Cerro Aconcagua

Reseña escrita por: Javier Barreda

Enero 2016

 

Después de 3 años viene la revancha… Aconcagua 2016.

Hace 3 años estuvimos en el Aconcagua, la montaña más alta de América con 6,962 mts de altura. Aquella vez intentando la ruta directa del Glaciar de Polacos, de un grado técnico considerable. Debido al mal clima no hicimos cumbre, nos quedamos en la base del glaciar en el campo 2 a casi 6,000 mts de altura.

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Este año, decidimos visitar la montaña en Enero 2016, con el plan de atacar primero por la ruta normal de la cara Norte y luego rodear la montaña para cerrar el pendiente con el Glaciar de Polacos. La idea empezó en julio 2015, cuando yo volví a entrenar por una apuesta que hice con un amigo del trabajo, Santiago Herrera, para bajar de peso; ir al Aconcagua sería un buen incentivo. En menos de 2 semanas ya teníamos los vuelos. Comencé con mis entrenamientos de correr de 10 a 15 kms, andar en bici de montaña y de ruta, así como ir seguido al Pico de Orizaba. Al Pico en ocasiones subía caminando con peso desde el último pueblo a 3,000 mts hasta el refugio Piedra Grande a 4,200 mts, en otras ocasiones sólo iba al refugio a caminar a los alrededores y otras veces a intentar cumbre, de las cuales llegué 2 veces. Pantoja también comenzó sus entrenamientos en Monterrey, igual con peso, campamentos en altura, etc. Esta vez no entrenamos juntos pero sabíamos que estábamos decididos, aunque acercándose enero ambos mermamos nuestros entrenamientos, sea por restricción de tiempo mía o Pantoja por una lesión.

Ahora no fuimos tan preparados físicamente como hace 3 años, aquella vez yo corrí un Maratón, en mis días de descanso subía 2 montañas en Monterrey, entrenaba corriendo 20-30 kms, igual Pantoja. Sin embargo, nos sentíamos más fuertes mentalmente, estábamos seguros a ir por esta montaña, aguantar el frío, tormenta, vientos, altura, etc. De alguna manera, la experiencia da esa seguridad que hace a uno sentirse fuerte, muchas veces es la constancia y buenas decisiones las que empujan llegar a la cumbre y no sólo la rapidez o la fuerza. Como me ha pasado antes, sentía ese algo en mi cabeza que me decía que sí iba a llegar a la cumbre, sólo que no lo podía comentar para que no se cebara.

Previo al viaje fuimos por última vez al Pico de Orizaba, con Jorge Juárez, Sheryl Rizzo, Rigel Galindo y mi hermana, Brenda. Pantoja y yo decidimos no atacar la cumbre, sólo caminar hasta los 5,000 mts. Los otros 3 sí llegaron a la cumbre, tuvieron un excelente día. De bajada mi camioneta sufrió un daño mecánico, perdimos cerca de 4 horas intentando arreglar pero sólo pudimos hacer reparaciones temporales y salir del apuro. Pantoja y yo teníamos que llegar a hacer maletas, subirnos a un autobús al DF y tomar un vuelo importante; teníamos el tiempo encima.

El viaje comenzó el domingo 3 de enero, volando del DF a Santiago de Chile y destino final a Mendoza el lunes 4. Durante el lunes hicimos los trámites de permisos con el parque, con ayuda de la empresa Mallku, cambiar dólares, comprar comida de marcha, etc. El lunes en la tarde llegamos con mi amigo Facundo a su casa y con su familia, los cuales nos recibieron con un rico asado para brindar y convivir antes de nuestra entrada a la montaña.

El martes 5 nos dirigimos en bus hacia Puente del Inca, donde dejamos una mochila con ropa limpia en el Hostal de Nico, muy amables por cierto y cómodo el lugar. De ahí fuimos a la entrada del parque, para registrarnos y comenzar a adentrarnos a la montaña. El primer tramo era de Horcones a 2,950 mts a Confluencia a 3,400 mts, con un trekking de 2 horas, el cual decían que era de 3-4 horas pero lo hicimos más rápido aunque íbamos a un paso normal. El clima no era favorable, llovía constantemente y hacía frío, unos 5°C comparados con los 30°C que tuvimos hace 3 años, este clima no era alentador para estar más arriba. Al llegar se hace el check in con los guarda parques y chequeo médico, para mi sorpresa tenía presión alta aunque no estábamos tan alto, a esta altura no me pega aún. La doctora Romina me pidió hidratarme mucho y evitar el sodio para evitar elevar aún más la presión. Nos encontramos con Leo, un guarda parque que conocimos hace 3 años en Plaza Argentina y estuvimos un rato platicando con ellos, nos invitaron un pedacito de su asado, muy bueno por cierto. Campamento en Confluencia:

Campamento en Confluencia:

Al siguiente día, como buenos mexicanos nos despertamos tarde y tomamos todo con calma, desayunamos, platicamos con los campamenteros y empezamos a caminar a las 10am un trekking hacia Plaza de Mulas a 4,300 mts (campo base de la ruta normal) estimado en 8-10 horas. El recorrido lo hicimos en 6 horas, igual a nuestro paso normal sin agitarnos, fuimos los últimos en salir de Confluencia y los primeros en llegar a Plaza de Mulas. Algo andaba raro, o todos andaban muy lentos o nosotros muy rápido, pero sin intención de ello. El clima era peor que el día anterior, nevando, una temperatura entre los -2°C a 0°C, ventisca, poca visibilidad, etc. pero había que “aguantar vara”. El desnivel es de 900 mts, durante el camino pasamos por playa ancha, una planicie de 10 kms donde ganas sólo como 80 mts de desnivel y poco antes de llegar a Plaza de Mulas, en la famosa cuesta brava es donde ganas los últimos cientos de metros para llegar al destino. Pantoja se dio cuenta que se le había caído el spot que traía colgado de su mochila, éste es un aparato tipo GPS que avisa a 10 personas de tu ubicación mediante correo y mensaje de texto, así como las opciones de avisar que llegaste a cumbre o estás en una emergencia. Lo buscamos alrededor, intentamos llamar por radio para avisar pero para nuestra desgracia nos dimos cuenta que el radio que llevábamos tenía bloqueadas justo las frecuencias que usaban los guarda parques y la empresa Mallku. Decidimos seguir caminando y ya hacer el check in. Al llegar platicamos con los guardas, conocimos a Iago, Diego y Anita. Yo seguía con presión alta pero menos, conocimos a Flor, nuestra campamentera la cual nos ayudó mucho en nuestra estancia. Nosotros también le ayudamos a instalar un comedor, mover equipo, etc. Aquí fuimos conociendo a varios guías, porteadores y otros campamenteros, los cuales nos fueron aconsejando sobre la montaña y lo cual lo agradecemos mucho.

Plaza de Mulas:

Jueves 7 amanece y el clima seguía malo, mucho viento, en ocasiones nevando y nublado. Este día nuestra actividad de aclimatación fue bajar un poco para buscar el spot, decidimos caminar una hora, Pantoja siguió un poco más, yo descansé en una piedra cómoda y respiré mucho para ayudar la aclimatación. No tuvimos éxito, no apareció el spot, ni aquí ni en los siguientes días que estuvimos en la montaña, seguramente alguien lo tomó y lástima porque no podrá utilizarlo. Volvimos a Plaza de Mulas, avisando a guarda parques que no lo encontramos por si alguien llega a presionar el botón de emergencia, también avisamos vía correo electrónico a familiares y amigos que no esperaran recibir señales de nosotros vía el spot. Nos dispusimos a hacer nuestras actividades de montaña: preparar de comer, tomar mucha agua, perder el tiempo y platicar con gente del campamento. Para este tercer día en la montaña yo comenzaba a extrañar la comida de la civilización, se me comenzaba a antojar casi todo tipo de comidas. Cara oeste desde Plaza de Mulas:

Cara oeste desde Plaza de Mulas:

Al siguiente día el clima seguía igual o peor, decidimos sólo portear algunas cosas a Plaza Canadá a 5,000 mts, volvimos a dormir al campo base. La subida creo que la estimaban en 4 horas y nosotros la hicimos en 2 horas, otra vez algo nos sorprendía, pasábamos a todos los grupos, aún con peso y una ventisca blanca golpeando la cara que sólo se alcanzaba a ver unos cuantos metros adelante. De hecho, nos pasamos este campamento, subimos un poco más de lo que debíamos, hasta que se nos ocurrió preguntar a un guía que venía bajando y nos señaló hacia abajo/un lado dónde estaba el campamento. Llegamos, sacamos cosas de las mochilas y para poder maniobrar nos tuvimos que quitar los guantes gruesos, en pocos minutos las manos estaban congeladas, mi termómetro marcaba -7°C y con esos vientos la sensación térmica podría haber estado en -12°C. Escogimos el lugar más plano posible, guardamos nuestras cosas en una bolsa de tela, cubrimos todo con una sábana de emergencia y encima un montón de piedras para proteger del viento. Mientras hicimos esto, un asiático se nos quedaba viendo, solamente se nos quedaba viendo sin hacer nada, lo bueno es que no se congelaba porque traía ropa para 8000’s. Se me acercó y me comenzó a hacer preguntas sin sentido de qué hacíamos y por qué lo hacíamos, fueron varias preguntas las cuales con las condiciones me desesperó y terminé la conversación respondiendo “Because yes!” Rápido nos armamos para volver a bajar y casi corriendo en una hora estábamos de vuelta en el campo base. Para este cuarto día, además de extrañar la comida ya extrañaba una regadera y poder bañarme. Llegando a Plaza Canadá y sembrando algunas cosas:

Llegando a Plaza Canadá:           Sembrando algunas cosas:

El sábado 9 subimos definitivamente a Plaza Canadá, igual cargados de peso con el equipo que nos faltaba por subir. En este ascenso yo me sentía mal, débil y con dolor de cabeza, creo que hicimos el mismo tiempo que el día anterior pero físicamente no me sentía igual de bien. Al llegar quitamos las piedras, manta térmica y cosas, instalamos nuestra casa de campaña rápidamente y de igual manera se nos congelaron las manos. El viento era fuerte, nevando, termómetro marcando -6°C y nos metimos a la casa a nuestros sleepings. Esta noche no cenamos, nos conformamos con barritas, chocolates y un mix de cereales que hicimos alto en calorías pero no tan rico como una hamburguesa al carbón.

Domingo 10 despertamos, el día era un poco mejor, despejado pero aún mucho viento. Este día decidimos mover todo nuestro campamento a Nido de Cóndores a 5,550 mts, no sin antes dedicar un par de horas a derretir nieve para poder cocinar e hidratarnos. La subida fue cansada, llevábamos mucho peso encima, pero aun así hicimos menos tiempo de lo normal, creo que 3 horas de 4 estimadas. Durante la subida tuvimos confusiones, porque teníamos en mente que el campamento estaba a 5,300 mts y cuando llegamos a esta altura no había nada, nos unimos con unos italianos que también traían el mismo dato, así que juntos seguimos subiendo hasta que vimos a lo lejos la bandera de Argentina, indicando que ahí estaba el campamento. Al llegar conocimos a Coco, un policía de la patrulla de rescate y a Alan Ibarra, un mexicano estudiante de último año de medicina que estaba con la patrulla aclimatando para intentar cumbre unos días más adelante. Coco y otro compañero de él nos ayudaron con consejos y previsiones del clima. Instalamos nuestra casa de campaña y nos dimos cuenta que aquí los vientos eran mucho más fuertes, aseguramos con piedras lo mejor que pudimos la casa y las cosas que dejamos afuera.

Nido de Cóndores

El lunes 11 yo me sentía un poco mal, la altura comenzaba a hacer sus estragos con dolor de cabeza, taquicardia, fatiga, etc. Por lo que ese día decidimos quedarnos en Nido para ir aclimatando y no forzar el cuerpo, además de tomarme 1 o 2 ibuprofenos al día para aminorar el dolor de cabeza y poder descansar. Los días en verano en el cono sur son largos, amanece a las 6am y anochece a las 9pm, por lo que estar en el mismo lugar con tantas horas de luz puede ser aburrido, sin embargo teníamos que derretir nieve y eso nos tomaba un par de horas diarias a esta altura. Durante el día platicamos con los de la patrulla, conocimos a un sordomudo que subió solo o su equipo lo dejó arriba, parece ser que al ver las previsiones del clima decidieron no subir. Este chico entendí que se llamaba Ethaniel y decía que sería el primer sordomudo argentino en llegar a la cumbre si la montaña se lo permitía, pude entablar algunas conversaciones con él con lenguaje de señas que he aprendido en PepsiCo. Él estaba emocionado, platicamos de los planes de atacar cumbre, por cual campamento (Berlín o Cólera) y de hecho acordamos subir el mismo día de cumbre. También platicamos con los italianos que conocimos un día y con un argentino de Córdoba que trabajaba en el giro del Futbol.

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Al siguiente día, martes 12, mientras derretíamos nieve en la mañana para cocinar y seguir hidratándonos llegaron ráfagas de viento como de 90 km/hr, las cuales volaron e hicieron desaparecer una casa de campaña que estaba a nuestro lado. No había gente dentro, pero sí equipo y todo se fue por un barranco de la montaña. Platicando con los de patrulla y demás expediciones, el clima podría ser el menos peor los siguientes dos días, miércoles 13 y jueves 14, así que varios grupos comenzamos a prepararnos y subir a los campamentos altos, Berlín a 5,930 mts y Cólera a 5,970 mts. Como buenos mexicanos, tomamos todo con calma y no nos apresuramos, preparamos nuestro equipo y decidimos ir ligeros, con lo mínimo indispensable para atacar cumbre a la siguiente madrugada, creo que nada más llevamos 1 comida fuerte y lo necesario de marcha para el resto del día y atacar la cumbre. Comenzamos a subir ya tarde, recuerdo como a las 2pm y llegamos a las 4:30pm, ésta vez no fue nuestra mejor subida, era el tiempo normal estimado, pero nosotros no rendíamos igual, de alguna manera estábamos cansados aunque el desnivel no lo representara e íbamos lento. Los italianos nos ganaron en la subida. Nuestro plan era llegar a Cólera porque la salida hacia la subida de cumbre decían que era más amigable, aunque habría que soportar vientos más fuertes. Pero durante la subida, al llegar a Berlín nos sentíamos cansados y el viento era lo suficientemente fuerte como para no querer seguir, así que instalamos nuestro campamento en Berlín, a un lado de los pequeños refugios hechizos hace décadas para cualquier emergencia, decían que lo malo de comenzar la subida desde aquí es más agresiva y más adelante se junta con la subida desde Cólera. Teníamos que detenernos a cada rato para calentar las manos y cuerpo, para poder seguir asegurando la casa con piedras grandes para evitar que se volara como la que vimos esa mañana. Terminamos cansados y con frío, de nuevo nos fuimos a dormir sin cenar, no teníamos nada de ganas de derretir nieve. Según recuerdo, nos acostamos sin definir nada, sin la certidumbre de atacar cumbre o no, ni siquiera pusimos alarmas, estábamos agotados que lo dejamos a la suerte a ver si nos despertaba el ruido de las demás expediciones. Ya para este día, además de extrañar fuertemente la comida, regadera, también extrañaba una cama para dormir cómodo, no entre rocas encajándose en el cuerpo.

Obviamente no nos levantamos ni teníamos ganas de salir de la casa de campaña a las 4am cuando nos despertó el ruido de las demás expediciones, Pantoja me preguntó si le dábamos a las 6am, le dije que no, que ya era tarde para apenas comenzar a prepararnos y esperamos un día para descansar y recuperarnos. Al parecer sí salió un grupo grande de polacos y los italianos. Ese día, miércoles 13 fue el día que dedicamos más tiempo para derretir nieve, vaciamos nuestros botes de granola y pudimos derretir para conseguir 8 litros de agua para tomar y cocinar. Para entonces, ya pensaba en todo tipo de comida: tacos, carne asada, pizza, hamburguesas, vino, cerveza, etc, etc, etc! Nos metimos en uno de los pequeños refugios (en el cual muy apenas cabes sentado) para evitar perder combustible por el viento. Yo traía una pluma con cinta gris y con ésta pude firmar dentro del refugio. Durante el día platicamos con dos polacas que tampoco decidieron atacar cumbre, ellas nos pidieron subir juntos al siguiente día, sin embargo no parecía buena idea porque una de ellas había vomitado por efecto de la altura. De hecho, ese día los policías de la patrulla de rescate y el mexicano subieron hasta el refugio Independecia y bajando les recomendaron a las dos chicas bajar, a lo que ellas no siguieron esa recomendación. Durante el día llegaron varias expediciones, un par de rusos, un chileno, tres españoles y otros que no hablamos con ellos. Más tarde, como a las 6pm nosotros nos metimos a nuestra casa a descansar. En las siguientes horas llegaron los italianos y poco a poco el grupo de polacos, creemos que sí hicieron cumbre por la hora que bajaron, los italianos agarraron sus cosas y siguieron bajando. Los polacos tuvieron problemas con un compañero de su grupo, por los tonos y urgencias entendimos que bajó con un nivel serio de mal de montaña, pudo haber sido algún principio de edema, después supimos que sí tuvieron complicaciones pero ya en campamentos bajos se mejoró. Pantoja y yo traíamos una extraña buena sensación, ahora sí íbamos a atacar cumbre, estuvimos viendo fotos y videos en nuestros celulares, riéndonos un rato de las fotos y videos estúpidos que tenemos guardados. Como a las 10pm nos dispusimos a dormir, ya con equipo, ropa preparada y con las alarmas a las 4am.

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Suenan las alarmas a las 4am y nos despertamos, también las demás expediciones se escuchaban preparándose. Con el frío y la falta de oxígeno todo era muy difícil y lento, dentro de la casa de campaña estábamos a -6°C, fuera estábamos como a -10°C menos la sensación térmica por el viento. Tardamos dos horas en estar listos, en esas dos horas nos turnamos para irnos cambiando dentro de la casa porque no teníamos espacio, ya afuera nos pusimos las botas externas y guantes de plumas, así como arreglar las mochilas. Pantoja decidió ponerse desde aquí crampones para evitar congelarse las manos más arriba, yo quise dejarlo hasta el último punto posible para moverme más rápido en la tierra/piedra y después con crampones en el hielo. Antes de partir, metimos varias rocas dentro de la casa para evitar que se volara con el viento. Comenzamos a caminar a las 6am, el viento no era nada amigable, el frío dolía hasta los huesos de las manos, pies y cara. Las polacas iban adelante, los españoles atrás, el resto no supimos si sí salieron o no porque nunca los volvimos a ver. En unos 30 minutos alcanzamos a las polacas, me preguntaron si consideraba factible subir con ese viento, les dije que había que seguir, las alentaba diciéndoles “Keep moving” y creo que la frase de nosotros del viaje fue “aguanta vara”, siempre estuvimos aguantando las malas condiciones de la montaña. A los minutos, vimos que las polacas ya no siguieron, también los españoles dejaron de subir y me imagino que los demás grupos ni siquiera salieron o empezaron antes pero bajaron por el camino de Cólera. Pantoja se dio cuenta que se le había caído su lámpara de cabeza, seguramente con alguna ráfaga de viento. Seguíamos subiendo, tomamos algunas fotos del amanecer pero tratábamos de no detenernos. Nuestro paso era fuerte y continuo, en el punto donde se une el camino de Berlín con Cólera casi coincidimos con otros 3 montañistas pero los dejamos atrás. En toda la subida hicimos 3 paradas, la primera para tomar agua y comer, también admiramos el paisaje hacia el noreste de la montaña. Poco antes de llegar al refugio Independencia, Pantoja me pidió ponerme los crampones para no congelarnos a más altura con menor temperatura, desde hacía rato ya caminábamos en hielo/nieve pero se podía pisar con botas. Aquí me comenzaba a sentir mal, dolor de cabeza y débil, me tomé un ibuprofeno para aminorar el malestar. Para mi mala suerte, mientras me ponía mi crampón derecho me amarré también un cordón de mi guante derecho, al terminar me di cuenta que mi mano estaba atada a mi pie, aquí estuve a punto de tirar la toalla, ya no sentía las manos ni los pies y tenía que quitarme el crampón y volver a ponerlo. Pantoja me calmó y volví a hacer todo con paciencia y mucha fuerza de voluntad. Seguimos subiendo, a paso fluido, al llegar al refugio independencia los vientos incrementaron su fuerza, por eso le deben de llamar a este tramo el Portezuelo del Viento, al brincar hacia el oeste de la montaña y comenzar la Travesía que cruza por encima del Gran Acarreo, los vientos se hicieron sentir muchísimo más fuerte golpeando el lado derecho del cuerpo. Había ráfagas que necesitábamos detenernos y afianzarnos de pies y bastones, para esto ya tenía al menos tres dedos que sabía que estaban comenzando a lastimarse, los dedos de los pies insensibles, la boca congelada que no se puede mover bien para hablar y el pómulo derecho también lastimado. Después nos enteramos que ese día los vientos sostenidos fueron de 70 km/hr y seguramente algunas ráfagas más fuertes. A partir de este momento, además del frío yo ya iba afectado por la falta de oxígeno, Pantoja sospechó que yo no estaba en mis 5 sentidos y me pidió bajar, a lo que le dije que podía seguir. Él se aseguró que yo estuviera bien entablando conversaciones y yo tenía que responder de manera coherente, lo hice bien pero inconscientemente. Segundos después me daba cuenta que había hablado con él y sabía que lo había hecho bien. Me puse a mí mismo la condición que si en algún momento perdía, aunque sea un poco, el equilibrio, iba para abajo. Los pasos siguientes fueron lentos y pesados, mi avance fue dar 15 pasos y respirar 50 veces para bajar mi ritmo cardiaco. En ocasiones también mi avance era inconsciente, pero no perdía el equilibrio. A lo lejos se veía La Cueva, punto importante para recuperar fuerzas y hacer el último ataque a cumbre, pero antes de la cueva tuvimos una subida con una inclinación considerable, no traíamos piolet, sólo nuestro par de bastones. Así que tuve que dedicar toda mi concentración para dar bien cada paso, afortunadamente las condiciones del suelo ayudaron, el crampón agarraba bien el hielo o la bota se enterraba bien en la nieve. Hubo una parte donde yo estaba subiendo al lado derecho de Pantoja, sin embargo me cambié hacia su lado izquierdo y él al buscarme no me encontró, él dice que le pasó lo peor por su cabeza, pensando que me había caído por la pendiente y claro que eso no era para nada una buena noticia. Por fin llegamos a la cueva, nos sorprendimos que fueran las 11am, llevábamos 5 horas subiendo, era temprano y calculábamos que podíamos llegar a la cumbre en 1 hora, algo iluso de nuestra parte. Aquí el termómetro marcaba -16°C, con el viento podrían haber sido -30°C. Rápido comimos geles energéticos y tomamos lo que pudimos de agua, porque gran parte de ella ya estaba congelada, a pesar de que la traía envuelta en una chamarra dentro de mi mochila cerca de mi espalda. Volvimos a tocar el tema de cómo me sentía y si seguíamos o no, decidimos seguir subiendo. A continuación seguía La Canaleta, el penúltimo tramo antes de la cumbre, una parte empinada comenzando con hielo/nieve y siguiendo con terreno mixto hielo/roca la cual era muy inestable pues las rocas no estaban fijas, era un chorreadero de piedras difícil de ganar desnivel. A esta altura, subir 2 pasos y bajar 1 era muy cansado mentalmente, en mi cabeza le pedía a la montaña algo de tregua, que nos quitara el viento o que nos quitara la pendiente, obviamente ninguna de las dos aminoró. Los siguientes metros y minutos fueron lentos, la cumbre se veía muy lejos y no parecíamos avanzar, ya no podíamos hablar y nuestras señas eran las mínimas necesarias sólo para avisarnos si nos sentíamos bien y si queríamos seguir avanzando. No sé en qué punto La Canaleta se convierte en el Filo de Guanacos, pero volteando a los alrededores ya se podía ver del otro lado de la montaña y cuando el cielo se despejaba se lograba ver parte de la Cara Sur. Mis pasos seguían igual, con 15 pasos seguidos de 50 respiraciones para bajar mi ritmo cardiaco, esto me motivaba a seguir, ya llevaba un par de horas y desnivel con el mismo ritmo constante. Comparando con el Pico de Orizaba, cuando empiezo a sentir la altura y cansancio en el glaciar, comienzo con un ritmo de 60 de pasos y termino con 10-15 pasos antes de llegar a la cumbre, igual respirando la cantidad de veces necesaria para bajar mi pulso. En el filo de Guanacos se tiene la pared a mano derecha, en partes muy pegada al cuerpo, tanto que había momentos de cuidar el equilibrio para no caer hacia la izquierda. Esta pared o rocas, me ayudaron un par de veces a recargarme en ellas y poder descansar, rendido por el cansancio, frío y falta de oxígeno. Todo parecía que íbamos a llegar a la cumbre, cada vez se veía menos el desnivel por cubrir para poder llegar al punto más alto de la montaña. Nuestra comunicación con señas seguía igual, preguntándonos si estábamos bien y si continuábamos, todo marchaba en cuanto a plan aunque a paso lento. Nuestra proyección de una hora de la cueva a la cumbre se convirtió en dos, alrededor de la 1 de la tarde Pantoja se detuvo en un punto para esperarme, éste punto era ya muy cercano a donde ya no se podía seguir subiendo. Lo alcancé después de varios pasos y respiros, juntos, ayudándonos escalamos los últimos metros para llegar a la cumbre, empujándonos, jalándonos y apoyando uno del otro. Cuando vi esa pequeña planicie con el montón de piedras debajo de una cruz supe que era el momento clímax del viaje, por fin veía con mis propios ojos lo que ya había estudiado en fotos, nos abrazamos como pudimos, nos tiramos al suelo. Yo me dejé caer sobre el montón de piedras de la cruz, Pantoja se dejó caer a un metro de mí, los dos exhaustos, respirando como si no hubiera un mañana. Ninguno de los dos podía hablar en ese momento, cada uno soltó sus lágrimas en silencio por que habíamos logrado nuestro objetivo y ese sentimiento de éxito o como se le pueda llamar sólo lo entenderán aquellos buenos montañistas y aquí nos explicamos y respondemos a muchas preguntas como del ¿Por qué escalamos montañas? Mientras sucedía esto, fui sacando mi cámara, comencé a grabar sin decir nada, después de unos segundos ambos comenzamos a hablar para el video comentando el resumen del día. Habremos tardado 10-15 minutos en la cumbre, en estos minutos tomamos algunas fotos, videos, comimos lo que pudimos de geles y gomitas congelados. Revisé la temperatura y estábamos a -18°C, con el viento habremos estado entre los -30 a -35°C.

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Rápido nos preparamos para bajar, como ya había leído en otras reseñas, la bajada no es fácil de encontrar empezando desde la cumbre, primero que nada porque hay un montículo de rocas indicando el camino pero éste no es o a menos que se dirija al glaciar de polacos. Sabía que otras expediciones no han encontrado la bajada, sea porque es de noche o porque el clima está muy cerrado y han tenido que vivaquear en la cumbre, obvio sufriendo hipotermia o congelamiento de extremidades. La mejor manera de ubicarse, si el clima lo permite, es ver la cara sur y caminar en dirección hacia el Filo de Guanacos, el camino de bajada es destrepar algunas rocas y luego ya se reconoce el camino de nieve / roca por el que se sube.

Mis condiciones físicas durante la bajada no fueron muy diferentes a la subida, aunque ya iba perdiendo altura y por lógica ganando oxígeno, mi cuerpo no mejoraba considerablemente. De igual manera, había lapsos de tiempo donde caminaba por inercia, sabía que tenía que seguir bajando. Sin embargo, cuando detectaba algún paso riesgoso, tenía que dedicar toda mi concentración para hacer estos movimientos. En la cueva nos detuvimos para volver a descansar, comer y tomar lo que pudiéramos, sabíamos que teníamos que apresurarnos por seguir bajando ya que el clima seguía amenazando con cerrarse por vientos fuertes y nubes alrededor de la montaña. La bajada siguió siendo dura, cuidando de que el viento no nos tumbara en las partes con inclinación considerable, fuimos pasando la Travesía, el Portezuelo del Viento, Refugio Independencia. En algún punto Pantoja rompió un crampón y fue bajando con ayuda de sus bastones, algo que después sería motivo de decisión para salir de la montaña. Mientras yo bajaba había momentos en que perdía la noción del tiempo y del espacio, sólo movía mis pies hacia abajo, a veces me sentía mareado y sabía que estos efectos eran por la falta de oxígeno, le comenté a Pantoja cómo me sentía sólo para que estuviera atento. Así fue pasando el tiempo en la bajada, en menos de 4 horas estábamos de vuelta en Berlín, eran las 5pm. Nos sorprendió mucho que no hubiera nadie, todos los grupos que habíamos visto un día antes se habían bajado, pensamos que se habrían comunicado con los guarda parques y les avisaron de muy mal tiempo y decidieron bajar. Nosotros intentamos comunicarnos con los porteadores, porque era la única frecuencia que teníamos desbloqueada pero nunca nos contestaron. Estábamos muy cansados y no queríamos en ese momento recoger nuestro campamento para armarlo otra vez en Nido de Cóndores pocas horas después, así que decidimos quedarnos en Berlín, total ya peor clima que la subida a la cumbre no creo que nos hubiera tocado. Al medir mi saturación de oxígeno tenía 45%, lo cual es preocupante tener menos de la mitad pero sabía que fue por mi exposición en altura y que mi cuerpo batalla para aclimatarse, así que a pesar del cansancio, me tenía que hidratar y alimentar, había perdido muchas energías y mi ingesta de calorías fue mínima, así como el nivel de deshidratación. Estar deshidratado a esa altura puede potencializar un edema pulmonar o cerebral, por lo que con mis fuerzas restantes ingerí chocolates, geles, gomitas, granola, agua casi congelada, etc. En ese momento mi estómago seguramente estaba cerrado porque no tenía para nada apetito pero era necesario, también estuve forzando mi respiración para meter lo más que pudiera de oxígeno a mis pulmones. Poco a poco fui elevando mi saturación de oxígeno arriba de 60%, también dejé de sentir mareos y ya estaba completamente consciente platicando con Pantoja. Al ya sentirme bien me dispuse a dormir, habrán sido las 8pm, caí rendido a dormir como bebé, de hecho me quedé dormido platicando y de vez en cuando me despertaban mis ronquidos. Creo que esta fue la mejor noche que pasé en la montaña, dormí muy cómodo, mi cuerpo se amoldó a las piedras y casi 12 horas después me despertó Pantoja a las 7am porque ya no aguantaba el frío. Durante la noche se dio cuenta que su tapete se había ponchado y al estar en contacto con el piso helado se pierde mucho calor corporal.

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Nos dispusimos a levantar nuestro campamento, todo sigue siendo lento y difícil, tardamos un par de horas en estar listos, ya ni siquiera quisimos derretir nieve y aunque quisiéramos comer ya no teníamos comida, nuestros botes de agua los dejamos dentro de nuestros sleepings en la noche y ayudó a derretir un poco. Bajamos a Nido de Cóndores, en unos 40 minutos, platicamos con los de la patrulla de rescate de nuestro ascenso, también decidimos ya no rodear la montaña hacia el glaciar de polacos, nos quedaban 6 días y una ventana de buen clima no era segura, aparte la falta de crampón, lámpara y tapete de Pantoja no ayudaban. Cargamos el resto de equipo que habíamos dejado sembrado en este campamento y seguimos bajando, habremos hecho unas 2 horas hasta el campamento base Plaza de Mulas. La bajada fue rápida y entretenida, tomamos varios chorreaderos de piedras como desde los 5,200 hasta los 4,500 mts y a veces podíamos brincar o correr, obvio con sus respectivos resbalones y sentones. A lo lejos se divisaba el campo base y se veían algunas mulas llegar, le pregunté a Pantoja que si conseguíamos una mula de una vez salíamos de la montaña a lo que ambos dijimos que sí. Me apresuré en bajar y llegar al campo base, ahí nos encontramos con Flor y con Jeremías, un guía que nos aconsejó días antes, les platicamos de nuestra escalada, comimos pizza y brindamos con un par de cervezas. También tuvimos el respectivo baño vaquero con toallitas húmedas y cambiar a ropa semi limpia, la que usé para llegar al campo base. A las 3 de la tarde partieron nuestras maletas de 30 kgs cada una con las mulas, nosotros nos quedamos con uno 4-5 kgs en la espalda para salir de la montaña ese mismo día. A las 4 pm hicimos el check out con los guarda parques y nos enteramos que el día anterior, durante nuestro ascenso a cumbre, los vientos estuvieron en la mañana a 70 km/hr y en la tarde a 65 km/hr, algo importante para la altura en la que estuvimos. Flor nos había dicho que los clientes lentos hacían 6 horas hasta Horcones, a nuestro paso nosotros haríamos 4 horas y esto pintaba bien pues saldríamos con luz, por lo que confirmamos a la salida del parque que nos recogieran a las 8:30pm para llevarnos al hostal. El tramo de Playa Ancha fue largo y tedioso, sin ganar metros de desnivel negativo, la verdad los tiempos que nos dijo Flor no se respetaron, a las 8pm apenas estábamos pasando por Confluencia, a las 9pm nos anocheció aún caminando dentro de la montaña. Durante el atardecer me asombró ver la cara sur del Aconcagua, es la pared más imponente que he visto en mi vida, casi vertical y con diferentes variantes para ser escalada, pero este es otro nivel de escalada que aún me queda lejos de mis habilidades y experiencia. A las 9:30pm llegamos a Horcones, hicimos 5.5 horas desde Plaza de Mulas, algo que creemos es buen tiempo. Nosotros esperábamos un buen regaño por parte de los guarda parques por salir de noche, pero no nos dijeron gran cosa, nos ayudaron a volver a contactar a Damián que nos llevaría al hostal, pero no tuvimos éxito. Al final fue por nosotros un chofer de la empresa Inka y nos llevó al hostal, mientras estuvimos esperando, nuestros cuerpos se enfriaron y comenzamos a sufrir el cansancio, los músculos se empezaron a contraer, rodillas a doler, etc. La verdad no esperaba menos, lo que hicimos de bajar en un mismo día desde Berlin a casi 6,000 mts hasta Horcones a 2,950 mts no es cualquier cosa. De hecho este día fue más cansado que el día de cumbre. Cuando llegamos al hostal nos pasaron al comedor donde había más gente conviviendo, pero había mucha luz y esto me hizo nublar la vista, me imagino porque traía las pupilas acostumbradas a la oscuridad. Dejamos nuestras cosas, agarramos dinero y fuimos a la lonchería de Don Roque a unos 200 mts del hostal, esta caminata fue dolorosa, igual la de regreso. Comimos unas tortas enormes bien ricas como con 10 ingredientes, con una torta cada quien tuvimos para llenar nuestro estómago hambriento. Platicamos con los dueños del lugar, cuando nos vieron todos cansados, quemados, lastimados de la garganta, nos dijeron que presumiéramos que habíamos bajado desde Berlín hasta Horcones en un día, que eso no cualquiera lo hace. Volvimos al hostal y por fin pudimos disfrutar de un baño normal y una regadera, el agua caliente, jabón y shampoo se sienten de lo mejor después de 11 días sin bañarse. Al regresar a la ciudad invitamos un asado a la familia de Facundo, por la hospitalidad y para compartir nuestra experiencia en una buena cena.

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Algo que me gusta de la montaña es que enseña a valorar las cosas simples que nos rodean, el poder sentarse en una mesa, comer cada quien en su plato, tener un baño, alimento y bebida disponible 24/7, ropa, una cama, etc. Son cosas que pasan desapercibidas, pero en la montaña se extrañan y al llegar a la civilización se valoran mucho.

En el Hostal de Nico leí una frase que me gustó mucho y con la cual me identifico: “Quizás el montañismo sea una excusa para encontrarse con uno mismo, una manera de medirse, una forma de llegar a conocerse, de aprender de los propios límites.” Son palabras que he tenido presentes desde que hago montañismo, en esta montaña superé mis límites y me conocí aún más como persona y como montañista.

Estuve revisando tablas de medición de sensación térmica por el efecto del viento y las temperaturas de -16°C a -18°C con vientos de 60 a 70 km/hr pueden disminuir la sensación térmica de -30 hasta -36°C. Nunca había vivido este frío, mi elección de ropa fue correcta, de muñecas a tobillos no pasé frío, en las piernas traía 3 capas: lycras largas, pants polar y pantalón gore tex. En el torso traía 6 capas: 2 playeras, chaleco polar, chamarra sintética, chamarra gore tex y chamarra de plumas. La condición de mis manos y pies es otra historia, ahí sí sufrí mucho frío.

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Ci vediamo in vetta, non mollare.

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4 comentarios sobre “Cerro Aconcagua

  1. reitero mi comentario anterior,estan muy verdes,les hace falta ver mas ……montañismo. se preocupan mucho por los tiempos ,nosotros Israel y yo hicimos 4.30 hrs. de mulas a berlin y de berlin a la cumbre solo 3 30 hras. solo para calentar y aclimatar antes de intentar la sur. si no me conocen,preguntele a Araujo el me conoce muy bien .

    saludos cordiales jguzman.

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      1. Hola Montañista top,si nunca has ido al Aconcagua,ve para que te des cuenta que la via normal es fácil para montañistas con experiencia,mis comentarios para los trepacerros que fueron a esa montaña no son para minimizar su éxito,al contrario me da gusto que lograran la cumbre.si no me conoces yo escale por primera vez esa montaña en Enero de 1993 por el glaciar de los polacos,antes escale el Alpamayo y el Huascaran en Peru y el Huayna Potosi,Ancohuma y el Monte Illampu en Bolivia.Cumbres que me dieron la experiencia y aplomo para afrontar vías de mas calibre y no ocupe servicio de guias.

        Como vez no soy cualquier montañista,mis comentarios son constructivos, si ellos no los toman asi no es mi problema.

        Yo si los tome de Carlos Carsolio,Ricardo Torres Nava,Hector Ponce de Leon,Andres Delgado (QEPD) y de algunos guias amigos que trabajan en las altas montañas de Mexico.

        y me da tristeza ver el atraso de nuestro montañismo expedicionario que quiere correr antes de aprender a caminar.

        Saludos JGuzman..

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