Pico San Miguel

Reseña escrita por Ernesto Romero (Neto)
Fecha: 10 de Octubre de 2010
Fotos: rob Santos

Aquel fue un domingo usual en la vida de un trepacerros. Un domingo… bueno, inclusive “un tanto pornográfico” (… nos dio por vacilar a algunos) –  A caray, ¿Pornográfico?! – Si,  pornográfico; 10 de Octubre de 2010 (X/X/20X). Una fecha que, desde el principio, presagiaba un día entero lleno de acción desmedida dentro de los lugares más recónditos de la montaña (de la buena, de la buena; no piensen mal). (Pura gente decente en este club).

Saltándonos la conocida parte en la que la mitad de nosotros llegamos tarde y venimos saliendo a las 7:30 / 8 de la mañana  (ya que todos nos terminamos de levantar),  un agradable trayecto en el coche de Joaco nos llevó a Marie, Lando, Jorge y a mí a aquel lugar donde la aventura inicia y las preocupaciones de la vida pueden hacerse a un lado, (La Rambla en viernes por la noche) La Montaña.

Un paisaje familiar se levantó entonces ante nuestros ojos, y el recuerdo de incontables espinas (de la salida anterior al Cuadrado) me hizo agradecer el no haber olvidado cambiar mis bermudas por pants aquella fría mañana.

Sonriendo al sol
Foto: rob Santos

Empezamos entonces a caminar a través del campo abierto… bueno, ni tan abierto de tanto matorral… para llegar a las faldas de la montaña sobre la cual habríamos de dejar nuestras huellas ese domingo 10. Con toda la intención del mundo (porque en trepacerros nunca nos perdemos, “exploramos”, por favor; nada más) casualmente hicimos una breve escala para visitar una pequeña granja de puerquitos y poner algo más de aventura a nuestro día. Y que puerquitos, que mal que bien uno de ellos pesaba más que varios miembros del club parados juntos sobre la misma báscula.  Después de la ráfaga de fotografías causada por los cerditos (y los interminables comentarios de lo buenas mascotas que son), continuamos caminando hacia nuestro siguiente punto de control (ya saben, esos puntos en los que el instinto trepacerro sale a relucir para encontrar la siguiente vereda sin problemas) (ajam… GPS de Rob).

Ya para entonces el día se había vuelto aún más indecente, 10 de la mañana con 10 minutos; sin embargo, tomando la situación con una actitud un poco más positiva, acordamos Lando y yo que era un día para traer una actitud de 10, y así lo fue. (Qué aburridos, no? Como que las 5 X’s estaban más chidas).

Poco rato después ya nos encontrábamos en aquel pequeño manantial al que ya nunca he de olvidar; la verdad, que en el regreso, el agua que de ahí brotaba me supo a gloria. Quiero pensar que con ganas nos quedamos algunos de darnos un buen chapuzón para calmar el calor de la bajada.  Breves minutos nos quedamos disfrutando de la calma de la montaña y del sonido del agua antes de continuar cuesta arriba.

No olvidaré también que pocos minutos habían transcurrido cuando una pequeña tarántula causó nuevamente un alto total en la mitad del grupo y una segunda ráfaga de fotos. Pobre insecto, ni moverse pudo cuando 5 trepacerros (de esos trepacerros que en su vida han visto una tarántula) (con mucho cariño a la comunidad internacional =P; les entendemos, les entendemos) la tenían rodeada y le sacaban más fotografías que los paparazzi al chicharito cada que mete un gol para el Manchester United.

La pequeña tarántula atrasó al grupo; yo, los volví a atrasar.

Cuando me di cuenta, la mitad del grupo que se había detenido, venía justamente detrás de mí. “A caray”, no pude evitar pensar. De pronto me encontraba guiando en tierras desconocidas (al menos para mí) a la mitad de mis compañeros… “Bueno”, quise pensar nuevamente, “que tan mal puede ser, solo hay que cuidar de seguir el camino bien”.

10 minutos más tarde (otra vez aquel número singular), ya nos encontrábamos el Jorge y yo metidos entre las espinas al cuello tratando de encontrar una vereda para alcanzar a los demás. Unos cuantos “eeehoooosss” después, (algunas ralladuras y espinas) y mucha iniciativa de grupo, ayudaron a resolver mi notable incapacidad para seguir veredas desconocidas. (Sí, efectivamente, la vereda seguía hacia la izquierda, no hacia al frente).

Así, continuó la subida. Al frente Joaco, Lando y Piru seguían lidiando con la tragadera de telarañas. ¿Telarañas?? Sí, telarañas; pues para quien en su trepa vida no le haya tocado ir de avanzada en nuestras excursiones, ha de saber que un palito para ir quitando a las arañas matutinas del camino resulta en general de gran utilidad.

La siguiente zona de acción en nuestra excursión fue entonces el chorreadero, en donde la voz de Mikel se hacía notar: “cuidado con tirar piedras a los demás”; y vaya que tenía razón, todo estaba bien suelto. Subimos pues cuidando que nuestros pasos no fueran a perjudicar al grupo.

Una vez más el instinto trepacerro salió a relucir (Lando) para encontrar el siguiente escondite de la vereda que nos llevaría a la cima. Continuamos subiendo, llegando a un pequeño puerto en el que ya se empezaba a apreciar una vista espectacular.  Varios minutos después (y algunas cuantas lechugas también) llegamos a una corta cresta que concluyó en una vista panorámica del Cerro de la Silla, Monterrey,  Mitras, el Sapo (que sería el próximo reto), el Cuadrado, y otro montón mas de cerros que todavía no he tenido el gusto de subir.

Vista al Cuadrado
Foto: rob Santos

Nos quedamos en la cima un buen rato. Disfrutando del calor del sol (literal asoleándonos como iguanas), tomando muchas fotos y compartiendo la comida del día. Un agradable viento de cuando en cuando se dejaba ver. Tema de conversación: “Lo chido que estaría lanzarnos de parapente para el regreso a los coches” (sueño guajiro de trepacerro, atribuido a los efectos del sol y a una dieta de montaña basada en atún).

En la cumbre
Foto: rob Santos

En fin, después de la tradicional foto de grupo, emprendimos el camino cuesta abajo, donde nuevamente me tocó encabezar el primer tramo, de la cresta al puerto. Cabe mencionar que esta vez no me perdí (ahora si me encontraba en camino conocido), los que se perdieron fueron los de atrás (el segundo grupo que venía detrás de mi) (supongo que debí esperar con anterioridad… pues al detenernos en el puerto empezaron a aparecer trepacerros de todos lados  menos de la vereda de la que se supone debían de salir).

Una vez confirmado que el grupo se encontraba  de nuevo junto se continuó con el camino de vuelta a casa.

El regreso resultó una bajada tranquila: el chorreadero… la vuelta en que me equivoqué… el lugar de la tarántula… el pequeño manantial… De pronto ya nos encontrábamos en un abrevadero de caballos en el que la mitad de nosotros tenía la cabeza sumergida en el agua…  (ya saben, esas cosas que alegran la vida). Escasos 30 minutos más tarde estábamos llegando a los coches. Algunos trepas cansados, otros nuevamente hambrientos (que de volada se dejaron caer con la señora de los elotes), otros sangrando (Marie, guerrera como siempre, se había peleado con una lechuga) y otros felices de que por primera vez en tres semanas íbamos a llegar temprano a nuestras casas (pues ya estábamos abajo y el reloj apenas marcaba las 6).

En general, un día triple equis digno de recordar.  La vuelta a la pantalla ya no se hizo más que discutir trivialidades de la vida con mis compañeros de viaje; como que en Campeche al vocho le decimos “volcho” (pues el “vocho”, nos suena medio mocho) (ya saben, esos campechanos y sus cosas…) (no conocí las “campechanas” hasta llegar aquí  =/ [que ironías, no?])

De vuelta en casa un baño, una rica cena, y a dormir (temprano, pues como dije, el reloj apenas marcaba las 6).

Muchos saludos trepacerros! (donde quiera que anden, y a donde quiera que vayan)

Hasta pronto en la (Rambla) montaña,

Neto.

Sierra del Fraile

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Un comentario sobre “Pico San Miguel

  1. Neto! que buena resena hahaha, ntp yo tampoco conocia las campechanas hasta mi 3er anio en mty (tmbn soy del sur). Que chido, me trajeron buenos recuerdos, a disfrutar la montana! Les cuento que Marc y yo tendremos una nueva aventura: Hiking the Grand Canyon =) Muchos saludos trepas!

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