Cañon el Guaponal (Rayones NL) ff

Reseña escrita por Alejandro Gutierrez
Fecha: 4 de Octubre de 2015
Fotos:

En la salida del 4 de Octubre, tuvimos la oportunidad de visitar el cañón Guaponal de abajo, también llamado Cañón de la leche, ubicado en la zona de Rayones, Nuevo León. La aventura inició a las 7:00 de la mañana, de donde partimos de rectoría para llegar a la zona de rayones, he de hacer notar que el solo viaje para llegar a esta zona fue una experiencia inigualable, ya que entre los paisajes montañosos, la vegetación virgen de la sierra y los caminos turbulentos por los que cruzamos hicieron de nuestro recorrido un viaje especial. Tras unas dos horas de camino aproximadamente, llegamos al Pueblo, donde dejamos los carros y nos montamos a las camionetas, debido a que el lugar de donde partiríamos tenía un camino poco accesible para casi cualquier carro (los que íbamos en la caja de la camioneta terminamos empanizados, por todo el polvo que iban levantando las camionetas). Y fue así que tras otra media hora de recorrido llegamos a una casa que sería nuestro punto de partida.

Nos repartimos el equipo y a ¡Empezar a caminar!, así daría por fin inicio la aventura que acabaría hasta el anochecer. Todo el recorrido era árido y lleno de plantas espinosas, algo típico de la vegetación neoleonesa, sin embargo algo que estuvo cool fue que algunos compañeros encontraron figuras de fósiles plasmados en alguna piedra mientras caminábamos. Total, después de caminar un poco más de una hora y saltar una que otra valla llegamos al inicio del cañón, donde antes de seguir avanzando tuvimos la oportunidad de tomar una clase rápida de rappel para los nuevos y refrescar la técnica para aquellos un poco más avanzados. En mi caso, ya tenía algo de conocimiento sobre el rappel, pero la clase express me ayudó a reafirmar conocimiento que me serviría para lo que íbamos a encontrar más adelante.

Tuvimos la suerte de toparnos con un rappel pequeño como primer obstáculo, tras superarlo sin ningún contratiempo, seguimos avanzando cuesta abajo recorriendo el río, el primer rappel estuvo sencillo, fueron como unos 4-5 metros (a ojo de buen cubero) y ¡al agua patos!. Como éramos muchos pusieron dos rappeles para agilizar el proceso y una vez que habían bajado los primeros cinco, comenzamos a avanzar al siguiente rappel para instalarlo, así continuamos el recorrido.

En este punto quiero agradecer el dinamismo y experiencia de los guías, ya que debo admitir que en esta ocasión fuimos un grupo numeroso, un poco más de 20 personas, bastante heterogéneo en cuanto experiencia en montaña, por lo que si no hubiera sido por la agilidad de los guías de poner más de un rappel o el coordinarse para instalar un nuevo rapel en una nueva estación, creo que hubiéramos acabado hasta el anochecer.

Así fuimos avanzando unos dos rapeles más aproximadamente, hasta toparnos con el penúltimo reto, el cual significó mucho para mi, debido a que mientras descendía, poco antes de llegar a la mitad de la cascada, tuve el infortunio de resbalarme mientras pisaba la pared mohosa; lo que hizo que girara en el aire y golpeara mi costado contra la pared. Creo que si no hubiera sido por el seguro que me estaban dando allá abajo y por mi renuencia a dejarme caer el desenlace no hubiera sido del todo agradable, pero afortunadamente no paso a más que un amargo sabor de boca y unos raspones que todavía duelen mientras escribo esta reseña.

Tras superar aquél reto por fin nos topamos con la prueba final, un rapel ENORME, para el cual avanzamos unos 5-6 metros, luego bajamos otros 8 metros por la cascada para llegar a un zona de descanso y nadar otros 5 metros para llegar a la segunda parte de la cascada y dar por terminado el desfile de cascadas. He de hacer notar que de igual forma este fue un lugar donde más nos tardamos, ya que al ser un grupo numeroso tuvimos que esperar a que todos bajaran para por fin tomarnos la foto grupal, evidencia de nuestra aventura.

Después del reencuentro del grupo y del pequeño lunch-break que nos dimos, seguimos caminando junto al río otra media hora aproximadamente, hasta llegar a la casa donde habíamos dejado las camionetas. Y para sorpresa mia y la de la mayoría del grupo, la familia de la casa donde dejamos los carros nos estaba esperando con comida casera. ¡QUÉ DELICIA! No saben cuanto disfrute tremendo manjar que nos habían preparado, el conjunto de guisos, sopa, frijoles, huevo, con un agua de melón digna de recordar y unas tortillas calentadas en comal fueron la combinación perfecta para cerrar aquella aventura, todo eso aunado al gran ambiente que cargan los trepas, hicieron que disfrutara la comida entre tacos improvisados y divertidas anécdotas.

Luego de acabar de comer y de que se disipara un poco la lluvia que había empezado cuando recién llegamos, era hora de treparnos a la camioneta para regresar al pueblo donde habíamos dejado los carros. Y debido a la limitante de espacio en la parte delantera de la camioneta, nuevamente me tocó estar en la batea, cosa que agradezco, ya que de no hacerlo me hubiera perdido aquellos increíbles paisajes que nos ofrecía la sierra después de la lluvia. En fin, después de otra media hora por fin habíamos llegado al pueblo donde estaban los carros, y después de tomar las medidas por fin tocaba conducir para regresar a Monterrey. No se si lo siguiente debe estar escrito en la reseña, pero aun así lo comentaré. Considero que el viaje de regreso fue una de las partes que más disfruté, luego de compartir todo el día con el grupo, el manejar entre la sierra, sobre una carretera desolada, bajo la luz de luna y entre la calidez de la música y las anécdotas de los tripulantes del carro, hicieron que el tiempo se pasará más rápido, olvidáramos nuestro dolor físico y nos llegáramos a conocer un poco más entre todos.

Por fin, luego de otras dos horas llegamos al punto de reunión, de donde habíamos partido en la mañana, un poco después de las diez de la noche.

Unas palabras que me gustaría comentar antes de terminar con esta reseña es que muchas veces no importa el camino que tomes o el destino a donde vayas, muchas veces es la gente que te acompaña la que hace que aquellas historias sean inolvidables y disfrutes más el viaje. Espero no sonar romántico, pero creo que muchas veces es indispensable salirse un poco de la rutina, desconectarse de la tecnología y disfrutar de la vida, y por vida no me refiero a la propia, si no a la que nos ofrece el planeta con los bosques y las montañas que muy poca gente se atreve a pisar.

Finalmente quiero agradecer al grupo, en mi poca experiencia me he dado cuenta que más que un grupo son una familia, ya que son aquellos momentos de escases, hambre y miedo, donde sale a relucir la humanidad y compañerismo de los miembros. Gracias por enseñarme un poco más de este increíble hobbie que es el montañismo y espero, mientras me queden fuerzas, continuar realizándolo.

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