Mont Blanc du Tacul

Reseña escrita por Mikel Celaya
Título alternativo: “Pura Vida. Norte clásica al Mont Blanc du Tacul (4248 m.) Chamonix. Francia.”
Fotos: Mikel Celaya

Pura Vida. Norte clásica al Mont Blanc du Tacul (4248 m.) Chamonix. Francia.

Dentro de un humilde coche, unas almas dormidas improvisan un desayuno, rodeados por piolets, crampones, cuerdas, cascos y el dichoso frontal que se desliza entre los asientos. Parking gratuito (supongo por poco tiempo) al lado del teleférico de la Aiguille du Midi, un precioso día de julio a las 5.30 AM. La calma reina en las calles de Chamonix solo enturbiada por el ávido correr de unos jovenzuelos para alcanzar el primer “huevo” de la mañana. Arneses con material diverso, friends y empotradotes tintineando, cuerdas amarradas a tremendas mochilotas y entre todo ello, caras de excitación, felicidad y respeto, escondidas bajo una buena capa de crema solar. 6.25 AM, la barrera se abre y los morlacos se dirigen por los callejones rumbo a la plaza, digo… a la pecera que los transportará en un abrir y cerrar de ojos a casi 4000 metros de altura. Y ahí estamos, posesos en un bunker construido en lo alto de una gran peña, con vistas espectaculares, inmersos en una carrera de crampones dirección quien sabe. STOP. ¿Correr? Eso quedamos que era de cobardes, ¿no? ¿Para qué? Si tenemos un fondo de película, de verdadera postal, donde dejar volar la imaginación y los deseos, detrás de una cristalera con un maravilloso banco donde acomodarnos como montañistas de locura.

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Una vez encordados y correctamente equipados buscamos con incredulidad la graciosa puertecita que separa el mundo turistero-montañero de la felicidad suprema. Una calavera indica que se trata de la puerta para montañistas, ¡no pasar! nos indica. Menuda falacia… para que demonios has subido hasta allí… ¿Para tomarte un café viendo las vistas? “¡Cómprate un DVD y quédate en el p. sofá de tu casa!” Esa sería la respuesta que primero me viene a la mente, pero dado el caso… al menos acuérdate de inmortalizar dicho momento, momento que siempre te recordará aquella aventura perdida.

Puerta abierta, camino a la libertad. Ante nosotros se presenta una arista que serpenteante nos conduce al valle blanco. Las vistas de Chamonix son hermosamente verticales y un desliz hará que tu cuerpo experimente la bonita experiencia de volar en el vacío. Concentración y tranquilidad permiten que, crampón a crampón, piolet a piolet, vayamos descendiendo la arista, manteniendo la tensión de la línea que hoy y siempre, une y unirá nuestras vidas. Símbolo de unidad y confianza, yo hoy te doy mi vida y tu hoy me entregas la tuya, en ensamble, con la Aiguille Verte, las Grandes Jorasses, la Aiguille de Rochefort y el Diente del Gigante como únicos testigos.

P7120220Atravesamos el extenso valle blanco a los pies de la sobria e inquebrantable Arista de los Cósmicos hasta alcanzar el collado donde ante nuestros ojos yergue la apabullante cara norte del Tacul. El triangulo pétreo perfecto de su cara este surcado por dos imponentes corredores helados hacen soñar a los puristas con una línea recta hasta su cima. Para los más recatados, la vertiente norte nos espera adornada con bonitos seracs formando sombras y figuras colgantes merced a los primeros rayos del sol. Los días previos, desde nuestro camping en Les Bossons, estudiábamos la pared tratando de intuir la ruta más sencilla técnicamente y menos expuesta a la caída de seracs. Una vez a sus pies, el trapecio perfecto que divisábamos a lo lejos, se convierte en una rampa homogénea de 45 grados surcada por dos impresionantes grietas que la dividen horizontalmente.

P7120218Vamos ganando altura sobre las zetas, perfectamente trazadas, siguiendo la huella hasta alcanzar el paso de la primera grieta, donde comienzan las aventuras de verdad. A la altura de temporada en la que nos encontramos, la enorme avalancha que barre el lado izquierdo de la pared mantiene el característico puente de nieve en el interior de la grieta. Después de montar una reunión de fortuna utilizando los piolets, analizamos el posible paso y el franqueo de la rimaya que se forma en la salida de la grieta. Soltamos la tensión acumulada en forma de piolet tracción, unido a unas pataditas coquetas y “vualá” después de unos jadeos, el extraplomo de salida superado. La primera prueba de fuego, con más pena que gloria, supongo que la damos por superada. Reunión de fortuna y a asegurar a la compi, que curiosamente, con gran maestría (supongo fruto del miedito de las oscuras profundidades) asoma la cabeza en una abrir y cerrar de ojitos azulados.

P7120206En marcha rumbo a la segunda de las dificultades atravesamos en travesía ascendente la pared norte rumbo al inmenso serac que corona el final de la cara norte y da comienzo al hombro del Tacul. Unas pendientes heladas nos separan de él cuando nos aproximamos a la segunda grieta que por sorpresa, se encuentra prácticamente cubierta pero impone igual o más respeto que la anterior. Un poquito de funanbulismo y unos certeros y rápidos pasitos, con delicadeza y sutileza, hacen que la segunda de las dificultades se esfume casi en el acto.

P7120189Marchamos decididos hacia el imponente serac, con forma de casco naval que una vez rodeado nos permitirá el acceso al hombro del Tacul. Aquí llega el momento de fe. Ahora toca que algunos se encomienden a Dios, otros a Mahoma, quizás otros a Shivá e incluso algunos imploren a la diosa fortuna o a la noble estadística y al cálculo de probabilidades. Curiosamente, al final todos deseamos que ese no sea el momento que al hermoso serac, que al inmenso barco helado, le dé por surcar el glaciar y llevarse por delante a tan intrépidos (y simpáticos por otra parte) montañeros. Negociamos las últimas rampas y finalmente alcanzamos el hombro que corona la espectacular cara norte y brinda ante nuestros humildes ojos una panorámica sublime. Podemos dejar volar nuestra imaginación: vivir las aventuras montañeras del gran Gaston Rebuffat en el Espolón Frendo, rememorar al magnifico Walter Bonatti en el Pilar del Dru e incluso recordar al malogrado Edward whympher, surcando la esbelta silueta del Mattherhorn. Para nosotros hoy es un día grande, pero para redondear el pastel todavía nos falta la guinda. La cumbre espera escondida tras una chimenea de roca, nieve y hielo al final del amplio pasillo que forma el hombro del Tacul.

P7120179Las dudas siempre se presentan a última hora, los miedos, los anhelos y finalmente siempre los deseos. Deseos que impulsan a un cuerpo ya de por si dolorido por la altura y el esfuerzo, hacia la conquista de la cima, pero no de la montaña, sino la conquista de nuestro ser, vencernos a nosotros mismos, lograr imponernos a esas dudas y miedos y sentirnos libres. Ahí estamos en lo más alto,

¡Pura vida!
Leiraros y Mikelaros

P7120185PD. La cima solo es la mitad del camino. La felicidad y el recuerdo permanecen imborrables en la memoria. Las vistas, nítidas, se almacenan en la retina por siempre. La experiencia te acompañara de por vida. Y sobretodo, los amigos y la gente que te quiere siempre estarán presentes en estas aventuras vigilando desde el altar de la lejanía, como ángeles de la guardia. A todos ellos muchas gracias de todo corazón. Nos vemos al ratito, ¡seguro!

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