La Marta

Reseña escrita por Mikel Celaya
Fecha: 17 de Agosto de 2014
Fotos: Mikel Celaya y Joaquín Cisneros

Nace un nuevo día en el caluroso Monterrey. Según nos aproximamos a la pantalla, lugar de encuentro del grupo, percibimos un gran aura de buena vibra. La juventud se agolpa esgrimiendo auténticas caras de ilusión pese al gran madrugón. La verdad sea dicha, no conocemos a casi nadie. Que raro se me hace, hasta que realmente me doy cuenta que este es el estreno del semestre. La primera salida de Trepacerros. Comienza la aventura para muchos, comienza el reto de que así sea, para otros.

00 MartaLa mentalización en este caso es muy importante. Al ser para muchos la primera toma de contacto con las aventuras en la montaña, el desconocimiento, la falta de noción en el esfuerzo, etc.… deben ser sustituidas por la ilusión, que por suerte, embriaga el ambiente cerca del nutrido grupo montañista. Como de costumbre en estas primeras salidas, el arranque es un poco caótico para una mente europea enferma, por lo que trato de obviar el todo por el momento y simplemente centrarme en repasar concienzudamente mis enseres para cerciorar a mi olvidadiza mente, que no olvido nada lo suficientemente importante.

Mientras disfrutamos del amable camino rumbo a Arteaga (Coahuila) con destino a las inmediaciones de la Martha, trato de relajarme y disfrutar del cambio de tiempo, el viento fresco y la nueva altura. Por experiencia, recuerdo el cambio de presión y la influencia que tiene sobre mi cuerpo, recordando respirar profundamente y sosegadamente en la parada oficial a mitad de camino. Obviamente, no se trata de un cambio tan espectacular como el que se produce en un viaje a los volcanes del centro del país, pero sin embargo, su influencia se hará presente a lo largo de la excursión en no pocos montañistas. De eso estoy seguro y por ello concentro mis esfuerzos en sentirme fuerte para poder echar una mano en lo posible, para que la experiencia sea enriquecedora y no cunda el desánimo.

Al llegar al comienzo de la excursión, el tiempo es fresco como siempre en Mesa de Tablas. Me encanta esta sensación de no saber muy bien si comenzar en playera o sacar el jersey. Qué bonita contraposición de ideas que ahorita y gracias a nuestro querido Ben, rápidamente solvento con las preciosas manguitas Trepacerros. Que cosa más util de verdad, me sorprende tanto no haberlas probado antes… se las recomiendo encarecidamente. Un cielo azulado cubierto con unas espesas nubecitas cambiantes, nos presagia el devenir de los futuros acontecimientos. No es de extrañar, dado el rarísimo tiempo de este verano extraño, donde el “singing in the rain” famoso, se ha padecido a lo largo de casi todas las aventuras. Bueno, olvidémonos del tiempo por un instante, ya que tenemos un grupo bien variopinto, muy buena onda, atentamente reunidos expectantes por las indicaciones de los guías de la excursión. Una vez conformados, bien equipados y con amplia sonrisa abandonamos la seguridad del estacionamiento y nos dirigimos por terracería rumbo al comienzo de la vereda.

Este sería el comienzo de una reseña típica, pero como ya me conocen, mis reseñas no suelen ser muy típicas, de hecho, me esmero en que sean precisamente atípicas. Podría proseguir contándoles la maravillosa subida y los zigzags y la cumbre, pero eso sería muy aburrido. Vamos a tratar de darle el enfoque más personal. Al fin y al cabo, esto no es una narración de una historia, esto trata de sensaciones, emociones y sentimientos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATiempo atrás, hubiese evaluado concienzudamente a cada uno de los nuevos, buscando con detalle esos signos que me hiciesen presagiar el nivel y los hubiese encasillado en una tabla ficticia inventada por mi juguetona mente, con el fin de catalogar los diferentes grupos de ascenso que según la pendiente, intuía se formarían. Además, hubiese despotricado un poco, viendo algunos curiosos equipamientos. De hecho, me hubiese alejado por completo de la reta, puesto que es una labor desgastante en estas primeras salidas, o así lo consideraba. Me entristece mucho haber pensado así, de veras. Por suerte, con la experiencia de vida, uno cambia a mejor (espero) y asimila estos hechos, como nuevas oportunidades. Qué mejor que tener la oportunidad, la inmensa fortuna, de poder ser los artífices de que nueva raza se ilusione, comprometa y en definitiva ame, un deporte, ¡no! una forma de vida mejor dicho, tan especial, tan maravillosa, que les cambiará la vida. Pasar un día de aventura por la montaña, disfrutando del esfuerzo, apreciando las vistas, rodeados de buena vibra con un grupo buena onda, no tiene precio. Ese es el fin de la salida, ese es el fin de mi salida, este día a la Martha. Pese a ser una montaña que he tenido el gusto de hollar un buen montón de veces, que no me produce motivación, de hecho, más bien me invita poco y me motiva menos, que sé que pasará mucho tiempo en que vuelva por allá de nuevo, cómo perderme, dejar pasar una oportunidad así, cómo ser tan egoísta de no compartir este sentimiento tan padre. Espero y deseo haber sido bien honesto, buena onda, y haber conducido a buen puerto, todas esas ilusiones que la tropa predisponía con el fin de que al menos, sientan la terrible e indescriptible curiosidad de seguir indagando en la naturaleza, en la montaña, o como más me gusta explicarlo a mí, en la aventura, en su fuero interno, en su ser.

Nos vemos al ratito, seguro.

Mikelaros

Pd. Anímense y no tengan miedo a descubrir una vida aventurera. No se arrepentirán.

Pd2. Para los que quieren saber que más paso en la salida aquí van unas pinceladas, desde mi posición en la retaguardia del grupo:

– Al comenzar la vereda, la pendiente fue tornando a vertical, con lo que el grupo se dividió como era previsible aventurar. Fuimos progresando paso corto y continuo hasta cada una de las paradas de reagrupación. Fue un esfuerzo de motivación, de buena vibra y de sabios consejitos para burlar la mente perezosa que simplemente te insta a abandonar. Se sucedieron historias y juegos mientras poco a poco ganábamos metros hasta alcanzar cada una de las bifurcaciones del camino y percatarnos, mirando al fondo del valle, que el desnivel iba acrecentándose a nuestro paso.
– Aprovechamos para ir conociéndonos todos, para compartir vivencias de otras aventuras, para ponernos al día en definitiva cuenta. Un gusto compartir diferentes vivencias, diferentes formas de ver la vida, en definitiva, diferentes costumbres, diferentes culturas.
– Alcanzamos al grupo en la cresta desde donde progresamos con las mejores intenciones de alcanzar su cima, quedándonos en la antecima donde nos esperaban nuestros amiguitos bicicleteros.
– Bonito lugar, vistas preciosas, buena vibra que en definitiva nos brindó increíbles pláticas y merecido descanso mientras esperábamos al grupo fuerte, que rápidamente alcanzó la verdadera cima y regreso con todos nosotros, para disfrutar del momento.
– Aprovechamos para compartir una buena comida y sus posteriores fotos de cumbre con todo el mundo engalanando su mejor sonrisa postrera.
– Disfruté de conocer nuevos compadres montañistas con diferentes perspectivas y vivencias mientras los dulces y el compañerismo se hacía patente en gente recién conocida en las horas previas a la partida. Qué sensación más padre. Qué buena vibra, qué buena onda.
– La bajada como siempre (en mi caso) es la parte más divertida. El esfuerzo radica en no tropezar y besar el hermoso suelo, mientras con unas coquetas maniobras, desciendes vertiginosamente el desnivel que tanto esfuerzo requiere en la subida.
– Cabe recordar, el juego del goretex, ya saben, que siempre que te lo pones no llueve y viceversa. Esta vez me lo puse y no llovió, hasta que me lo quité y la hermosa y fresca lluvia hizo acto de presencia al instante. Espero no haber sido el gafe o el gato negro, pero a mí, personalmente la lluvia me encanta, me recuerda a casa y me llena de energía, me pone bien contento, radiante, un disfrute eterno.
– El pequeño desliz sin importancia de la bajada de mi compadre Joako y su compañera Itzel, lo vamos a dejar en la anécdota del día.

Pd3. No me gustaría dejar pasar la oportunidad de agradecer a todos los que hicieron posible tan padre experiencia. Desde viejitos a nuevos, pasando por amigos y compañeros de otros clubes que honraron con su presencia, aquel maravilloso domingo.

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2 comentarios sobre “La Marta

  1. hola, me gustaría mucho unirme a los trepacerros ya que quisiera comenzar a practicar un poco de alpinismo (montañismo). quisiera que me contactaran para ver como están las excursiones y ver si puedo comenzar pronto.
    Aquí dejo mi correo: luishandal@hotamil.com

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