El Coahuilón

Reseña escrita por: Omar David López Esquivel
Fecha: 9 de Octubre del 2016

Eran las 5:30 am del domingo 09 de octubre del 2016 cuando sonó esa alarma para levantarme y prepararme para una excursión muy prometedora pues significaba subir a más de los 3,000 msnm (metros sobre el nivel del mar), altura a la cual no me había encontrado hace ya más de 3 años. Prepare un desayuno muy completo pues sabía que necesitaría energía para tal montaña. Tome mi mochila y me dirigí al punto de reunión.

El camino hacia el pueblo de mesa de Tablas en Arteaga Coahuila fue muy bonito ya que pudimos apreciar un paisaje diferente al que vivimos diariamente en la ciudad de Monterrey y el tiempo paso rápido, manejamos aproximadamente hora y media hasta llegar a la plaza principal del pueblo en donde nos en listamos para partir e iniciar el ascenso a la montaña del Coahuilón.

Empezamos a caminar y la primera media hora pintaba que el recorrido resultaría ser fácil y tranquilo hasta que toda la felicidad y esperanza de un camino sencillo se desmorono ante mis ojos…

Inicio una pendiente de 1.5 km aproximadamente que tardaríamos en recorrer en al menos 1 hora y para mi buena fortuna elegí el peor día y montaña para decidir cargar una mochila de 10kg para entrenar.

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Primera pendiente de aproximadamente 1.5 km

Esta primera pendiente resulto un reto en lo personal ya que no contaba con la condición física que muchos en el club tienen y era la primera vez que subía con una mochila con tanto peso. Fue demandante, cada vez me iba quedando más atrás hasta ser el último de todo el grupo pero seguí hasta llegar al valle donde pudimos descansar a una vista muy bonita.

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Valle en el Cerro del Coahuilón

En este valle pudimos recuperar un poco las energías y prepararnos para ascender a la cumbre. El camino hacia la cumbre fue para mí, hasta ese momento, la caminata más difícil que realizado desde que entre al club de Trepacerros principalmente por mi falta de condición, la altura y por jugarle al fuerte y llevar una mochila con un peso para el cual no estaba preparado. Era el último del grupo pero en todo el camino me fue apoyando uno de nuestros guías y amigo, el increíble t-rex Javier Barreda (también conocido como “Mamajavi”). Durante todo el camino Javier me fue alentando a seguir adelante sin parar, paso a paso, hasta llegar a la cumbre. Llego un punto en que solo podía dar 30 pasos antes de que sintiera que mi corazón saldría disparado de mi pecho a causa de la altura.

Por fin llegue a la cumbre, fui el ultimo, 45 minutos después de los primeros en alcanzar la cumbre a 3,575 msnm (dato que arrojo mi GPS). Fue un reto físico y mental pero con el apoyo moral y motivación de nuestros guías y compañeros pudimos llegar.

Trepacerros en la cumbre del Coahuilon
Trepacerros en la cumbre del Coahuilon

El descenso fue una historia completamente distinta pues descargue peso que llevaba en mi mochila (principalmente litros de agua) y resulto más fácil pues ya estaba más descansado y ya había comido en la cumbre. Durante el descenso todo iba normal hasta que escuchamos por las radios que uno de nuestros guías reportaba que un compañero se había tropezado y se lesiono uno de sus tobillos dificultándole el caminar. Por fortuna en mi botiquín contaba con una férula de emergencia así que me ofrecí para ayudarlos. Apure el paso hasta llegar al punto donde se encontraban los guías del grupo con nuestro compañero lesionado y les proporcione la férula de emergencia (la férula utilizada fue una “sam splint” y se utilizó cinta gris para sujetársela al tobillo). foto

Los guías del grupo Javier, Leonardo y Rob ateniendo la lesión de Polo Espinosa.
Los guías del grupo Javier, Leonardo y Rob ateniendo la lesión de Polo Espinosa.

Una vez que nuestro compañero fue atendido y con el apoyo de un bastón, pudo descender sin inconvenientes. Esta experiencia nos abrió los ojos a ver la importancia de contar con un botiquín con materiales suficientes y saber cómo utilizarlos. Nos enseñó a que siempre debemos estar preparados para cualquier inconveniente en cualquier parte y en especial en áreas remotas como la montaña. El resto del camino fue muy agradable hasta llegar a los vehículos, terminamos todos agotados pero la experiencia fue increíble. La convivencia y sufrimiento con amigos del club es algo que mi vocabulario no alcanza para describir. Solo puedo decir que cada excursión que pasa, me enamoro más de este increíble grupo y todas las personas que lo forman.

En esta excursión entendí algo que Javier Barreda me repite mucho, él me decía que para la montaña se necesita no solamente fuerza física sino tener mucha fuerza mental y determinación para seguir adelante sin darse por vencido y llegar a la meta, la cumbre.

Trepacerros arribando nuevamente al pueblo de Mesa de Tablas al final del recorrido.
Trepacerros arribando nuevamente al pueblo de Mesa de Tablas al final del recorrido.
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