Mitras, de cabo a rabo

Reseña escrita por Luis Leonardo Zamora (Fugaz)
Fecha: del 2 al 4 de Diciembre de 2005
Título alternativo: “Todos para uno, uno para todos”
Título alternativo 2: “Enlazando almas mientras exploramos las mitras”
Fotos:

Planeación “Una idea loca más”

Este trayecto consiste en recorrer el cerro de las Mitras desde su extremo poniente, en García, N.L., para llegar a la cresta y pasar por todos los picos de ahí hasta el extremo oriente del cerro, ya sea cortando en el Apache, o siguiendo hasta en el pico Alfa, para bajar por Monterrey o por San Pedro Garza García.

Luego de la experiencia en la Eme, vimos con más certeza la factibilidad de realizar el recorrido de cabo a rabo en Mitras, teníamos la gente, y el clima de nuestro lado; luego de varios movimientos logramos reunir al equipo de exploración y al de apoyo, siete individuos intentaríamos realizar un recorrido que muy pocas personas han realizado, creo que sólo 8 personas en la historia lo han terminado. Gloria Colunga, Axayacatl Maqueda, Enrique Sandoval, Sergio Fernández, Joaquín Cisneros, Oscar Araujo y Leonardo Zamora (Fugaz) unimos nuestras almas por un sueño en un reto en común; apoyados en gran medida por Martín Tovar, Erika Duarte, Zahyra Meneses y Paco Vallejo.

La entrada “Mitras a la brava”

Nos reunimos en San Jerónimo para terminar de armar las mochilas, y proteger nuestra ropa, y nos dirigimos Sta. Catarina y desviarnos hacia las pedreras de las Mitras en García, empezamos a caminar a las 10:10 PM del viernes, y nos despedimos de Martín y Mario (mi cuñado) quienes nos llevaron hasta ahí.

Cruzamos una cerca de púas y ahí Sergio perdió sus lentes protectores contra las espinas; avanzamos a muy buen ritmo abriéndonos paso entre los matorrales lechuguillas y demás plantas espinosas, que aquí sólo llegaban hasta las rodillas principalmente. No habíamos caminado ni 5 minutos cuando ya me había tropezado torpemente dando de rodillas al suelo. Llegamos a un sitio donde seguramente suelen pastar las vacas, y seguimos una vereda que éstas formaron hasta la cresta y llegamos a la primera cumbre, que era la primera de una serie de 5 cumbres conocidas como pingüinos.

Pronto se terminó el sendero de las vacas y seguimos por la cresta de pingüino en pingüino, los matorrales seguían siendo bajos y avanzábamos a buen paso, llegamos a la cima del quinto pingüino en buen tiempo, y ahora tocaba el turno a las brujas, cuyas cumbres son más pronunciadas, al llegar a la primera de dichas cumbres, vimos la siguiente, entre las brujas debíamos bajar notablemente de una cumbre para llegar al puerto y subir a la siguiente, aún más alta que la anterior. En cada cumbre nos reagrupábamos antes de seguir a la siguiente.

Hasta primer bruja habíamos pasado por muchas espinas, y aunque íbamos preparados con polainas las espinas muchas veces lograban traspasar hasta la piel, y la cinta gris con que nos protegimos se desprendía, total que ya estábamos todos espinados. La más dolorosa para mi fue una lechuguilla que se me encajó en el muslo, justo en el cuádriceps.

Pero el llegar a la segunda bruja fue una ardua labor, había mayor cantidad de matorrales altos, las espinas llegaban hasta la cara, debíamos trepar por muchas rocas y esquivar espinas en las manos o cara, en muchas ocasiones ni siquiera pisamos el suelo por la gran cantidad de plantas por las que nos abríamos paso. Nos turnábamos el ser el puntero, y procurábamos avanzar siempre juntos. Finalmente llegamos a la cumbre donde descansamos un poco.

La tercer bruja presentaba varios segmentos de roca, así que buscamos los mejores sitios para realizar algunas escaladitas sencillas para llegar a la cumbre, teniendo cuidado pues había mucha roca suelta. El recorrer este terreno a pleno sol sería muy demandante, por lo que el avanzar de noche era una opción inmejorable, por lo que era importante llevar una buena linterna. Aquí Joaquín nos hizo alusión de una frase “A mi lo nopales ni con huevo”.

Llegando a la cima pudimos ver a la cuarta bruja y atrás al pico Cuauhtémoc, ya estaba amaneciendo, siendo las 6:30 AM del sábado, y pudimos apreciar una gran gama de colores y tonalidades, seguimos avanzando hasta llegar a la cumbre de la cuarta y última bruja. Desde donde parecía que el Cuauhtémoc estaba a muy corta distancia, sólo debíamos seguir una larga cresta, sin bajar demasiado.

Axa se adelantó por la cresta, seguido por los demás, aquí nos encontramos con varios pasos más técnicos, que afortunadamente estábamos haciéndolos a plena luz de día. Poco a poco Axa se fue alejando más; se las ingeniaba muy bien en las escaladas y desescaladas por la cresta; usando brazos, piernas y hasta el estómago.

En una de esas escaladas Oscar se sujetó de una piedra floja, que se desprendió y él salió volando 2 metros hasta el suelo de espaldas y deslizándose un metro más hasta detenerse con una rama justo en la orilla de otra caída. Esto puso algo nerviosa a Gloria, que llegando a la siguiente escalada dejó sentir algo de nervio, algo muy raro en ella realmente, se trataba de una pared donde casi todos los agarres estaban flojos, debías concentrarte bien en tomarlos de forma que no se salgan o elegir uno que aguante; Gloria se sujetó de una roca que casi se le viene encima, pero afortunadamente no pasó nada, y todos pudimos salir ilesos de esa sección.

Cuauhtémoc “el primero de los 7 principales”
Seguimos por la cresta, hasta alcanzar a Axa en la cumbre de Cuauhtémoc, pues él ya llegó 1 hora antes que los demás, a las 10:50 AM, un tiempo de 11 horas, los demás 12. Firmamos el libro, comimos y Enrique le hizo la primera llamada a Naayeli hasta Japón, pues le hablaría desde cada una de las 7 cumbres principales a las que llegáramos. A partir de ahora ya no caminaríamos entre las espinas, y seguiríamos vereda. El cielo estaba completamente despejado, así que sufrimos un poco por el sol.

Piñón “¡Tensa!”

Bajamos al puerto Piñón-Cuauhtémoc para recoger la cuerda, y equipos que dejamos escondidos dos días antes, junto con agua fresca, que nos supo a Gloria, pues veníamos sedientos. Axa tenía pensado sólo llegar al Cuauhtémoc pero al ver que se sentía muy bien decidió continuar el trayecto completo, todos nos sentíamos bien, salvo el sueño por estar caminando toda la noche, deseábamos dormir, pero decidimos escalar el pico durmiendo sólo 30 min. más lo que descansáramos esperando el turno para subir o bajar; pues para llegar a la cumbre se escala por una pared vertical de grado 7 u 8, con anclajes para escalar.

El pico Piñón es el más pequeño de los 7 principales, y muy angosto, Oscar punteó la escalada, y los demás subimos uno por uno, ahí se nos quitó el sueño, firmamos el libro y descendimos, para bajar, nos íbamos en parejas hasta la cueva de la virgen para dormir, Axa se quedó al final junto conmigo, pues me tocó bajar al final, y justo cuando tiré la cuerda, me di cuenta de que había olvidado mi guante preferido en la cima; pero como me tomaría tiempo subir de nuevo y bajar, decidí dejarlo y volver con los demás, para descansar un poco antes de continuar.

Al llegar a la cueva vimos a Sergio listo para dormir, los demás se durmieron dentro de la cueva, Axa y yo hicimos lo propio, durmiendo una hora, cargamos agua en la cueva y nos preparamos para continuar la travesía, para entonces ya eran las 6 PM y había oscurecido, por lo que subiríamos los siguientes dos picos de noche.

Pirámide “La cresta”

Bajamos al paso de las bicicletas y seguimos por ese sendero, que es prácticamente horizontal, hasta llegar al correadero que sube al perico-pirámide. Subimos un poco para abandonar parte del equipo, manejando una mochila por pareja con lo más importante, para subir ligeros, pues tendríamos que regresar por ahí mismo. Subimos por el chorreadero hasta llegar a las cadenas que pasamos con facilidad, reunificándonos en el puerto perico-pirámide.

A partir del puerto seguimos por la cresta hacia el pico pirámide. La cresta se extendía bastante, afortunadamente no corría el viento, la cresta se extiende mucho, por lo que no es muy vertical, tardando 30 minutos en llegar del puerto a la cima, donde firmamos el libro y comimos, además de la tradicional llamada a Naa, bajo un cielo estrellado.

Perico “La cuarta”

Emprendimos el regreso del pirámide en la oscuridad, por la cresta, hasta llegar al puerto, y emprender el ascenso al pico Perico, que es más vertical, pero con un segmento de cresta mucho menor. Llegamos rápidamente a la cima donde descansamos un poco, antes de emprender el regreso.

Bajamos en parejas hasta el puerto y luego a las cadenas para finalmente descender por el chorreadero hasta las mochilas, donde cada quien tomó sus cosas y proseguimos hasta el túnel que nos llevaría al campamento.

Campamento “el equipo de apoyo”

Llegamos al plano donde Martín instaló el campamento junto con Zahyra y Erika; que estaban esperándonos, ávidos de noticias, y al vernos se alegraron sobremanera, recibiéndonos con gran alegría; ofreciéndonos de la comida que subieron. Ya habían preparado el campamento, teniendo todo listo para nuestra llegada. Se encontraron a Pancho a la mitad y éste les ayudó en la última parte.

Casi todo lo acababan de subir, Martín subió como 15 kilos, mientras Zahyra 12 y Erika otros 8; además buscaron los sleepings que dejamos escondidos para instalar el campamento. Platicamos y comimos hasta que el cansancio nos obligó a dormir. A mi las botas me hicieron algunas llagas, que me traté para poder continuar el domingo. Gloria se quitó un sin fin de espinas, todos dormimos muy bien, aún y con los sonoros ruidos de lo que parecían tres osos.

Supuestamente nos levantaríamos a las 8 AM, habiéndonos dormido a las 12 AM, pero entre la levantada del campamento, plática y desayuno terminamos despidiéndonos de nuestros compañeros a las 11 AM que empezamos a caminar hacia el puerto del aire; mientras Martín, Erika y Zahyra armaron las mochilas para bajar al auto, cosa que no fue fácil, dado que las enormes mochilas los desequilibraban, Martín parecía pípila, por la enorme mochila que cargaba.

Piloto “escaladas”

Subimos al puerto del aire, desde donde iniciamos el ascenso al pico Piloto, y dejamos las mochilas o al menos el peso excesivo en un punto estratégico, llevando sólo lo mínimo necesario a la cima. Gloria fue la única que se llevó la mochila. Avanzamos rápidamente, encontrándonos con una gran cantidad de escaladitas, muchas de las cuales muy bien estarían plaqueteadas en potrero chico. Pero aquí no había nada más que un viejo cable que preferíamos evitar, y otras veces ni eso.

La escalada más difícil era una pared vertical donde anteriormente estaba un tronco, pero como se cayó, lo sustituyeron por una escalera de aluminio que me parece la puso Alexey, facilitando sobremanera ese paso. Seguimos subiendo hasta llegar a la cresta, y ahí al llamado “paso de la muerte”, que no es más que una parte de la cresta, pero significativamente angosto; yo de plano si lo pasé con mucha cautela, pues el viento estaba soplando.

Y ya para llegar a la cima sólo faltaba escalar por una chimenea, que se sentía bastante aérea, pero luego de todas las escaladas que habíamos realizado, todos pasamos con confianza. Ya en la cima todos celebramos nuestra 5 cumbre de los siete principales, mientras saludábamos a personas en el perico, en el paso de las bicicletas y en el apache.

Bajamos por un sendero en la parte de atrás, y luego a desescalar todas las trepaditas hasta llegar al puerto del aire, debíamos coordinarnos para no arrojarnos piedras, la única piedra suelta fue una que arrojó Joaquín, y que enrique esquivó para que le cayera a Axa en el casco, por eso es bueno venir preparados.

Lobos “escaladas con correaderos”

Descendimos del puerto del aire hacia la vereda del pico lobos, rumbo a la gruta de carbonato, pues debimos entrar al túnel de entrada a dicha gruta para cruzar al otro lado, sólo que las dos entradas de la gruta estaban selladas. Seguimos hasta salir por el otro lado, y seguir el sendero, que se veía menos transitado, pues este recorrido es precisamente unos de los menos conocidos.

Llegando al pie del pico, iniciamos una serie de escaladas por cañadas, que a diferencia del piloto que son más verticales pero con agarres de mejor calidad, aquí las escaladas terminaban en chorreaderos de piedra, afortunadamente, las escaladas estaban no tan llenas de piedra suelta, pues las limpiaron, sin embargo tuvimos que subir uno por uno, haciendo muy lento el ascenso, comunicándonos por radio, para no arrojarnos piedras.

La tarde estaba ya avanzada y pronto atardecería, el cielo se veía nublado, pero no parecí que fuera a llover, debíamos darnos prisa para llegar de día a la cima, afortunadamente no bajaríamos por aquí. Yo cerraba el grupo, por lo que me tocó ser el último, una vez que pasamos las escaladas de cuidado, seguimos una vereda, que subí a ritmo para alcanzar a los demás a llegar a la cima.

Justo cunado llegué a la cima pude ver la sombra del cerro proyectada sobre la ciudad, nos felicitamos y como ya estaba a punto de oscurecer preferí esperarme a comer hasta llegar al pico apache.

Apache “alegría y decisión de terminar o seguir”

La bajada al puerto lobos-apache fue rápida, y luego unas escaladitas hasta la cumbre, ahí comimos y nos felicitamos, pues habíamos terminado el reto, estaba a punto de oscurecer, pero sólo nos faltaba una bajada, que sería por vereda marcada sin sitios de riesgo, así que comimos para avanzar descansados.

Pero en realidad nuestro objetivo era ir más allá de lo estrictamente necesario, pues habíamos escuchado que ya alguien había llegado al pico Alfa y bajado por otro sendero, así que decidimos hacer lo mismo.

Alfa “De nuevo a las espinas”

Iniciamos el descenso de nuestra séptima cumbre, pasando de piedra en piedra, en forma de islitas como las describiera Gloria, hasta llegar a la desviación de donde baja la vereda, pero nosotros seguimos derecho. Según Oscar había un antiguo camino, pero no lo encontramos, así que tuvimos que abrirnos paso entre las espinas, el terreno se parecía mucho al de la segunda bruja, las espinas nos llegaban hasta la cara, con segmentos muy densos, creo que en esta parte fue donde más nos espinamos.

El trayecto fue bastante largo, aunado al cansancio acumulado, pero avanzando juntos nos desgastábamos menos, además de que disfrutábamos de una vista increíble de la ciudad, apreciamos una serie de luces de cohetes por el desfile de la navidad en San Pedro. Yo creí que una pequeña loma era el pico Alfa, pero no, aún faltaba mucho, hasta que empezamos a bajar rápidamente por la pendiente.

La vegetación estaba muy tupida, Sergio marchaba delante y se detuvo en un filo, no veía bien, pero juzgó que eran 30 metros verticales hasta la cresta, llevábamos cuerda, pero debía haber otro paso. Oscar y yo remontamos cerro arriba para buscar otro paso, mientras Sergio y Axa buscaban el paso donde estábamos, hasta que lo encontraron.

Bajamos hasta una palma y de ahí por la orilla de la pared hasta dar al puerto, y ahí, fue una gran alegría, pues había basura, y aunque es una pena el ver cómo ensucian un sitio así, era signo de civilización, alguien que deja basura debió usar una vereda fácilmente transitable; y en efecto, descubrimos una vereda que nos llevó rápidamente a la cima del pico Alfa desde donde pudimos ver a la ciudad desde un palco de primer nivel, nuestra panorámica era distinta a la del teleférico, y hasta pensamos en venir seguido aquí, suponiendo que la vereda debía ser muy tranquila. Eran las 9:50 PM del domingo, y llevábamos 47 horas desde que iniciamos el recorrido, esta era oficialmente el pico 7 y ½, pero tenía sabor a 8 por la travesía entre las espinas.

La salida “ya quiero llegar a la ciudad”

Bajamos rápidamente al puerto, y de ahí tomamos la vereda, que estaba muy bien marcada, sin embargo había un segmento perdidizo, donde tuvimos que dispersarnos para ubicar el camino, que seguía un tramo horizontal para esquivar una cañada, más adelante vimos una flecha que nos sacó del camino, pues indicaba un sitio donde hay unas piedras apiladas como para una gran fogata, ahí perdimos tiempo, pero regresamos a la división y seguimos por el camino correcto.

Fue una larga caminata, pero muy andable, que daba mocho rodeo, hasta que finalmente llegamos a la ciudad, salimos justo a una cantera abandonada a orillas de la colonia el obispo o “Fomerrey 400”, en San Pedro Garza García, siendo las 11:50 PM del domingo, nos había tomado 49 horas el terminar el recorrido entero; ahí nos estaba esperando una patrulla de protección civil de San Pedro, nos pidieron nuestros datos y nos indicaron dónde podíamos tomar un taxi.

Llegamos a casa de Martín, para irnos a cenar y finalmente a descansar con un tibio baño y una suave cama.

Saludos,
Fugaz

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3 comentarios sobre “Mitras, de cabo a rabo

  1. Haré unas correcciones de “Fé de erratas” del relato: Los picos de pingüinos son 3, pero nos parecieron 5, contando las lomitas; el Pico Apache está mal dicho, en realidad se llama Alfa, y el que yo puse como Alfa en realidad es el pico sin nombre o pico del charco verde. La gruta de Carbonato está en una cueva distinta a la que se atraviesa para cruzar hacia pico Lobos.

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