Nevado de Toluca, Malinche e Iztaccíhuatl

Reseña escrita por Benoit Turcotte
Fechas: 1 al 6 de Abril de 2004
Acompañantes: Axayacatl Maqueda

Esa salida empiezo el día primer de abril 2004 a las 7 de la noche cuando un camión Estrella Blanca llevo al DF a dos compañeros intrépidos, Benoit y Axa. La meta era de subir a tres volcanes en 6 días, el Nevado te Toluca, la Malinche y El iztaccihuatl.

Un segundo camión, mucho menos cómodo, nos llevo muy cerca del principio de nuestro destino. Pasando por Toluca, vimos el cerro inclinado a lo lejos, todo nevado. Llegamos a Raíces, al pie de la montaña a las 10 de la mañana. Nos bajamos de este medio de transporte peligroso y arreglamos las mochilas antes de empezar la subida, desde unos 3400m-3500m. No habíamos caminado desde el día anterior en Monterrey (500m) así que batallamos bastante, aun en terreno plano, nos faltaba oxigeno.

Avanzamos por unos caminos donde jamás el hombre ha pasado y llegamos a la carretera que sube la montana hasta el cráter. Encontramos un poco de nieve mientras caminamos. Nos ayudamos un poco con ramas, pues no traíamos bastones o nada para subir con más facilidad. En la entrada oficial, hablamos a unos señores que nos dijeron que hacia 0 grados en la noche, no teníamos planeado donde dormir todavía. El plan era subir y bajar lo más pronto posible.

Salimos de los árboles un poco antes del medio día y vimos todo el paisaje muy bonito y la montana inclinada que nos invitaba. Vimos a dos picos altos y no supimos cual era el más alto. Decidimos subir el más cercano, ya que teníamos miedo de no poder bajar antes de la noche. Tomamos unas fotos del paisaje, como siempre lo hacemos.

Vimos a unos grupos de personas que no iban a subir. Platicamos un poco y seguimos subiendo. El clima era más y más frió. Hacia unos 5 grados con un buen viento. Desde las antenas, subimos por las rocas grandes hasta el puerto más accesible que estaba lleno de nieve. Llegamos más rápidamente que pensamos, antes de las 2 de la tarde. Observamos al cráter con su lago azul-verde y a las pendientes del volcán.

Nos pusimos de acuerdo para seguir subiendo, sin las mochilas, pues la cima se veía a menos de media hora. Al empezar esa parte muy inclinada con paredes, nieve, hielo y rocas sueltas del tamaño de un carro, revisamos nuestro tiempo de ascensión, no queríamos caernos y matarnos, las pendientes y las rocas permitían una muerte rápida. El camino nos parecía más y más peligroso a cada paso. No había nada de aire, pues era nuestra primera experiencia arriba de los 4000m.

Lo bueno es que llegamos sin daños en la cima, casi una hora después. Fue un sentimiento increíble y nos felicitamos por esa primera subida. Tomamos unas fotos de nuestras caras de campeones y del pico de enfrente que ya nos parecía más alto. Bajamos con tanto cuidado que nuestras habuelas se habrían reído. Encontramos a unos jóvenes que iban subiendo sin cuidado. Recogimos a las mochilas y bajamos por las pendientes de nieve, esquiando sobre nuestros zapatos usados. Al llegar al camino del volcán, vimos a los chicos bajar, uno de ellos se había caído cerca de la cima y venia lastimado.

Consideramos, mientras comimos el famoso atún con galletas, que nuestro nivel de suerte era más alto que nuestra organización y que tendríamos que cuidarnos en las próximas. Pedimos ride para bajar hasta Raíces, ya no queríamos bajar más a pie. Algunos podrían decir que eso no vale pero, teníamos planeado subir a dos más volcanes así que si vale!

Dormimos en Raíces. Pedimos permiso a unos borrachos para quedarnos en un terreno plano. Prendimos fuego y comimos un poco. Se veía las luces de Toluca a lo lejos y observamos al volcán, la nieve estaba muy clara por la luna. Yo tuve mucho frió pero Axa durmió como un bebe en una cuna.

El día siguiente fue de transporte y de comida más pesada. Llegamos a Apizaco cerca de la Malinche a las 3 de la tarde del sábado. Pudimos ver al pequeño volcán, solito en este paisaje plano. También tenia nieve en la cima. Un transporte colectivo nos llevo al centro recreativo a bajo de la montaña. Decidimos subir un poco el mismo día, pues ya íbamos un día adelante en nuestro horario. La subida empezó un poco suave, recogimos unas ramas para caminar sin usar demasiado las piernas. Encontramos muchas personas que iban bajando. Unos nos dijeron que nos faltaba 4 horas, otros nos dijeron media hora, vimos a unos niños de 3 anos que habían subido con sus padres. Imaginamos, Axa y Yo, que los niños de cada quien iban a ser así, montanistas desde muy joven.

Llegamos al atardecer donde íbamos a campar, al limite de los árboles. El viento se levanto y tuvimos que construir nuestra casita rápidamente. Lo más doloroso fue que no pudimos prender fuego, después de media hora, dije a Axa (el perseverante) de dejar la lana en paz y comimos cosas frías a dentro de nuestras bolsas de dormir. El viento soplo toda la noche con mucha fuerza, lo que ayudo a secar nuestros zapatos mojados de la subida anterior. Otra vez, tuve muchísimo frió mientras Axa parecía dormir muy tranquilo.

Nos despertamos a las 7, el cielo estaba nublado y no se veía nada. Comimos, arreglamos las cosas mientras el sol apareció en el Este. La noche había sido muy buena para acostumbrarnos a la altura. Vimos pasar a dos hombres con 4 perros. Habían empezado a las 5 desde abajo.

Después de esconder a las cosas pesadas en el bosque, subimos ligeros hacia la cresta más cercana. Ya el cielo arriba de la cima de la Malinche estaba todo azul y solo se veía nubes atrás. Alcanzamos a los dos hombres que eran alemanes y los perros no eran de ellos sino de la montaña. Al llegar al puerto, vimos al Popocatepetl e Iztacciuhatl a lo lejos y al Pico Orizaba por el otro lado. La vista era increíble, igual que la fuerza del viento.

Seguimos adelante y llevamos a los 4 perros mientras los alemanes se quedaron un poco atrás. Llegamos en la cumbre en menos de dos horas. La vista del cráter era muy padre, habíamos llegado en el techo del mundo. Comimos con los 4 perros y tomamos las fotos que necesitamos. Saludamos a nuestros compañeros europeos y bajamos por unos chorraderos hasta recoger a nuestro equipo. Seguimos bajando rápidamente para poder llegar al transporte a tiempo.

Finalmente, no llegamos a tiempo… así que tomamos tiempo para comer muchísimo y barato. Después, pedimos ride y llegamos sin problemas hasta Apizaco. Tomamos un camión hasta Puebla y otro hasta Cuautla donde dormimos un hotel dos estrellas. A lo lejos, se podía ver el Iztacciuhatl, el último volcán. La luna llena se veía muy bonita en un cielo medio nublado. Tuvimos mucho calor en la noche (que cambio!) y si esa vez dormí un poco.

El día siguiente, nos levantamos lentamente y tomamos un transporte hasta Amecameca, al pie del volcán. Andamos un rato por allá, esperando a un viejito de gorra roja que se había perdido, no me acuerdo porque! En fin, llegamos al principio del camino hasta la Joya. Empezamos desde este punto, a unos 3700m. Tuvimos una vista perfecta del Popocatepetl y caminamos hacia el Izta. Llegamos a las 3 de la tarde a la Joya. Hablamos con unos hombres que habían bajado de la cima el mismo día, nos dijeron de tener cuidado por el frió. No conocíamos este volcán tampoco pero estimamos que podríamos llegar hasta refugio antes de la noche.

Empezamos a subir con paso seguro pero al llegar a las pendientes nevadas, nos detuvimos un rato para considerar la muerte que andaba riéndose por allá a bajo. Seguimos con nuestro coraje de siempre, ya estábamos acostumbrados a tal reír y no nos preocupamos. Axa iba atrás, siempre tranquilo con un ritmo regular. Yo iba adelante, con paso totalmente irregular y con un humor cambiando a cada paso. No supimos cuanto tiempo tendríamos que subir para llegar al refugio. Entramos en las nubes dos horas después y la tormenta se levanto, furiosa. La nieve nos pegaba la cara y el suelo estaba muy resbaloso, sobre todo con nuestros zapatos llenos de lodo.

Encontramos a dos chicos desorientados y llegamos al refugio poco después. No se podía ver nada abajo, ni arriba. El viento, mas fuerte a esa altura, pegaba las paredes del la estructura de madera pero nosotros dos ingenieros civiles, tuvimos confianza que iba a resistir una noche mas. Cenamos antes de las 6 mientras las ventanas se llenaban de hielo por la tormenta. Hacia como menos 5 mientras todo se puso oscuro. Tuve que ir al baño a fuera (eso fue horrible!, pobres inuits que viven en el norte de Canadá!). No tenia mucha confianza que podríamos subir al día siguiente. Axa, pues, no sé como se sentía pero parecía feliz y tranquilo. Esa vez, dormí muy bien, con toda la ropa posible encima y abajo de la bolsa. Dormimos más de 12 horas.

A las 7, me desperté y ya se veía el cielo azul. Salimos afuera para ver que tal! Todavía, el viento soplaba pero ya parecía que la montaña iba a permitirnos subir. Dejamos a las cosas en el refugio, nos pusimos dos pantalones, todas nuestras playeras y calcetines en las manos y nos fuimos, sin crampones, ni pioletes, ni nada. Teníamos nuestras uñas para agarrar el hielo.

Nos pusimos de acuerdo para seguir comunicando a cada momento y volver al refugio si el demonio del clima regresaba. Como dije, no había aire. Era increíble para nosotros que teníamos que respirar a cada paso. Esa primera subida matinal se veía a veces imposible, a veces bastante fácil. Mi humor cambiaba a cada paso y la determinación luchaba contra el frió y el cansancio mental. No pienso que habría tenido la responsabilidad de tomar la decisión de bajar en caso que algo pasaba, necesitaba llegar a esa cima.

Lo que habíamos visto como una primera subida normal nos tomo casi una hora. Legamos a la primera cima y vi que la cumbre podría estar más lejos que pensaba. Seguimos, lentos y poco seguros por la cresta. El paisaje era magnifico. Las nubes muy bajas del lado de Puebla nos dejaron ver la cima de la Malinche que habíamos subido dos días antes. De cada lado, la muerte nos miraba, lista. Después de unas cimas más altas y de bajadas desesperantes, llegamos al glaciar, paisaje que reconocí por las fotos que había visto. Nos se veía huella en el piso por la tormenta de la noche anterior. Todo estaba cubierto de una capa de hielo.

Atravesar el glaciar fue una experiencia estresante. Las grietas no se veían y unas veces, mis pies se hundieron a través de la nieve. Pensaba, mirando al Popo que aun con sus pendientes inclinadas, parecía más sencillo de subir. A través de unas nubes altas, vimos aparecer a lo que identificamos como la cima. La ultima subida, la olvidé. Me detuve para respirar unas veces, es todo lo que me acuerdo. Caminaba en las nubes mirando mis ridículos zapatos pensando en la cima. Axa andaba con un malcito de altura pero nunca pareció un problema y seguía con su ritmo regular.

Al llegar, encontramos a una cruz helada con unas banderitas. Ya, la cima era nuestra, el mundo entero también. Me sentí lejos de todo y sin embargo una paz increíble llego a mi mente. Aun con el frió y la altura, no quise bajar inmediatamente. Miré por todas direcciones, buscando a los dioses de la montaña.

Tomamos unas fotos en caso que la muerte nos tome de regreso…Bajando, el viento se levanto. Atravesar el glaciar fue más difícil y el frió nos pegaba fuerte. Al llegar a una cresta, un golpe de viento nos pego bien fuerte. Me puse de rodillas para no caerme en el cráter y para poder respirar mientras Axa seguía como podía, mirándome desde adelante. Tenía un poco de miedo de caerme, ya mis movimientos no eran tan rápidos y perdí mi equilibrio unas veces. Al regresar al refugio destruido, encontramos a los cuatro mexicanos que intentaban subir pero bajaron con nosotros. Tenían frió e iban menos equipados que nosotros, lo que era casi imposible.

Nos perdimos en la ultima bajada, llegué arriba de una pared vertical y tuve que subir por atrás, lo que fue muy difícil, ya quería llegar. Dejé caer una roca en el pie de Axa. No tuve la fuerza mental de gritarle, ni nada. No se lastimo pero si tuvimos miedo. Llegamos al refugio mientras las nubes se levantaban otra vez. Arreglamos nuestras mochilas y bajamos corriendo hasta la Joya. Nadie más subió hasta la cima este día. De regreso, pedimos ride hasta Amecameca, no se veía nada de la montaña por las nubes.

Ya es todo. Pienso que tuvimos suerte de poder subir esos tres volcanes en 5 días. Escuchamos tantas historias que no tuvieron el mismo destino. Debemos acordarnos que, la condición física y la aclimatación tienen que ver con 50% del éxito de una salida en alta montaña. Son el clima y la montana misma que deciden si te dejan subir y bajar vivo. Cada vez que llegamos a la cumbre, debemos felicitarnos y agradecer a la madre tierra por dejarnos practicar nuestro deporte.

Benoit Turcotte

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