecha: 19-20 de Agosto de 2017

Hoy domingo nos reunimos en el checkpoint de costumbre. Hubo chance de dormir más, porque la cita fue un poco más tarde. Hoy es el FdS de Integración! Llegamos: Mely, Abejo, Gerardo, Patry, Martín, Fugaz, Sofi, Fajardo y yo.

Tras llenar tanque con unos tradicionales Tacos Piedra (TM), partimos en una pequeña caravana rumbo a Santiago, NL.

Llegando a la zona de San Francisco de ese municipio, estacionamos los autos cerca de un rancho que tenía algunas vacas y comenzamos a preparamos para el ascenso. De paso nos tomamos unas fotos de recuerdo.

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Iniciamos la caminata y después de un rato, algunos comenzamos a resentir el clima. A diferencia de las 2 salidas anteriores que estuvieron algo frescas (El Musgo, La Martha), el clima de hoy era bastante caluroso y húmedo. Tuvimos que rehidratamos con más frecuencia y continuamos el camino.

Caminamos a un costado de una enorme Quinta que al parecer pertenece a los “Legionarios de Cristo”. Pocos metros después de pasarla, hicimos un descanso y una breve presentación de cada uno de nosotros en donde también compartimos los motivos de practicar el Trekking.

A partir de allí, el camino era bastante inclinado y formado de piedras grandes que usamos como escalones para avanzar.

Poco más adelante, el camino fue mas amigable y el calor empezó a disminuir por la altura y al hecho de que la sombra de los árboles se fue haciendo cada vez más densa.

Mucho más adelante, llegamos al Puerto Gringo en donde descansamos un poco, para rehidratamos, comer algunos snacks y de paso tomarnos unas fotos.

Continuamos y al poco rato encontramos a un pequeño árbol cuya vida estaba literalmente pendiendo de un hilo. Intentamos salvarlo, pero lamentablemente al final, el árbol estaba ya muy dañado y no vivió para contarla 😥

Continuamos el camino, hasta llegar a un claro, que terminaba en una Y. Tomamos el camino de la derecha.

Más adelante el camino volvió a ser de piedras grandes. Aunque en esta ocasión la inclinación era poca, y en 3 o 4 ocasiones cruzamos brazos de río seco que tenían piedras enormes.

Poco después la ruta volvía a ser muy fácil casi sin inclinación. En eso vimos a un lado del camino a un enorme árbol que sobresalía de todos los demás. Parecía como si ese árbol estuviese resguardando el camino o algo así. Nos tomamos algunas fotos con él.

Poco después mientras avanzábamos, escuchamos a nuestros compañeros de escalada en los cañones que estaban a ambos lados del camino. Y más adelante nos detuvimos a saludar a algunos Trepas que practicaban rapel.

Continuamos hasta entrar al pueblo Cienega de González y dirigirnos a alguna fonda a llenar tanque. Nuestra primera opción fue “Fitos”. Pero al instalarnos en las mesas nos informaron que no había muchas opciones disponibles de comida. Por lo que tuvimos que regresarnos un poco en el camino para comer al “Chuys”.

La comida en “Chuys” era muy buena. Y mientras le entrábamos tendidos al watake, compartimos experiencias y pasamos un rato muy ameno y agradable.

Después de una merecida sobremesa, continuamos para “la recta final” de la caminata. Al irnos separando del pueblo, fuimos poco a poco adentrándonos al cañón.

La sensación al entrar a la zona de los cañones es única. Uno llega a sentirse como hormiga ante semejante barbarosidad. Es un sentimiento dificil de explicar, pero a la vez muy agradable y motivador.

Avanzamos más, entre cañones y personas en cuatrimoto con los que nos ibamos topando. Hasta que llegamos a “El Salto”. Allí ya nos esperaban desde lo alto de una camioneta, mientras nos tomaban algunas fotos a lo lejos.

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Aquí rompimos filas. Yo vi a lo lejos a 2 jugando frisbie y me integré. Conforme se fueron agregando más personas al frisbie, la modalidad del juego fue evolucionando y se fue haciendo más “interesante”.

Pasó un rato y me avisaron que habría una clase de rapel y me uní. La impartió Fugaz al principio apoyado por Alfredo y al final por Gaby. La altura no era mucha, era de unos 4 o 5m pero fue más que suficiente para aprender lo básico de esta emocionante actividad.

Poco antes de terminar esa clase, nos cayó la noche. Y ya justo antes de abandonar ese punto, apareció una tarántula. Había salido a buscar la cena justo en las piedras en donde hicimos rapel.

Regresamos al campamento y ya estaba hecho el bonfire. Cenamos y convivimos. Poco después realizamos la Dinámica de Presentación Diametral Oficial (TM).

Rato después, dormí en una tienda muy cómodamente. Dormí como piedra. Fue muy padre dormir lejos de la ciudad en un entorno más natural y tranquilo. No recuerdo la última vez que había dormido tan bien. Parece broma, pero sentí que una noche de sueño en la montaña valieron por 7 de la ciudad.

Al día siguiente, unos se levantaron más temprano para realizar la caminata a un Ojo de Agua. Pero yo me levanté mucho mas tarde. Pertenecía al grupo que había llegado a pata, y quería probarme a mí mismo para hacerlo de regreso.

Desayuné, me hidraté y retomamos el camino de regreso. Se unieron a nuestra travesía de regreso Rowena y Pancha. La única diferencia en la ruta fue que en lugar de entrar al pueblo, acortamos por el lecho seco de un río.

Algunos 50 metros después de pasar de regreso por el árbol guardián, sentimos una breve pero fuerte brisa que recorrió todo el lugar. Fué una sensación muy agradable.

Poco antes de llegar a la Quinta mencionada al principio, nos encontramos con una curiosa lagartija y le tomamos algunas fotos.

En lo muy particular, los descensos siempre me han parecido más desgastantes que los ascensos. Es por ello que al faltar sólo algunos 800m para regresar a los coches, dejé de tener sensibilidad en las piernas.

“Zaz!” -Pensé- “En donde me detenga ya valió queso”. Así que mejor ya no me detuve. Iba a paso lento, pero ya no me detuve.

Al llegar, me recosté un rato para descansar, pero fuí sorprendido por una vaca que pasaba por ahí. Creo que hubiera sido padre filmar esa escena.

Ya dentro de los autos, fuimos al centro de Santiago para comprar helado, que por cierto nos supo a gloria después de todo el esfuerzo que hicimos.

De ahí regresamos al checkpoint en mty. Y luego cada quien para su casa.

Terminé molido al final del día. Alguien de fuera de la comunidad Trepacerros al verme así, me preguntó: “Volverías a hacerlo?”. Yo sin pensarlo le contesté:

“Por supuesto!”.

FIN.

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