La Huasteca-Diente

Huasteca-Diente (Danny y sus técnicas de seducción)
Escrito por Orlando Valencia “Lando”

Domingo 14 de febrero de 2010. Parece que muchos de los Trepas no son muy afortunados en cuestiones del amor, pero aún había algo que celebrar ese día: a los amigos que están con nosotros y con quienes vivimos nuestras aventuras.

Foto por Klara Sustrova

El día comenzó para mí  a las 5:22 a.m. A las 7 apenas llegábamos los primeros al punto de reunión y, luego de esperar un rato a que todos estuvieran, pedimos algunos taxis para dirigirnos a nuestro punto de partida: la querida Huasteca. Después de 200 pesos unos minutos en el taxi, nos reunimos todos para escuchar las sugerencias e instrucciones de nuestros líderes. Comenzó así el recorrido de ese día.

Empezamos en un terreno árido, caminando un poco para encontrar el verdadero sendero. Como en todo recorrido Trepacerros, no podía faltar la señal de “Propiedad privada” o el alambre de púas que debíamos cruzar. Esta vez fue sólo el alambre, y después de pasar al otro lado, nos topamos con plantas llenas de espinas de todos tipos, tamaños y dolores. En este punto, a algunos se nos presentó la disyuntiva de si era mejor protegernos de las espinas o airear nuestras piernas y más allá; cuatro de nosotros decidimos que los raspones en las piernas lucirían sexys y nos aventuramos con shorts. El camino era fácil, y sólo en algunos momentos el exceso de piedras hacía lento nuestro avance. Nuestros compañeros  canadienses Gwen y Collin nos lideraron hasta que llegamos al cauce de un río seco y, debajo de unos árboles, tomamos un descanso. Desde ahí era posible ver la parte trasera de los cerros de Chipinque y otros que no conozco, y más allá, tan cerca y a la vez tan lejos, estaba la ciudad.

Foto por Orlando Valencia

Más o menos a partir de ese momento comenzamos a adentrarnos un poco más al bosque. Estaba lleno de árboles bajos y muy unidos entre sí, todavía había plantas espinosas y ramas que parecían pequeños rosales sin flores y sin hojas, sólo con espinas. Era común escuchar un “Ups, perdón” después de recibir el golpe de una rama en la cara. El Tepo dijo que íbamos a buen paso, así que crecieron mis esperanzas de llegar temprano y encontrar las gorditas Doña Tota abierto. Y, bueno, entre risas y ramas fuimos dejando el bosque bajo para adentrarnos en otro tipo de bosque con árboles más grandes y leñosos, con barbas de heno que les colgaban por todos lados. A Klara le pareció que habíamos llegado a la tierra de los Na’avi (los aliens azules de la película Avatar) y conectó su trenza para comunicarse con los espíritus. Bueno, no hizo eso, pero seguro se le ocurrió. Y como los líderes estaban contentos y el grupo caminaba a paso rápido, decidieron que teníamos tiempo de sobra y que podíamos descansar y comer en el bosque hasta saciarnos o reventar, porque más adelante no habría lugar. Era agradable comer a la sombra compartiendo la comida y riendo de todo pero, después de un buen rato, partimos nuevamente.

El bosque de barbas de heno. Foto: Klara Sustrova.

La siguiente parte del recorrido fue más o menos igual, seguíamos dentro del bosque. De repente encontramos otro arroyito (habíamos encontrado uno antes, que algunos aprovecharon para recargar sus provisiones de agua o simplemente refrescarse la cabeza). En realidad, por muchas partes del bosque se veían pequeñas corrientes de agua, a veces entre las plantas, otras veces charcos entre una loma y otra, y en ocasiones el agua desaparecía. Desde que entramos al bosque, el camino comenzó a tener un poco de pendiente, ya que subíamos y bajábamos algunos cerritos casi sin darnos cuenta. Muchas veces se nos atravesaba un tronco caído, lo que hacía más divertido el recorrido. En algún momento comenzamos a subir un poco hasta llegar al puerto. En estos paisajes se veían muchos árboles quemados, y los conocedores nos dijeron que se debió a un incendio algunos años atrás. De ahí comenzamos a bajar, deteniéndonos por momentos debido a que el grupo se separaba porque las ramas y una que otra planta espinosa hacían que algunos avanzaran un poco más despacio. Y así nos adentramos al bosque alto otra vez, y al encontrar un buen lugar junto a un arroyito, nos pusimos a descansar nuevamente. Algunos se dieron cuenta de que cargaban demasiada agua y comenzaron a lanzarla a las demás personas (y con algunos me refiero a Danny). Mientras él se divertía mojando a Collin y a Pris, las chicas nos hicieron ver que Danny andaba en un momento sexy: intencionalmente rompió su pantalón por detrás para mostrar su muslo, la pompa y su ropa interior, cosa que inmediatamente llamó la atención de una que otra extranjera, y quizás también mexicanas. Más tarde nos contó que esa era su técnica de seducción y que al parecer le había dado algunos resultados, reservándose los nombres.

Foto por Klara Sustrova.

Algunos comían, otros reían, otro más dormía… Pero era tiempo de avanzar si es que queríamos llegar temprano (Andrew debía llegar a las 8 debido a un compromiso). Gwen y Collin tomaron nuevamente la dirección del grupo, y con un paso muy veloz comenzaron a subir por la montaña. Al llegar a lo alto de este nuevo cerrito, comenzaba el verdadero descenso. Las hojas, la tierra suelta y la pendiente lo hacían ver más peligroso interesante, y los del grupo delantero bajaron como rayos, llegando hasta el fondo de un cañón. Ahí en el fondo, sentados en unas piedras y discutiendo sobre la vida, esperamos a que se reuniera todo el grupo y comenzamos a caminar nuevamente. Avanzamos a través del cañón, saltando de piedra en piedra sin ningún incidente. Algún tiempo más adelante, los líderes nos mostraron un pico que se veía un poco imponente desde ahí abajo: El Diente, debido al cual el recorrido llevaba el nombre de Huasteca-Diente. En ese momento, el cañón empezaba a verse más interesante, las rocas eran más grandes y para ir bajando había que estirar más el cuerpo y las piernas. Algunos tomaron fotos, otros sólo admiraron el paisaje. Siguiendo el cañón, nos topamos con una pared muy vertical frente a nosotros, por la que sólo se podía avanzar con rappel. Sin embargo, no nos habíamos dado cuenta de que, unos metros atrás, el resto del grupo había tomado otro camino, escondido entre algunos árboles junto a la pared montañosa. Casi arrastrándonos por los pequeños chorreaderos con tierra suelta, logramos llegar hasta el fondo y nuevamente seguimos por el cañón. De repente, oímos un “wow” de cada persona que estaba frente a nosotros. La razón era que el cañón nos había conducido a un lugar donde se podían apreciar cuevas y formaciones rocosas en lo alto de las paredes montañosas.

El lago verde mineral. Foto: Orlando Valencia.

Al avanzar un poco más, nos dimos cuenta de que era el fin del cañón. Llegamos a un par de casas abandonadas, con un patio amplio y una cosa que nos llamó la atención: había un pequeño puente que cruzaba un arroyito que brotaba desde no sé dónde. Al final del puente estaba una de las paredes montañosas que venían del cañón, y en ella había una cueva y unas vías. Al parecer, esa cueva solía ser una mina y las vías eran para los carros con los que se transportaba el mineral. Nunca supe qué se extraía ahí. Jaime, no sé si valiente o tonto, decidió explorar lo profundo de la mina, pero al adentrarse y ver que el camino se separaba decidió regresar.

Al otro extremo del patio, sobre la otra pared montañosa que venía del cañón, estaba una cuevita por la que pasaban otras vías, que salían al otro lado de la montaña y conducían a ningún lado. Junto a estas dos casas abandonadas descansamos nuevamente, aprovechando para tomar muchas fotos en el puente, haciendo toda clase de poses, saltos y piruetas. Se decidió que el puente sería el lugar donde se tomaría la tradicional foto de grupo y así se hizo.

A partir de aquí seguimos un camino que nos llevó hasta otro lugar bastante interesante. No me di cuenta si eran casas abandonadas, pero no pude ver a ninguna otra persona. Parece que había construcciones que servían para cosas relacionadas con la minería, o al menos eso pienso yo. Había una camioneta vieja, la cual analizaron algunos y sobre la cual se tomaron fotos otros. Frente a todo este complejo rústico-abandonado-oxidado había un lago, cuya agua se veía verde mineral (si es que existe tal color). Este lago y las montañas del fondo (el Cerro de la Silla y su sierra, que algunos confundieron con El Sapo) formaban un paisaje muy bonito y no se pudo desaprovechar la oportunidad de tomar más fotos. Incluso hicimos una pirámide, para demostrar la buena actitud Trepacerros, o sólo por diversión. Y después de todo el relajo, seguimos nuevamente por el camino.

Trepafierros. Foto: Klara Sustrova.

Cuando nos acercábamos más a la zona poblada, nos topamos con un portón que debíamos saltar si queríamos avanzar. Así pues, todos pasaron de ser Trepacerros a trepafierros y de aventureros a clandestinos, pero sólo por un rato. Más adelante se comenzaban a ver las casas y a sentir el olor de la rica comida que nos esperaría llegando. En este camino, algunos empezamos a correr para llegar antes, ya que comenzaba a oscurecer. A partir de aquí no supe qué sucedió con el grupo, tomamos un taxi Mike, Andrew y yo para llegar a tiempo a la ciudad, ya que cada quien tenía sus compromisos y cosas que hacer. Aunque más tarde los vi llegar contentos y cansados al lugar de donde partimos en la mañana.

Y así fue como terminó  el día; 35 km recorridos y 1000 metros de desnivel. Con unas gorditas de mole, recomendación de Raúl, me despedí de un excelente amigo. Conocí a Andrew hace un semestre dentro del club y llegamos a ser muy buenos amigos, creo que todo mundo lo pudo notar. Era el momento de decir adiós y partir a casa. Esta fue mi última salida del semestre, pero espero ver a todos o a la mayoría nuevamente en agosto, aunque sé que con algunos habrá de pasar más tiempo.

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3 comentarios sobre “La Huasteca-Diente

  1. Muy buena reseña landito! La tierra de los na’avi esta aki mismo entonces, que afortunados somos de darnos cuenta que no pasa solo en las películas de hollywood… Mucha felicidad siempre landito a donde te vas ahora y adonde siempre estés!! Sigue siendo un niño tan bonito por dentro!! Que eso te hará estar rodeado de gente chidita siempre!! 🙂 un placer haber compartido contigo nuestas montañas

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