Mitras: Pico Pirámide

Reseña escrita por Daniel Mac Gregor
Fecha: 13 de Febrero de 2010
Fotos: –

El domingo comenzó como cualquier domingo de montaña. Desperté temprano, hice un delicioso sándwich de jamón y queso y me tomé un té.  Al cuarto para las siete salí ingenuamente de la casa, sin saber que sería yo quien guiaría y “organizaría” la salida.

A las siete, bien puntual, llegué a la pantalla para reunirme con todo el grupo. Había varios trepacerros viejos y experimentados, por lo que pensé que sería una salida como cualquier otra, sin otra preocupación que caminar. Sin embargo este sentimiento de confort terminó cuando alguien ,no recuerdo quién, me dijo que empezara a organizar los carros. Después me dieron un radio y a partir de ahí empecé a confundirme de verdad. Así, poco a poco fui descubriendo que no venía fugaz, que Mikel y David tenían un plan alternativo y que ningún otro trepa que llevara más tiempo que yo en el club iba a subir. No habría nadie que organizara los autos, ni que llevara al grupo o cuidara los tiempos. Fue ahí cuando me dí cuenta de el paseo estaba en mis manos (y las de Dante y Javi).

En ese momento me entró un sentimiento de nerviosismo, nunca había llevado a veintipico personas a la montaña y no recordaba bien la ruta. Entonces acudí a Fugaz, quien volvió a explicarme detalladamente cual era el camino, cuáles eran los peligros y me dio su celular por si había problemas.

Después de mi corta charla con Fugaz decidí que era momento de empezar. Le dije a todo mundo que se subiera a los autos y nos encaminamos a la montaña.

Como a las ocho de la mañana llegamos a las Mitras, nuestro objetivo, el pico Cuauhtemoc. La idea era subir la cumbre más alta de Mitras, esto llevaría tiempo y esfuerzo, pero había un buen grupo y parecía una meta factible.

Antes de comenzar reuní al grupo para platicarles como iba a estar la dinámica, un clásico “speach de motivación”, como dirían algunos. Les di los tiempos aproximados (que dependían de que tanto se rifara el grupo) y les dije algunas otras cosas, que por el momento no recuerdo. Después de eso conté a todos, éramos veintinueve, y empecé a caminar.

El día estaba perfecto para la salida. La temperatura ambiente era de alrededor de veinte grados y el cielo estaba despejado. Empezamos la caminata con buen ritmo y una fresca brisa nos daba la bienvenida. La primera media hora pasó sin contratiempos, apliqué la regla de la mano izquierda, válida para todas las bifurcaciones al principio del camino. Así pues, llegamos a nuestro primer punto de referencia: La cama de piedra. En este punto del relato haré un pequeño paréntesis para decirles que me decepciona mucho que esta hermosa piedra (y muchas otras en la montaña) esté toda rayada por unos pazguatos que estropean la belleza natural del lugar.

En la cama de piedra se reunió todo el grupo, hicimos un brevísimo descanso, solo para compactar al grupo y seguimos adelante. La siguiente parte del recorrido fue el famoso chorreadero. Como muchos de ustedes sabrán, este chorreadero sufrió un deslave importante durante el huracán, por lo que ya no había tantas piedras pequeñas como en antaño y pudimos subir sin mucha dificultad. Todo el grupo seguía avanzando bien, con un paso constante hacia arriba. Hicimos un par de pausas y llegamos a la entrada de la cueva, en donde se volvió a reunir todo el grupo. Ahí nos echamos un tentempié descansamos un poquito, varios aprovecharon para tomar fotos y disfrutar de la magnífica vista.

Al terminar la pausa nos preparamos para cruzar la cueva (no recuerdo su nombre) y nos formamos para que hubiera como mínimo una lámpara por pareja, ya que algunos olvidaron traer la suya. La cueva era el parte aguas de la excursión, era donde se separaría Mikel y compañía para hacer su intrépido rappel desde el punto y nosotros seguiríamos para hacer cumbre en el Cuauhtémoc. Cruzamos la cueva sin problemas mayores y a la salida me despedí de los siete que nos dejarían en ese punto.

Así empezamos a caminar nuevamente por la vereda, con nuestra meta bien clara. Las palabras de Fugaz sonaban en mi cabeza y además me guiaba por mis recuerdos de la montaña. Pasamos un cañoncito y luego llegamos a un chorreadero. No se porque mi instinto me dijo que subiera. Recuerdo que fugaz me dijo que teníamos que pasar dos cuevas, pero de alguna forma ese chorreadero me llamaba y era imposible no subir por ahí. Empezamos a subir y a subir, había marcas muy claras y el camino estaba relativamente bien. Después de un esfuerzo moderado llegamos a una pared vertical, ahí empezaban las temidas escaladitas.

De nueva cuenta se reunió todo el grupo ahí y les expliqué lo que seguía, unas escaladitas medio expuestas, que no era recomendable hacer para los que tuvieran miedo a las alturas o no disfrutaran de sensaciones vertiginosas. La escalada no era muy complicada pero definitivamente muy divertida. Había que ser muy preciso con cada paso, pues una caída podía resultar fatal. Pero gracias a las habilidades de todo mundo subimos las escaladitas sin problema alguno.

Poco tiempo después llegamos al puerto, en este punto el sol ya nos empezaba a abrazar. Salimos del bosque sombrío para llegar a una cresta bien calurosa donde el sol nos saludaba. El recorrido en la cresta fue increíble. Un ascenso con una vista impresionante y desfiladeros en ambos lados. Definitivamente esta es mi parte favorita de la montaña. El grupo avanzó bien y no tardamos mucho tiempo en llegar a la cruz que se divisaba desde el puerto. Al llegar a la cumbre no pude evitar confundirme de sobremanera al ver que la cumbre de enfrente era claramente más alta. En ese momento corrí al libro para ver que decía y para mi sorpresa habíamos llagado al pico pirámide. En ese momento le llamé por el radio a Javi y le dije que donde estábamos.

Sin embargo, esta equivocación menor no hizo que el grupo se pusiera triste. Al contrario, todo mundo estaba disfrutando de la vista espectacular y se respiraba felicidad en el ambiente. Además nadie parecía estar dispuesto a rifarse hasta el pico Cuauhtémoc, que todavía estaba algo lejos. Nos quedamos en la cumbre para la tradicional “comida de cumbre” y nos relajamos un rato. Después nos tomamos la foto y comenzamos nuestro regreso.

En la bajada el no hubo contratiempos. Todos bajaron bien por las escaladitas y por el primer chorreadero. De hecho hubo algunos que se divirtieron como enanos mientras bajaban por las piedras. Al terminar el chorreadero llegamos a la vereda. Ahí, solo por curiosidad, decidí ir a explorar un poco la ruta que debimos haber tomado. Fui con Dante a ver por donde era y llegamos a un paso impresionante, al que seguramente iremos la próxima vez. Después de tomar unas fotos y rapear un poco regresamos con el grupo y seguimos bajando. Poco más adelante nos encontramos con el resto de los trepas y bajamos todos juntos. Tristemente el legendario chorreadero de Mitras ya no se podía esquiar como antes. Lo que fue una subida más fácil también fue una bajada menos divertida.

Finalmente todos llegamos a los coches antes del anochecer. La excursión había llegado a su fin y todo el grupo estaba completo , todos parecían satisfechos con el paseo.

Mas o menos así estuvo mi primera guiada con Trepacerros, podría decir que todo salió bien (menos la cumbre jeje).

Después de reflexionar un poco, recuerdo que mi primera salida con trepas fue justamente al pico perico/pirámide. Por lo que mi instinto, al igual que el de una tortuga que vuelve a la playa donde nació, me llevó de regreso al pico perico.

Felicidades a todos los que fueron y gracias por una excelente montaña!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s