La Viga (directa) D+1250m

Reseña escrita por: Telma López Vásquez
Fecha: 21 de Agosto del 2016

Inició el día con una  mañana lluviosa, de esas que se antoja quedarse en cama,  acurrucada y viendo película…  sin embargo, el llamado a la aventura aguardaba, el reto de subir la montaña, conocer nuevos lugares, nuevas personas,  respirar aire fresco, sentir el viento en el rostro, la tierra bajo los pies y la naturaleza al alrededor: definitivamente había que ir a la montaña, así que me alisté y acudí al encuentro con el club.

Salimos 7:45 rumbo a Coahuila, el camino se hizo largo por la intensa lluvia, pero los ánimos seguían arriba; el parabrisas no dejaba de moverse, iba al ritmo de la música.  Al llegar al pie de la montaña, sentí nostalgia, recordé a un día de trabajo en casa, días intensos, con lluvia al sureste de Oaxaca,   en los que teníamos que subir la montaña con la carga de café; por un instante, me miré caminando junto a mis papás y mis hermanas, contando anécdotas mientras mitigábamos el temor de que nos cayera un rayo. No era opción no ir a la montaña, la prioridad era la cosecha; sin embargo, aquí estaba yo, en un día lluvioso al pie de “La Viga”, una montaña de 2, 970msnm,  de las montañas más altas del noreste de la república, no había presión ni obligación de subir, solo el reto de llegar a la cima, disfrutar y decir “lo hice”.foto-1

Había varias caras nuevas, nos colocamos en círculo para recibir indicaciones, me sorprendió que éramos muchos a pesar del clima. Nos miramos unos a otros  sin decir nada, hasta que de pronto se escucharon dos voces dar algunas indicaciones, fue cuando noté la gran importancia de la figura de un guía o líder en el grupo.

Comenzamos a ascender la montaña,  los carros y las casas poco a poco se alejaban, la neblina no nos permitía apreciar el paisaje pero aprovechábamos cuando el viento despejaba un poco.

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La Viga se sentía más empinada de lo que parecía, apenas llevábamos 30 minutos cuando los primeros rostros expresaron cansancio y comenzaron las preguntas por el tiempo que faltaba para llegar, otros comenzaron a sacar comida y agua, fue entonces que decidí apoyar a mis compañeros en la reta porque varios comenzaban a retrasarse. Ser reta parece una tarea fácil pero no lo es, requiere de mucha paciencia para esperar y ayudar a los que van al final; al principio me costó, caminaba rápido y me detenía a esperar, el cansancio se hacía mental, así que decidí buscar otra manera de hacerlo, comencé a platicar con los compañeros,  tomar fotos, apreciar más el tipo de vegetación… así la experiencia fue más ligera y agradable.

En la montaña se aprenden y se transmiten muchas cosas como la fortaleza y la bondad,  la mayoría a pesar del  frío, cansancio y poca comida  decidían continuar (solo una persona decidió regresar);  otros compartían  agua, comida, suéter, e incluso se ofrecían a esperar o cargar las cosas de los demás para aligerar su carga, esta es una de las razones por las que me encanta el club, porque no solo es cuestión de salir a conocer la naturaleza, también se trata de conocerse a uno mismo, desarrollarse como persona y darse la oportunidad de conocer a los demás.

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Continuamos ascendiendo y la temperatura comenzaba a descender, nos deteníamos por lapsos muy cortos para no enfriarnos, el ritmo era lento pero continuo, la subida se hacía interminable  y la cima se veía cada vez más difícil; después de 4 horas de subida, se escuchó un estruendoso ruido, parecía como el agua de una cascada azotando fuertemente o el ruido de los carros pasando a gran velocidad sobre una pista, todos nos preguntamos ¿qué es ese ruido?… Era el viento que soplaba fuertemente, anunciando que finalmente habíamos llegado a la cima,  nos emocionó y comenzamos a caminar más de prisa hasta llegar a un refugio, el pronóstico era  de 15 grados pero por la humedad la sensación era como de 5 grados. La casita de refugio era pequeña, estábamos muy apretados que nos importó con tal de mantener la temperatura, hicimos algunos chistes y las risas no se hicieron esperar; el tiempo de descanso fue corto por la temperatura, así que comimos rápidamente y tomamos algunas fotos.

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Comenzamos a descender cuando de pronto caras conocidas aparecieron ¡eran trepas que habían salido más tarde! me alegró mucho verlos que aprovechamos en estrecharnos y tomarnos fotos.

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Las nubes ya se habían alejado un poco, lo cual nos permitió apreciar un bello paisaje  verde rodeado de árboles; sin embargo el suelo ya no se sentía firme debido a la llovizna constante y las innumerables pisadas de trepas, se había convertido en una resbaladilla de lodo, todos íbamos con precaución para evitar caernos, sin embargo fue inevitable para muchos, solo se alcanzaba escuchar el ruido al azotar contra el suelo, quejidos y luego pequeñas risas al fondo.

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Nuevamente, poco a poco  las casas y los carros se veían cerca y los trepas que habían llegado más tarde  nos alcanzaban y se detenían a  acompañarnos como retas,  era  cada vez más divertido porque comenzamos a platicar, bromear y hasta cantar.

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Pronto nos reunimos con el resto del club que ya nos aguardaban junto a los carros, los rostros se veían agotados pero felices de haberlo logrado.

La experiencia de subir  una montaña es  única; siempre van a influir factores como el clima, la altura, la compañía… pero sobre todo dependerá de la actitud con la que se decida emprender el camino y si se recorre con gente que comparte el mismo gusto por conocer y amar la naturaleza, la experiencia, es todavía mejor.

Una aventura más…

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