Puerto el Muerto

Reseña escrita por Guillermo Gutiérrez
Fecha: 31 de Agosto de 2014
Fotos: Sheryl Rizzo y Sebastian Staudt

Teniendo unas semanas de llegar a un mundo totalmente diferente, a una escuela donde no conozco ni siquiera donde están los baños, los salones, la gente es nueva, los maestros; en fin todo es nuevo para mí. Lleno de ilusión y de ganas por salir del calor de la ciudad, el tráfico y la nueva rutina me decidí a decir que si a una nueva aventura.

La opción de salir de excursión llego a mi correo y al abrirla simplemente dije, por qué no? En seguida me puse a hacer mi maleta con todo lo necesario para salir de campamento. Sinceramente yo creía que este sería muy diferente, ya que como no había estado en un grupo así y no conocía a nadie mis expectativas eran muy bajas. Llegué puntual al sitio de reunión y después de varias vueltas para ir a comprar cosas nos pusimos en marcha hacia un lugar llamado el “Salto”.

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Durante el camino las personas que venían conmigo platicaban de todas las excursiones que habían hecho con el grupo “trepacerros”; tenían muchas historias de todo tipo para compartir, desde paseos “tranquilos” como el que yo iba a tomar al día siguiente, competencias y viajes a diferentes volcanes de la república. Mientras los escuchaba yo pensaba, ¿Qué tan difícil podrá subir un cerro?; así que muy confiado esperaba con ansias que llegara el domingo y comenzáramos a subir una montaña.
Cuando llegamos a la zona de campamento me di cuenta que el anuncio de internet que decía “alcohol permitido, por única ocasión” había sido tomado demasiado enserio. Todos estaban emocionados por convivir y hacer de ese campamento de integración el mejor de todos.

Cuando comencé a armar mi casa de campaña; según yo haría la cama más cómoda con unas ramas que arranqué y que puse debajo de mi tienda; lo que no me esperaba era que ese campamento tan cómodo y bien armado se enfrentaría con una pequeña tormenta.

CSC_0338Justo cuando la tormenta comenzó mis amigos y yo estábamos a punto de poner nuestra carne en el asador, pero de pronto todos corrieron y se olvidaron de hambre que teníamos, así que no me quedo de otra más que ayudarle a algunos trepacerros que al igual que yo, no podían aguantarse sin comer un momento más. Creíamos que sería buena idea tapar el asador con una casa de campaña que todavía no estaba armada, pero no consideramos que toda el agua se estancaría dentro de ella y cada vez se haría más y más pesada. Creo que este momento fue uno de los más divertidos de la excursión, ya que de pronto comenzó a llegar más y más gente a ayudarnos a que el fuego no se apagara, y de paso nos quitaban un poquito de carne. Cuando la lluvia termino la mayoría de la gente estábamos un poco borrachos y comenzamos a hacer cosas de las cuales por alguna extraña razón no recuerdo.

Al día siguiente desperté y comenzamos a desayunar, para mi suerte el desayuno estaba listo, así que para no ser mal educado me comí algunos hot cakes. Después del desayuno todos nos calentábamos en lo poco que quedaba vivo de la fogata y a las 10 dejamos el salto para ir hacía nuestro destino, el cerro del muerto.

Cuando comenzamos a subir los 17 desvelados valientes buscábamos la forma de un muerto en la montaña sin tener éxito, cada vez que subíamos más el camino era más dudoso, ya que no conocíamos a la perfección la ruta para llegar al muelle de la montaña.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAA medida que subíamos cada vez más me di cuenta que estaba equivocado; no es nada fácil subir un cerro. Después de dos horas y 5 minutos de subida por fin llegamos al muelle a comer para recuperar energías, la vista desde ese punto era increíble, podíamos ver a lo lejos el pueblo donde habíamos empezado y unas cabañas que parecían que en cualquier momento se derrumbarían. No sé si fue debido al nombre del cerro, pero justo cuando dijeron: vamos a dormí un poco; yo caí como un muerto.

El regreso también fue muy interesante, ya que podíamos observar como la neblina se acercaba cada vez más rápido; temiendo que nos lloviera en el camino apresuramos el paso para llegar a la camioneta y poder ir a probar las empanadas de manzana que tanto nos habían presumido. Cuando llegamos a los coches todos podíamos ver el punto hasta donde habíamos llegado con mucho esfuerzo. Cansados y con muchísima hambre comenzamos nuestro regreso.

IMG_8877Cuando llegue a habitación no podía ni abrir la boca para decirle hola a mi compañero de cuarto, pero con una sonrisa en la cara y apestando a carne, fogata y humedad, me fui a dormir sabiendo que había tomado una buena decisión, esta aventura no había sido en vano; una experiencia más en mi vida, una historia más que contar, un reto superado y la primera, pero no la última montaña por trepar.

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3 comentarios sobre “Puerto el Muerto

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