Las Nieves

Reseña por Yanira Moguel

Fecha: 12 de septiembre de 2010

Las Nieves… ah que bonito recuerdo me trae este nombre y AH COMO ME REI con las ocurrencias de todos, ha pesar de ser de mis primeras experiencias como parte de este club de trepacerros, siento encontrare  amigos que se convertirán en una parte importante de mi vida y que me acompañaran en este recorrido llamado vida.

Eran las 3:20 a.m del domingo 12 de septiembre, intentaba dormir y por alguna extraña razón no podía, talvez era la emoción por lo que me esperaba, o la preocupación de no quedarme dormida como la otra vez. Bueno el caso es que termine durmiendo por ahí de las 4:00 a.m y a las benditas 5:45 a.m sonó mi despertador, mi roomy hizo ruidos cuando sonó mi alarma así que rápido la apague y me levante para no quedarme dormida de nuevo. Bueno tengo que aceptarlo, al principio me quejo de la levantada, pero solo me acuerdo de lo que me espera y me alegra el día.

En fin, me metí a bañar, agarre mis cosas y a las 6:45 a.m. Vámonos! Al salir me encuentro a una de mis vecinas, quien venia llegando de antrear muy felizmente y me dice asustada: ¿a dónde vas con eso? Y le digo de modo sarcástico pero amable: “a vender tamales a la esquina”, no… voy a treparme a una montaña en CoahuilaJ, podrán imaginar su expresión, bueno me despedí y ahora si, bajo e igualmente los velitas de residencias sonriendo me despiden pero también como que algo les da risa y no se que es, tal vez piensan que soy la única loca que hace lo contrario a la gran mayoría de los que viven ahí.

Camino rápido, ya ven que eso de la impuntualidad es característico de los mexicanos y no es algo que me agrade mucho, llego y están todos con una sonrisa a pesar de la hora, me da gusto ver caras conocidas y nuevas a la vez. Y bueno todo empezó, nos acomodamos en los carros para partir a una nueva experiencia en la montaña, paramos en una gasolinera y nos dirigimos a la carretera rumbo a Coahuila.

Una vez que llegamos a nuestro destino, entramos a un mini rancho para estacionarnos al estilo “trepacerros”  nos estacionamos y después pedimos permiso y un Sr. Muy amable por cierto, ya nos había dejado estacionar los carros ahí, pero después llego uno mas amargado que nos corrió cuando estábamos a punto de partir y pues ni modo tuvimos que buscar otro lugar para dejar los carros. Afortunadamente encontramos otro rancho muy cerca de ahí y muy amablemente nos dejo estacionarnos el encargado de aquel lugar.

Y a caminar se ha dicho, empezamos nuestro camino a la cima de las Nieves, para mi minima experiencia en esto, creo que llevábamos muy buen ritmo. Poco después de haber empezado a subir, no encontrábamos la vereda para seguir, sin embargo algunos de los que tienen mas experiencia en el club la encontraron rápidamente y pudimos continuar con nuestro objetivo.

Durante el recorrido nos mantuvimos muy unidos, ya que siempre esperábamos a los grupos que venían un poco mas abajo, así que al llegar a la cumbre, llegamos casi todos al mismo tiempo. Al llegar a la cumbre, donde disfrutamos de nuestra comida, algunos llevaron atún, otros pasta, ensaladas, sándwich, etc. Había de casi todo, hasta papel aluminio que servia de cobija y un par de perros algo inquietos y… juguetones. En fin, pudimos disfrutar del hermoso paisaje, el aire natural, la vegetación, el fresco olor de la naturaleza y la satisfacción de haber logrado una vez mas nuestro objetivo.

Al terminar de comer, llego la hora de las fotografías, donde se pudo apreciar hasta una representación del nacimiento y la típica foto de grupo. Al terminar recogimos todo y partimos de nuevo para la hora de los sentones, ósea hora del descenso, donde casi me quedo sin sentaderas. Seguimos caminando hacia nuestro punto de inicio e iba platicando con el pequeño grupo que me acompañaba, muy cómico y agradable por cierto.

Durante la bajada, llegue a rezar, (ya que durante la subida me tope con algo nuevo para mi en medio del camino, algo que amplio mis conocimientos culturales en la materia, lo que me aclararon mis compañeros que era un desecho de oso) bueno durante la bajada al ir corriendo y tener la sensación de no poder parar, rece para no tropezar y caerme justo en aquel punto, cosa que afortunadamente no sucedió.

Al llegar al punto de reunión para esperar a los demás grupos, tuvimos la oportunidad de descansar y platicar de nuevo. una vez que estábamos todos completos, continuamos nuestro camino y cuando menos lo espere, ya estábamos todos abajo felices, cansados pero con el rostro iluminado con una sonrisa de satisfacción.

Y así espero que halla mas excursiones con este grupo de personas que disfrutan algo que muy pocos se atreven a vivir.

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