Pico San Miguel

Reseña escrita por Rubén (Papi bello) Pabello
Fecha: 13 de marzo de 2011

Espinas, piedras, mosquitos: ¡bienvenidos a San Miguel!

El pico San Miguel empezó siendo una salida problemática días antes de ser planeada.

Para el domingo en cuestión, la idea inicial había sido caminar desde Mesa de Tablas, Coahuila, hacia la montaña, con la meta de alcanzar la cumbre conocida por muchos (ansiada por otros, y odiada por los demás) como La Veleta. Por el hecho mismo de ser una excursión larga, lejana, y con necesidad de acampar con anterioridad, se optó por posponerla a otra fecha, incierta aún. Para reemplazar esta cumbre, Lando hizo la propuesta de aventurarnos de nuevo a Chipinque, con una carrera por La M, La Ventana y Las Antenas.

Más rápido de lo que tomó a los trepas darse cuenta del cambio/cancelación del recorrido en La Veleta, el plan de Chipinque también ya había sido deshecho. Simplemente porque no está permitido en el parque el acceso a más de 20 montañistas simultáneamente. Fue entonces, que surgió (no sé a quién se le ocurrió) la idea de ir a San Miguel. Este pico, ubicado junto a las famosas grutas de García, para quienes no leímos reseñas anteriores, no sonaba intenso ni mucho menos. Pero nos equivocamos.

La tradicional puesta en marcha del grupo ocurrió únicamente 20 minutos después de la hora programada, suficientes para que una persona llegara corriendo al punto de reunión y no encontrara a nadie.  Los 16 trepas ya estábamos cargando gasolina y dejando la organización del convoy en carretera en manos de los que ya conocen el camino. David dirigió la caravana desde el coche de Elena, quien a mi gusto maneja un poco lento y me hizo decidir rebasarla y ponerle ritmo a la mañana. La emoción duró unos 2 minutos cuando los trepacoches de atrás por radio pidieron a mis compañeros de vehículo que no nos aceleráramos tan gacho.

Dejemos el relato de la carretera para otro día y volvamos a lo que nos importa. A primera instancia parecía que sería un día con sol agobiante, lo cual se notó cuando lo primero que la mayoría hizo al tener sus mochilas a la mano, fue bañarse en protector solar. Lo curioso fue no fue que irónicamente no hubiera sol debido a la orientación del sol con respecto a la montaña, o estuviera nublado. Hubo otra razón por la cual la radiación no nos llegó: cruzar la planicie antes del cerro, entre arbustos. Muchos.

Y con espinas.

La subida (formalmente hablando) fue tranquila y realmente no tendría que haber problemas con ella, excepto los rasguñones de la vegetación, la ocasional abeja que acosaba a los paseantes, la caída de Yanira, el tobillo de Tato, etc. Llegamos a la fuente, y los trepas experimentados (cghh viejos cghh cghh) nos platicaron a los nuevos como antes eso dejaba caer agua a cántaros, a diferencia de este domingo cuando solo se veían abejas. Durante el ascenso, se nos atravesó un chorreadero, que como en cada ocasión que se presentan causan quejas, resbalones, gritos de “¡¡Piedraaa!!”, y ganas de subir gateando. Durante la caminada en los espacios abiertos de la subida, se podía medio apreciar la altura que íbamos alcanzando, “comparándonos” con otros cerros como Mitras, de la Silla, y varios más que aun no conozco ni reconozco.

El puerto

Al llegar al puerto antes de la cumbre, alguien por ahí empezó a comer, y los demás siguieron el ejemplo. El inconveniente no era subir a la cumbre desde ahí con los estómagos llenos (de hecho, pocas veces se mencionó algo al respecto), sino estar siendo atacados por cientos de mosquitos atraídos hacia nosotros. La verdad que no era para tanto, yo me la pasé de lujo independientemente de los insectillos aquellos.

Mosquito Mountain

En fin, fuimos saliendo en grupos hacia la cima (algunos dejamos las mochilas en el puerto). Esta parte del recorrido, aunque fue corta, si requirió un poco de trepada y más tolerancia a los mosquitos. Ya no hace falta mencionarlo, pero los que llegaban rápido esperaban a los demás para las fotos grupales, esta vez con más ansias para bajar cuanto antes. Evento cómico de la espera, fue que Piru se parara justo sobre un hormiguero sin darse cuenta, hasta que le dijeron que en vez de tomar fotos debería sacudirse los pantalones.

Ociosidad

Como siempre, el libro de la cumbre fue firmado en conjunto mientras la gente tomaba fotos, descansaba, tomaba agua, etc., tratando de apresurar la foto de todos y comenzar a bajar. Fue empezando el descenso cuando Madelaine cayó unos 1.5m entre dos rocas, afortunadamente sin lesiones mayores. Durante el resto del camino cuesta abajo varios más tuvimos la oportunidad de experimentar involuntariamente la fuerza de la gravedad, pero sin complicaciones ni problemas serios.

Lando, el intelectual (pose para foto muy ad hoc en la montaña, cuando ya nadie sabe como posar)

Uno de los horizontes

Esta ocasión, baje un poco mas rezagado y para la mala suerte de Yanira, me despegué del grupo de adelante y estuvimos “perdidos” entrando al familiar laberinto de espinas. Fueron como 10 minutos en los que no escuchamos ninguna respuesta al “eoooooo”, pero que luego de seguir adelante por una vereda bastante limpia y amplia, yo fui dejando la inquietud a medida que ella la iba generando. Realmente no estábamos desviados, sino que el no haber visto a nadie por un rato fue lo que nos hizo dudar un poco, pero al seguir caminando nos encontramos a Madelaine, y luego a Nifi. Pronto estaríamos en los coches.

Y aunque pronto estuvimos, no tan pronto nos fuimos, ya que aun faltaban trepas, por lo que como buenos compañeros y amigos, nos esperamos hasta el último. Durante la espera, nos percatamos que de los cuatro coches que llevamos este domingo, cuatro eran Honda… deberíamos cobrarles y hacerles publicidad, ¿no?

Honda, patrocinador oficial de los Trepacerros

En el trayecto carretero de regreso al Tec, la velocidad de manejo se mantuvo bajo los límites, varios agentes de tránsito y de policía nos hicieron el favor de eliminarnos coches sospechosos del camino, y al menos donde veníamos Neto, Lando, Nifi, Tato y yo veníamos discutiendo trivialidades mucho menos que importantes: qué tipo de ambientación musical usar al invitar al rector a comer camarones. A mí aun me deben propuestas…

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