Cerro de la Bufa (Villa del Carbón) – CDMX

Reseña Escrita por: Aline Ramírez Bañales
Fecha: 28 de Agosto del 2016

Antes de empezar, un disclaimer:
Lejos de ser una trepa experta con un largo CV de cerros y volcanes donde he dejado huella, he de decir que esta fue una salida memorable.

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No sólo porque “cortamos” (aka. nos desviamos) de la ruta marcada, y por ende descubrimos un montón de champiñoncitos (hongos? no me maten, expertos en vegetación silvestre!) naranjas fosforilocos enormes, o flores semi-transparentes que han aprendido a sobrevivir alimentándose de bacterias ya que el sol difícilmente las  alcanza en sus recónditos hogares. Han visto el viaje de Chihiro donde salen esos pequeños personajillos, espíritus del bosque? Pues en mi fantasía, nuestro recorrido a la cumbre fue como un fragmento de algo muy similar a esa peli (los que se lo preguntan, no, no comí hongos).

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La segunda mejor parte fue “negrito”, un amistoso canino que se unió espontáneamente a la banda de trepas desde el inicio del recorrido. Un excelente compañero que se detenía periódicamente a ver hacia atrás, para asegurarse que los menos sporty como su servidora, siguiéramos poniendo un pie delante del otro a pesar de la respiración agitada y el característico color jitomate en la cara. Un gesto muy apreciado. Negrito, adicionado a un dúo dinámico de dos welsh corgi que como buenos pastores, guiaban a su rebaño (sí, con rebaño me refiero a nosotros los humanos) me dieron la seguridad de que pasara lo que pasara con el GPS, acabaríamos por lograrlo.

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Pero no, para mí lo más más “copado” (cool, padre, chido) como diría nuestra querida colega argentina y camarógrafa oficial, es la gente tan generosa y auténtica que conocí en esta, y otras salidas trepa. Es como si al salir al bosque, no hubiera espacio para construirse personalidades rebuscadas. El caminar hora tras hora aligera los pies y los corazones. Nadie busca esconderse, nadie teme mostrarse. Los follajes y los árboles del cerro de la bufa fueron magníficos anfitriones de nuestra visita y nos regalaron vistas privilegiadas. Al llegar a la cima, como en una especia de ritual, todos compartimos una mordida de la amplia gama de delicias gastronómicas de los asistentes: Desde unos tacos-pizza del oxxo, hasta un melón entero que nuestros acompañantes caninos gozaron más que nadie, me atrevo a decir. La cumbre fue el premio dorado de uno que espero, sea otro de muchos trepapaseos más!

Aline Ramírez Bañales

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