Conquistando el Iztaccíhuatl

Reseña escrita por: Mandy Ramirez
Fecha: 21 de febrero de 2016

La idea de subir un volcán vino a mí el semestre pasado cuando me uní a Trepacerros en septiembre de 2015. Todo empezó cuando un amigo alemán, que también era nuevo en el club, me comentó que él quería ir a la salida final que era un volcán. Yo pensé: “¿Cómo? ¿De verdad un volcán? ¿Se puede hacer eso en México? ¿No es peligroso y te puedes caer dentro en la lava?” Como se podrán dar cuenta, mi conocimiento de los volcanes y de cómo subirlos era nulo, pero me gustan los retos y entonces pensé: “¡Va, yo también voy!” Así que cuando nos enviaron el mail para la clase de alta montaña, ahí estuve y aprendí cómo debes de prepararte, qué debes de comer, cómo es el equipo, la vestimenta, etc. Al salir del salón ese día, estaba muerta de miedo; no sabía que subir un volcán podría costarte la vida si te da el mal de alturas y te provoca un edema pulmonar o cerebral. Yo sólo pensaba que debías de tener muchísima condición, pero igual seguí con la idea de que sí quería subirlo. Así fue que empecé a prepararme con todos los demás, yendo entre semana a entrenar corriendo en un cerro, los fines de semana con peso y altura entrenando en montañas arriba de 3,000 msnm y mi habitual clase de acondicionamiento físico por las mañanas. De repente, se llegó el día de ir con el club al volcán Citlaltépetl, pero no pude subir porque el grupo que iba traía un ritmo mucho más rápido que algunos de los que íbamos por primera vez y tuvimos que regresar.

1

Estaba desanimada, pero no tanto como para tirar la toalla. Entonces regresé a Monterrey y me puse a entrenar súper duro con todo lo que había aprendido en el club para prepararme e intentarlo otra vez en unos cuantos meses. Fue así que se presentó la oportunidad de subir el volcán Iztaccíhuatl con personas del club de la Ciudad de México.

La aventura comenzó un viernes en la madrugada del 19 de febrero de 2016, en la que llegamos a la Ciudad de México Edgar y yo para encontrarnos con Diego y de ahí irnos el sábado temprano al refugio. Antes de irnos, Edgar y yo fuimos a comprar provisiones. Yo estaba súper nerviosa y estaba tirando casi todo al piso en cuanto lo agarraba, pero al fin logré comprar todo lo que necesitaba, aunque al final creo que llevamos algunas cosas de más, pero como dice el dicho: más vale prevenir que lamentar.

Después de eso, emprendimos el viaje a nuestro destino escuchando algo de música y platicando en el camino. Los paisajes que se van viendo al llegar al parque Izta-Popo son increíbles. Llegamos al Paso de Cortés y veníamos preparados para dormir en tiendas de campaña porque nos habían dicho que no había lugar en el albergue de Altzomoni, pero al final sí hubo y pasamos la noche refugiados del frío. Ahí en el Paso de Cortés nos encontramos con Adar, quién estaba entrenando para subir el Aconcagua y quién se había puesto de acuerdo con Diego para unirse a la salida.

2

3

4

Llegando, lo primero que hicimos fue caminar hasta el tercer puerto para aclimatar. Aquí, Adar le siguió hasta el refugio de los Cien donde lo encontraríamos más tarde. Nosotros regresamos a Altzomoni para cenar y “dormir” antes iniciar el ataque a la cumbre. Pongo dormir entre comillas, porque Diego y Edgar pudieron dormir tranquilamente y súper bien, pero yo no pude dormir nada por varias razones: la mezcla de nerviosismo, emoción, miedo y ratones del campo que corrían por todas partes en nuestra habitación intentando comerse nuestra comida.

Despertamos a las 12 am para alistarnos y a la 1 am empezamos con la caminata. Llevábamos prendidas las headlamps, pero nos dimos cuenta que con la luz de la luna podíamos ver, entonces las apagamos por un momento. El cielo y la luna se veían increíbles; el frío no estaba tan intenso como pensaba, pero aun así sí me congelé en algunos momentos. Empezamos bien, con buen paso todos, pero al cabo de 1 hora empecé a retrasarme un poco, sentía que me faltaba mucho el aire. Era una sensación súper extraña, porque me sentía bien pero casi cada 4 pasos tenía que pararme a respirar y no entendía qué me estaba pasando. Diego y Edgar iban adelante y se paraban a esperarme, pero yo sentía súper raro, era cómo caminar en un planeta diferente con una atmósfera diferente. Nunca he probado las drogas, pero me imagino que debe de sentirse algo así, porque es como si tu mente estuviera en un lugar y tu cuerpo en otro; como una escisión extraña entre lo que tu cerebro quiere hacer y lo que tu cuerpo realmente hace. Fue entonces que me pasó por la mente la idea de desistir: a ese paso pensé que jamás llegaría y apenas era el inicio.  Estábamos ya por llegar al refugio de los Cien y Diego me dijo que llegando ahí podía tomar la decisión de quedarme o seguir.

Cuando llegamos, había demasiados ratones corriendo por todos lados y me daba miedo quedarme con ellos ahí; fue por eso que decidí seguir caminando. Es broma, no fue por eso: la verdad es que pensé que había entrenado demasiado duro y que esta experiencia era realmente algo que me sacaba mucho de mi zona de confort y que no podía rendirme tan fácilmente; por ende, decidí continuar. A veces tu cuerpo se tarda en responder, pero siempre he pensado que la mente es más fuerte, por lo que me enfoqué en controlar mi mente y que ella se encargara de mi cuerpo.

Seguimos hasta que nos topamos con el amanecer. No tengo palabras, fue hermoso: los volcanes, el sol, los colores, la paz, el sudor, la atmósfera alienígena, los montañistas…es una mezcla mágica.

5

6

Lleando Seguimos y seguimos hasta llegar al glaciar. Fue la primera vez que usaba crampones y piolet, pero no fue tan difícil: pensaba que sería más complicado. Además, Diego nos ayudó a ajustarlos la noche anterior y nos explicó súper bien cómo usarlos. De igual forma, Fu nos había dado ya indicaciones de cómo caminar con ellos cuando nos los prestó. No era complicado, pero sí se me hizo como 3 veces más cansado que caminar por tierra normal. Además, el hielo estaba extraño, no era liso, sino que tenía muchas ondas como si fuera un mar o río en movimiento congelado.

7

8

Después del glaciar, subimos y bajamos, subimos y bajamos, subimos y bajamos muchas veces hasta llegar a una falsa cumbre. Sentí que jugaron con mis sentimientos, porque para ese entonces yo ya andaba en modo zombie y sólo tenía algo en mi mente: llegar a la cumbre. Entonces, al llegar a una de las últimas subidas, un grupo de personas me grita: “¡Felicidades, ya llegaste!” y me aplauden y yo “¡Wow! lo hice”, pero no, los demás me decían que esa no era la cumbre y que debíamos de seguir. Entonces, seguimos subiendo y bajando, subiendo y bajando hasta llegar a otra parte de hielo que estaba muy suave, por lo que no necesitamos los crampones. Después de la parte de hielo, quedaba una subida con una especie de chorreadero extraño que subimos rápidamente y luego, el momento: llegamos.

9

10

El día nos tocó súper claro y hermoso. Las vistas desde la cumbre eran elegantes e imponentes: cielo azul en diferentes tonos, volcanes, nubes, ciudad, campo… Nos quedamos alrededor de 30 minutos disfrutando del triunfo. Sin embargo, mi mente o yo, o ambas nos hicimos una jugada sucia. Yo me había mentalizado en darlo todo para llegar, pero olvidaba que había que esforzarse igual o más para bajar. Lo bueno fue que Diego sugirió que bajáramos por otro camino más corto conocido como Ayoloco y todos estuvimos de acuerdo; pero aun así, mis piernas me reclamaban ya. Por lo tanto, iba bajando súper despacio y me caía todo el tiempo. Además, ese camino estaba muy expuesto al sol y pronto me acabé el agua que me quedaba.  Al parecer, todos veníamos enfrentándonos con nuestros propios infiernos en el regreso: sed, hambre, calor, peso, dolor, fatiga… por lo que llegamos en diferentes momentos al carro. Para alrededor de las 6 pm, ya estábamos todos de vuelta y listos para regresar.

11

No sé si han tenido de esas experiencias en las que te cuestionas todo tipo de cosas, desde: “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí?”, hasta cosas banales como: “¿Qué voy a comer al terminar o por qué mi ropa no combina con mis botas?” Pues ésta fue una de ellas. Algunas preguntas se contestaron, otras no; pero al final sólo me quedé con una: ¿cuándo será el próximo reto?

Armandina Ramírez Tamez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s