Pico Cuauhtémoc

Reseña escrita por Verónica Silvia Tijerina Cumplido
Fecha: 6 de Octubre de 2011
Título alternativo: “Me peor miedo”
Fotos:
Altimetría:

Para ser mi última cumbre del año 2011 les puedo decir que estuvo llena de sorpresas, de paisajes increíbles, de enseñanzas llenas de sabiduría pero sobretodo de miedos que afrontar, y digo afrontar y no vencer porque para vencer un miedo creo que se necesitan de muchas confrontaciones antes de cantar victoria. Y pues fue en esta cumbre fue cuando volví afrontar mi miedo a las alturas ya que no pregunte y nadie me dijo que estuviera TANNNNN ALTO el Pico Cuauhtémoc del Cerro Mitras.

Bueno, inicio contándoles quienes fuimos a tan asombrosa expedición, empezando con: Fugaz, Oscar, Joaquín, Daniel Ceciliano, Eugenio, su amigo y yo. Me agrado mucho el equipo, ya que éramos un grupo reducido y la mayoría cuenta con mucha experiencia en trepacerros  y creo firmemente que este fue un factor clave para que tuvieran TANTA PACIENCIA conmigo en relación a mi miedo a las alturas.

Pero bueno, rumbo al camino nos encontramos con un señor y su hijo que venían de regreso debido a que varios de los caminos para subir el cerro de Mitras estaban cerrados por diversos factores poco claros, al final estaban diciendo que tenían que ver con los narcos, quien sabe la verdad pero el caso es que estaban cerrados los caminos. Aun así emprendimos el camino en búsqueda de una vereda, que según Oscar y Fugaz habían reabierto hace poco. No se tardaron mucho en encontrar la vereda ya que realmente estaba muy bien marcada y además la pendiente estuvo maravillosa ya que presentaba muy poca inclinación, entonces hacia el ascenso bastante tranquilo, tanto que por unos momentos me dejaron ser guía, claro que esto no duro mucho ya que todos ellos traen un paso bastante rápido que no se compara con el mío. La experiencia estuvo muy bien mientras duró, ya que realmente mis sentidos estaban muy alertas y además estaba mucho más concentrada en seguir la vereda correcta que en otras cosas que te pueden distraen del camino.

A continuación la maravillosa vereda se terminó, al encontrarnos con la primera escalada de aproximadamente dos metros y medio, la cuál me provoco mucho pánico, pero con la ayuda de Fugaz logre superar  la primer meta. Después de eso la pendiente se fue inclinando, como a unos 70° grados aproximadamente, ya que estábamos escalando pegados a la tierra pero agarrándonos de las raíces de los árboles para trepar, porque la tierra estaba muy floja. Después de ahí vinieron varias escaladas de 90° grado pero con riesgos menores, en donde les recomiendo llevar un mochila ligera para este tipo de escalada. Finalmente las últimas rutas para escalar estuvieron criminales para mí, tanto que Fugaz estaba abajo y Joaquín estaba arriba y uno de me decía donde poner el pie y el otro donde poner la mano para poder escalar; y les confieso que en varias ocasiones grite y me paralicé, y gracias a Dios nunca me solté y más gracias le doy porque aunque estaba aterrada, ellos siempre estuvieron dispuestos a ayudarme para subir  la cumbre.

Llegando a la cumbre me paralicé totalmente,  me quede aferrada a una piedra mientras los demás subían la última escalada, quedándome ahí debido a que estaba muy alto; pero lo más aterrador era girar hacia la derecha y tener un gran barranco y luego girar a la izquierda y tener otro gran barranco, ya que literal caminabas por una senda de un metro de ancho. Después de eso se abrió un poco el sendero y ya no estaba tan aterrador, hasta que por fin llegamos a la cruz y tuve tiempo de sentarme, luego reflexioné y me pregunté: ¿Vero que rayos estás haciendo aquí arriba?… Aún no encuentro la respuesta exacta a esa pregunta pero siempre que llego a una cumbre me asombro por tan magnífica vista pero sobre todo por la calma que se siente estando allá arriba.

Al terminar de comer nuestros sagrados alimentos y de tomarnos algunas fotos emprendimos el camino de regreso, el cuál para mí al principio fue muy difícil ya que si me aterraba subir no se imaginan como me aterraba bajar. Gracias a Dios después de la segunda desescalada se me fue quitando un poco el miedo aunque todavía seguían Fugaz y Joaquín ayudándome a bajar y enseñándome algunos trucos para bajar con una cuerda que había montado Oscar en una ruta. Finalmente, llegando a la última desescalada decidí intentar bajarla yo sola y  para lograr este objetivo deje caer mi mochila, la cual rodo y rodo cuesta abajo y me permitió ver que tanto rodaría si me caía. Preparada para bajar, logre llegar limpiamente al otro extremo; para ese momento venía corriendo Joaquín, no sé si porque oyó el estrepitoso descenso que hizo mi mochila al caer o porque se acordó que faltaba una desescalada y me tenía que ayudar a bajar, el caso es que se sorprendió al verme abajo. Para concluir esta parte, no les recomiendo afrontar un miedo solo, ya que en este caso si me pude haber lastimado, ya que el miedo inhibió mis conocimientos sobre escalada. Pero con la ayuda de Fugaz y Joaquín logre dejar a un lado mi miedo y volver a confiar en todo lo que había aprendido hace ya tiempo.

Después de todo esto la senda se hizo mucho más tranquila e interesante ya que pasamos por dos cuevas que estaban increíbles, una tenía agua (la cueva de la virgen de Guadalupe) y la otra atravesaba el cerro y en las dos cuevas todos nos dimos un buen golpe en la cabeza, lo bueno es que todos traíamos casco sino hay te encargo la descalabrada, ya que en las cuevas en algún punto el techo era más bajo y por estar viendo al suelo no te dabas cuenta que el techo se empezaba hacer más bajo y era donde te golpeabas y más si ibas rápido. Cuando terminamos de explorar la última cueva nos dimos cuenta que ya era un poco tarde entonces se decidió bajar a paso rápido y  me pusieron adelante para ejercer presión a mis talones y bajar rápido, lo cual no sirvió de mucho hasta que alguien dijo: ¡el último en bajar paga los elotes!..Después de eso la mayoría de nosotros tuvimos una razón para bajar súper rápido y literalmente empezamos a  correr tanto que dejamos atrás a Fugaz, Oscar y Joaquín.

Los primeros en llegar abajo fueron Eugenio y su amigo, luego llegamos Dani y yo, a continuación llegó Oscar y finalmente llegaron Fugaz y Joaquín, quienes fueron atacados por una horda de hormigas asesinas que querían devorar a Joaquín por haber desecho su hormiguero, y por esta razón llegaron al final. En fin, solo me queda darle gracias a todos POR SU PACIENCIA Y COMPRENSIÓN durante todo el camino, en especial a Fugaz y a Joaquín que me cuidaron en todo momento. ¡De verdad que valió la pena subir esta cumbre!.. 

Verónica Silvia Tijerina Cumplido

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