El Sapo/Cerro del Fraile

Reseña escrita por Ana Silvia Ibarra Sánchez
Fecha: 18 de Octubre de 2015
Fotos:

Me gusta la montaña por muchas razones. Entre ellas, es porque ella nos hace experimentar infinidad de emociones durante el pequeño tiempo en el que la visitamos. El recorrido del cerro del Sapo es una excursión en la que experimentamos múltiples emociones y sensaciones exclusivas de montaña. Primero, el cerro está en zona desértica y el camino hacia la cumbre normalmente está expuesto al sol casi en toda su totalidad, son contados los pequeños tramos de sombra que tenemos en el camino después de llegar a la mitad. Sin embargo, a cambio de eso el cerro del Sapo nos regala algunas de las vistas mas hermosas e impresionantes de los cerros en la zona relativamente cercana a la ciudad de Monterrey. Cabe aclarar que todas las cumbres y vistas de todos los cerros son fascinantes, pero en verdad puedo decir que ésta es de mis favoritas montañas en lo que llevo saliendo con el Club.

El Sapo 1

Empezamos el recorrido pasando las 8:30 am, esperamos a un carro que se nos perdió en el camino de ida hacia García desde la Pantalla del Tec, pero gracias a la tecnología de ahora, alcanzaron al resto del grupo en solo un ratito hasta el lugar donde nos estacionamos.
El día estaba despejado por lo que el sol amenazaba con acompañarnos en la mayoría del trayecto, así que la mayoría del grupo cargábamos con mas de 3 litros de agua. De acuerdo con las voces de la experiencia, nunca falta a quien se le termina el agua, por lo que los estimados y sabios guías responsables llevaban agua de más. De 17 personas que iniciamos ataque a la cumbre, 12 personas logramos alcanzarla. “Si bien esta no es la salida más pesada, es de las más pesadas” dijo el guía como introducción en nuestro primer descanso en El Arbolito, ya que a pesar de ser medio semestre, gente nueva quiso incorporarse a las salidas. Desde el estacionamiento hasta la primer parada en El Arbolito, por mi mente ya habían pasado varias cosas como por ejemplo: “Hace demasiado calor” y conforme nos íbamos acercando a la base de la montaña también pensé si era en serio que íbamos a subir todo eso, todavía pasa por mi mente esa pregunta a pesar de llevar año y medio saliendo con el club. Y dicho y hecho, todo ese gran cerro en forma de Sapo lo subimos y lo volveremos a subir. Después de la primera parada siguió el camino hasta La Cueva, un camino con buena pendiente y decorado con tiernos magueyes y espinas. A pesar de la típica separación del grupo en punta y reta, se alcanzaba a oír en todo el valle los gritos de dolor de quien se alcanzaba a topar con esta diversa y espinosa vegetación. Durante este trayecto empinado de duración de aproximadamente un poco más de una hora, para mí fue el inicio de la parte del reto mental. “No te pares” me decía a mi misma, pues en mi visita anterior recordaba que me vencí demasiado pronto en esta parte, por lo que si bien mi reto era llegar a la cumbre, también era el no tirar la toalla al menos en esa parte hasta La Cueva. “Más rápido” después pensé, cuando vi a Oscar cerca adelante de mi. Pasando el periodo de concentración, llegó la depresión, pues justo cuando alcancé al guía, nos dio la noticia de que aún no pasábamos por el chorreadero, no lo recordaba, la parte de “pérdida de energía y de desesperación”. El Chorreadero es la parte con un poco mas de pendiente y llena de piedras sueltas, es decir si pisas mal, te resbalas; es un poco difícil de avanzar y de disfrutar si avanzas un paso y te resbalas dos. Una vez aceptado el reto, termine subiendo esta aparte con las manos también, al igual que con mucho cuidado, para no resbalarme junto con las piedras. De mi compañero de enfrente me cayeron varias piedras y tuve que recordarle que avisara para que pudiera estar alerta, es requisito gritar ¡piedra! a pesar de no visualizar a nadie cerca.
Llegando a La Cueva sentí alegría y mucha paz en lo que llegaba el resto del grupo, espero que no me malentiendan, me gusta mucho convivir con la gente pero se disfruta bastante el sonido ausente de voces humanas con solamente la voz de la montaña: el aire que pegaba con las paredes verticales, los árboles y plantas, el sonido de aves y animales y todo eso un poco interrumpido con el inevitable sonido de tu corazón queriendo escapar agitado por la garganta.

El Sapo 2

Se terminó la sombra, pensé. El camino después de la cueva hacia la cumbre no tiene sombra, pero justo antes de empezarlo el Sapo nos dio la bienvenida y primera recompensa con la impresionante vista hacia un barranco inmenso en donde se podía divisar gran parte de García, a lo lejos el cerro de las Mitras y el San Miguel. En ese momento y para mi sorpresa el cielo se nubló y el aire empezó a soplar fuerte y frío, el camino a la cumbre ya tenía doble vista, a la derecha un vacío inmenso y a la izquierda, pues también. Agregándole a eso, tu vista al frente es de una pendiente que parece terminar y ser la cumbre. Lo bueno de todo ese panorama es que me hizo hace olvidarme del cansancio y del hambre, vas a paso anonadado por lo que se encuentra alrededor de ti. La gran nube que nos acompañó durante el trayecto nos refrescaba delicioso, y ya cerca a la cumbre no podían faltar las risas. Había que desescalar una pared para continuar con la siguiente parte de la cresta, David fue el primero en bajar con facilidad y muchos lo miraron con cara de “¿es en serio?” y los que pudimos le seguimos el paso con cuidado, cuando me di cuenta, el se estaba poniendo como soporte para que todos se apoyaran sobre su espalda y pudieran bajar. Al llegar Oscar, tomó su lugar y así pudieron bajar todos. Fue bastante entretenido observar al grupo hacer este tipo de cosas, lo bueno es que ese tipo de maniobras no terminaron ahí. Ya llegando a la cumbre, tuvimos que pasar por la ultima prueba que nos puso El Sapo, a unos más que a otros por el miedo a las alturas, este fue caminar por un camino muy estrecho en donde estás muy cerca al borde del abismo tan impresionante, para después caminar por la izquierda de lo que es el ultimo chipote, alias la cumbre. El resto del camino a la cumbre para mi olía a comida pues ya eran las 2 de la tarde, y llegar tuvo ese sentimiento de logro y felicidad tan característico de hacer montaña. Por último mencionaré que si bien fue muy divertido subir toda esa pendiente con piedras sueltas, el regreso en la bajada lo estuvo todavía más. Tiene que ver con el tratar de bajar con el cuidado suficiente para no resbalar y caerse de sentón y no estrellarse con algún maguey. Al final del trayecto la mayoría acabamos lo suficientemente cansados, llenos de todas esas emociones que comento que uno pasa al hacer un recorrido como éste, llegamos a la conclusión de que las vistas que tiene El Sapo no son nada gratis, tiene un precio tanto de subida como de bajada que por supuesto, vale la pena.

Ana Silvia Ibarra Sánchez
Trepacerros Agosto-Diciembre 2015

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Un comentario sobre “El Sapo/Cerro del Fraile

  1. Algun dia quiero ir, este domingo subi a la antena del cerro de la silla, fue una experiencia muy fuerte e inolvidable. siempre que veo ese sapito me captura con su hermosa y caracteristica silueta, me gusta detenerme a contemplarlo … saludos a los trepacerros!

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