La Calle (por Casa Blanca)

Reseña escrita por Lando Valencia
Fecha: 26 de Septiembre de 2010

Domingo 26 de septiembre de 2010. Es curioso: 364 días después de mi primera reseña me toca hacer otra, para celebrar 189 años de independencia. Después de 2 horas de sueño me despierto a terminar mi tarea y a preparar mis cosas para ir al cerro. De pronto, al ver la wiki del club, me doy cuenta de que varios conductores se borraron de la lista… No cabe duda que la intensa lluvia del día anterior dejó sus estragos. Lo bueno era que a mí sí me tocaba un carro.

En el lugar de costumbre, “pocos” trepas fueron los que se reunieron. De los más de cuarenta anotados, apenas 27 son los que llegan y, al final, hasta sobraron lugares en los carros. Así pues, salimos los que estuvimos y cien pesos después habíamos llegado a Casa Blanca, un lugar en medio de la carretera a Saltillo, donde nuestra trepaaventura comenzó.

El tiempo era agradable, fresco y húmedo, pero con un cielo repleto de nubes que nos hizo cargar nuestros impermeables. En los carros dejamos un poco de agua y nos aventuramos a cruzar la carretera por debajo de un puente para comenzar el viaje.

Iniciando por Casa Blanca
Foto: Lando Valencia

Lo primero que vimos es la manera en que el huracán Alex cambió el lugar, pues una gran cantidad de piedras y tierra habían sido removidas. Mientras más nos adentrábamos en la montaña, más grandes se hacían las piedras y más impresionantes las formas, esculpidas quizás por el agua muchos años atrás.

Al salir del cañón, caminamos por la montaña hasta el siguiente punto de interés: El paso del caballero, que no es algún estilo de baile del norte de México, sino un camino labrado en la pared de una montaña. Alguien (creo que Fugaz) me contó alguna vez que se llama así porque es tan angosto que si dos personas querían cruzarlo al mismo tiempo, una de ida y otra de venida, uno de los dos debía cederle el paso al otro, como todo un caballero. Como nosotros íbamos en una sola dirección, dejamos la cortesía atrás y empezamos a tomar fotos, la vista era impresionante y estar ahí era todo un deleite. Algunos trepafísicos incluso intentaron calcular la altura con piedras, lanzándolas desde el camino y contando el tiempo hasta que caían y, con un poco de cálculos, llegaron a todo tipo de resultados.

Paso del Caballero
Foto: Anna Strejcová
Panoramica desde el paso del caballero
Foto: Alex Deschamps

Un poco después del paso del caballero, llegamos a un lugar que antes ya había causado confusiones a otros pobres trepas: una bifurcación en el camino que te podía llevar hasta ningún lugar si no la tomabas bien. Afortunadamente, nuestros guías Ángel y Mikel ya tenían experiencia y nos llevaron por el camino correcto.

Más adelante encontramos un pequeño refugio, que era el punto de control. Por suerte todos los trepas llegaron a tiempo, pero dos de ellos debieron quedarse debido a problemas con un resfriado. El refugio nos sirvió de descanso y uno que otro aprovechó para comer algo ligero. En ese momento empezó una ligera llovizna que se hizo intermitente en buena parte del resto del camino.

Lo que siguió fue un recorrido largo largo, con muchas espinas y en ocasiones con una gran pendiente. Nuestro guía Ángel parecía estar en su medio, pues avanzaba con paso firme y veloz, deteniéndose cada cierto tiempo para evitar que el grupo se separase demasiado. Los demás lo seguíamos pensando solamente en llegar y comer algo rico, porque nuestros estómagos ya trabajaban con aire. Después de mucho y para no hacérselas larga llegamos por fin a la calle: un vallecito cubierto por zacate y rodeado por árboles a un lado y por la cumbre al otro. Conforme fueron llegando, los trepas fueron cayendo y algunos no se quisieron mover de ahí. Otros decidieron subir hasta la cumbre y tomar una foto de la hazaña.

Posando y descansando
Foto: Alex Deschamps

En este punto quiero pedir una disculpa colectiva a Mikel, por hacerle pasar un mal rato cuando ya de por sí no estaba muy bien: lo recibimos a bellotazos cuando llegó con nosotros. Después de nuestra respectiva regañada y de haber dejado moretones a cuanto trepa nos alcanzaba, bajamos a la calle a descansar y comer. Ese fue sin duda uno de los mejores momentos del día.

Foto de grupo en el arbol
Foto: Javi Barreda
Lugareño
Foto: Lando Valencia

Finalmente llegó el momento en que debíamos bajar. Aquí cada quien le hizo como pudo: unos corriendo, otros rodando, al final todos guiados por el deseo de un buen baño y un buen descanso. En el camino de regreso, y no es la primera vez que nos sucede, aparecieron de pronto David y Nancy, que no habían empezado el viaje con nosotros, sino que habían comenzado un poco más tarde. Con ellos venían los dos trepas que se habían quedado en el refugio. Ahí en el refugio nos reunimos para esperar a los demás y después continuamos bajando. La noche nos alcanzó ya cerca del final y debimos sacar nuestras lámparas, y así, uno a uno, todos los trepas llegaron al lugar de partida. Un poco de estiramiento, un cambio de ropa y después regresamos a Monterrey, algunos destrozados, otros frescos como lechugas, pero todos felices y espinados.

El refugio
Foto: Lando Valencia
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