Copete del Aguila

Reseña escrita por Ana Laura San Roman
Fecha: 27 de Febrero de 2011

27 de febrero, dormía profundamente cuando entre sueños comienzo a escuchar el susurro de Kansas diciéndome “dust in the wind… all we are is dust in the wind…” ¿Qué hora es? ¿Qué día es hoy? domingo… seis de la mañana… ¿Es real? ¿Llegó el momento? ¿Hoy es el día?… ¡Hoy es el día! ¡Despierta!… después de dos fines de semana de fallidos intentos de mi parte, la esperada salida con los legendarios “trepas” llego.

¿Qué me espera? ¿Qué sorpresas tiene preparadas la montaña para mí? ¿Cómo serán estos trepas? ¿Aguantaré su trote? ¿En realidad necesito cuatro litros de agua? Son preguntas que comenzaron a desaparecer cuando vi al gran equipo al cual ahora pertenezco… Los Trepacerros.

Siete de la mañana, comenzaron a llegar uno a uno estos grandes personajes. Mikel desayunando “basura”, Neto repartiendo el equipo y Erika pasando lista… estamos listos para partir.

Todos traíamos aún una cara de desmañanados que no podíamos con ella pero se nos fue quitando mientras comenzábamos a subir las sexys curvas de la montaña. Nos estacionamos en La Meseta, bajamos nuestras mochilas, nos pusimos bloqueador, preparamos nuestras mochilas, respiramos profundo y emprendimos camino hacia nuestra nueva aventura. El clima era perfecto y las montañas se veían tan perfectas como siempre y como nunca.

Llegando a la entrada de la ruta que nos llevaría al Copete del Águila, la señora de la entrada nos pidió nuestros boletos y mientras que a Erika le resbalaba una gota de sudor por la frente y cruzaba los dedos para que nos dejaran pasar al grupo completo, la guardabosques no perdió el tiempo y aprovechó para ofrecer trabajo a uno de nuestros compañeros (por cierto… creo que la oferta sigue, por si alguno le interesa,  jaja).

Al llegar al primer spot de la foto grupal Joaquín se tomó su tiempo para preparar el tripié y la cámara mientras Ruben y Duño se hacían mensos para no salir en la foto. Todos pongan cara de viernes por la noche (aunque sea domingo y te hayas levantado a las 6:00am) y ahí quedó la primera evidencia del poco de locura que todos los montañistas compartimos.

Comenzamos por una vereda tranquila, paso a paso al borde de la montaña… un camino tan pintoresco como un cuadro de Bob Ross… lleno de arbolitos sonrientes. Después de unos 20 minutos de caminata comenzamos a adentrarnos en la montaña hasta toparnos con una pared que nos dejo “anonadados”, “estupefactos”, “pasmados” o la verdad… solo un poco nerviosos de pensar que esa pudiera ser la pared que veníamos a escalar. El equipo que llevaba la delantera decidió que justo ahí, con ese maravilloso olor a “queso” que predominaba en el ambiente, era el lugar perfecto para tomar nuestro primer lunch de la montaña… no me gusta cuestionar las decisiones de mis líderes pero… ¿porqué ahí? En serio… todavía se me revuelve el estómago… jaja

Seguimos caminando para llegar al fin a la parte “retadora” de la ruta… sin tener una idea de que los pasitos “uyuyuy” eran realmente unos pasitos… mmm… ¿cómo decirlo?… UYUYUY!!. Comenzamos a subir como cabras descarriladas dando zancadas gigantes (que con mi tamaño es mucho decir) y confiando en nuestros brazos y piernas como se confía en la inmensidad del universo.

Mientras más subíamos más interesante se ponía la cosa y para cuando escucho decir a “Deivid” “aquí vienen los pasos Uyuyuy” yo solo podía pensar “ayayay… que estoy haciendo aquí?”. Sé que no fui la única que lo pensó en ese momento… sepan que cuando la gente del club les diga Uyuyuy… pueden confiar en su palabra.

Pasada la parte más emocionante de todo el paseo quedan un par de pasos más para recuperar el aire antes de llegar a la cima y quedarse boquiabiertos con la espectacular vista de la cima (ni la vista desde la ventanilla de un avión se compara).

Hora del lunch… las fotos, el descanso, las sonrisas histéricas que gritan “lo logramos”… para muchos de nosotros ese era el fin de la aventura, para unos otros apenas era el comienzo. Casi tan pronto llegamos, Mikel y sus secuaces fueron a preparar las cuerdas para que los nuevos experimentáramos nuestro primer rapel con el club. Tan excelente desempeño realizamos que Hollywood nos pidió ser coprotagonistas de Spiderman 5, por supuesto rechazamos la oferta, mejores aventuras nos esperan en la montaña.

Al pisar tierra firme, comenzamos a descender, algunos decidieron adelantarse, mientras que Garduño, Dani, Ruben y algunos otros más bajamos al ritmo de nuestros recuerdos (lo bueno es que nos decimos montañistas y no cantantes). Al llegar a La Mesa del Epasote nos dispusimos a reposar y platicábamos tranquilamente cuando llegan los viejos corriendo como si uno oso los viniera persiguiendo y a la orden de Mikel, todos levantamos nuestras cosas en un segundo y comenzamos a correr detrás.

Llegando a La Meseta corrimos a gastarnos la poca energía que nos quedaba en las resbaladillas de cemento… después de jugar un rato, nos subimos al carro y partimos rumbo al tec. Si creen que lo de las resbaladillas fue un poco ridículo… mejor no les cuento de nuestra interpretación de “Waka waka” en el camino de regreso…

Al final del día… mi ropa sucia… mis rodillas moreteadas… mi cuerpo cansado… mi corazón satisfecho. Gracias trepas!

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