La Catarina

Reseña escrita por: Patrick Scheel
Fecha: 26 de Marzo de 2017

El domingo pasado nos aventuramos para explorar y conquistar la cima de La Catarina, una montaña en Arteaga, Coahuila, con una altura de 3,260 msnm. Como es de costumbre, nos reunimos desde las 7AM alrededor de 19 Trepas para salir rumbo a Saltillo, 4 de esos Trepas andando a 4 patas, que respondían bajo los nombres de Guante, Serena, Killer, y Zeus.  En un par de horas, ya nos encontrábamos en el Ejido “El Tunal”, a pocos minutos de Arteaga, donde tuvimos que transitar un par de kilómetros por un camino de terracería hasta llegar al punto de partida.

Comenzamos a caminar a eso de las 9:30AM, bajo un clima fresco y muy cómodo, contemplando un ecosistema templado frío, con una vegetación frondosa de pinos y otras especies de coníferas. Empezamos subiendo por la cara norte de la montaña, aprovechando la sombra del bosque perennifolio.Subiendo y subiendo, Coqui nos armonizaba el viaje con su flauta a todo pulmón, mientras yo lo acompañaba rascándole al Ukelele desafinado. No había pasado ni una hora para cuando nuestro querido Trepa, Edgar, ya había desaparecido. Después de un largo descanso, muchos “EOs”, y Guante al rescate, Rob hizo contacto con Edgar y al parecer no se lo habían comido los coyotes.

El sendero era estrecho, y la pendiente era muy leve hasta el momento. Siguiendo por la cañada, comenzamos a ascender por un camino más empinado, hasta que llegamos al primer punto de interés, una cueva no muy profunda, con restos de actividad humana, al parecer una antigua mina. En esa misma área, la tierra era arcillosa y rojiza, donde tomamos un breve descanso.Continuamos caminando, a través del bosque lleno de altos pinos y encinos, unos más secos que otros, buscando el sendero correcto, y descifrando las intersecciones en el GPS, pues era la primera vez que el club salía a esta montaña. Zeus y Guante subían y bajaban frenéticamente una y otra vez, básicamente eran quienes nos abrían los caminos. Ellos son más útiles que cualquier GPS.

 

Después de subir una larga pendiente con más de 60 grados, logramos llegar al Puerto, donde nos sorprendimos al observar la cara sur de la montaña, una vegetación xerófila y árida, que contrastaba radicalmente con el ecosistema templado de la cara norte por donde íbamos subiendo. Era impresionante admirar los altos pinos de un lado de la montaña, y compararlos con los matorrales bajos de este lado. Después de re-agruparnos, comenzamos a subir por la cresta, hacia la cumbre de La Catarina que ya era visible a tan solo un par de cientos de metros de distancia. El panorama estaba repleto de matorral espinoso, desde los miles de Agaves Lechuguilla asesinos, hasta pequeños cactus que florecían vivazmente.

Muy cuidadosamente, ascendimos esquivando las Lechuguillas que nos amenazaban con sus brazos punzocortantes. Podíamos escuchar a los matachines que retumbaban el ambiente con sus tambores, desde el pequeño ejido que se encontraba a cientos de metros en la base de la montaña.

Después de continuar por la cresta y cruzar una falsa cumbre, llegamos a la cima de La Catarina, donde apenas pudimos acomodarnos por el pequeño espacio disponible entre toda la maleza. Desde ahí se pueden apreciar los demás cerros de la Sierra Madre Oriental, incluyendo La Viga, El Musgo, Las Nieves, entre muchos otros. Desgraciadamente, no encontramos abundantes catarinas en la cima, como cuenta la leyenda. Solamente pudimos percibir una pequeña catarina obscura, que desapareció en tan sólo unos segundos en la gran extensión de la maleza.

Luego de descansar y comer nuestro lonche en la cima, comenzamos el descenso, amenazados por la intensidad de rayos UV que nos motivaban a regresar a la sombra de los pinos. Regresamos por el mismo camino por el que llegamos. Acelerando el paso de bajada, las Lechuguillas y espinas siguieron acechándonos.Tuvimos la desgracia de encontrar grandes cantidades de basura aproximándonos a la base de la montaña, sin embargo, al mismo tiempo tuvimos la oportunidad de recogerla para disminuir el impacto ambiental de los individuos inconscientes que no respetan los confines del medio ambiente y desechan sus residuos a la intemperie natural, incluyendo un olvidado par de botas rotas, y muchas latas de cerveza.

Es nuestro deber como Trepas siempre recoger con fines desinteresados la basura que encontremos, sea en la montaña, o sea en la ciudad, para seguir sensibilizándonos como sociedad, y disminuir el impacto ambiental del ser humano en este mundo sobrepoblado, con consumismo masivo, e inconsciencia social y ambiental. Tenemos que hacer la diferencia…

7 horas después, con un desnivel de 800m acumulados, 9 kilómetros recorridos, y cortadas en todos nuestros brazos y piernas, terminamos el trayecto.

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